Zach Bryan, el ‘vaquero’ enamorado de Euskadi
El músico estadounidense de country edita el doble 'With Heaven On Top' y volverá a Donostia el 27 de mayo tras su boda reciente, para estrenarse en directo en el Estado
Antiguo marine, el estadounidense Zach Bryan, una de las voces consolidadas del country más ortodoxo del siglo XXI, parece, según sus canciones, un personaje sacado de esas películas de su país en la que currantes con el corazón roto se suben en su camioneta y cruzan varios estados a la búsqueda de la redención de antiguos pecados, no solo emocionales. Auténtico desconocido en el Estado, es un enamorado de Euskadi, ya que ha visitado Sanfermines, se ha casado en Donostia y debutará en directo en la capital guipuzcoana el próximo 27 de mayo para presentar su nuevo disco, With Heaven On Top (Warner Records), que contiene 25 canciones.
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Junto a figuras ya consolidadas como Morgan Wallen, Bryan es uno de los nombres más respetados –y vendedores– de la más reciente hornada de músicos estadounidenses que miran hacia los sonidos acústicos del folk y las raíces del country tradicional. Bien es cierto que suena ortodoxo hasta lo convencional en ocasiones, en las antípodas de los devaneos más o menos vanguardistas de algunas de las estrellas del Alt–Country.
Auténtico desconocido por estos lares, Bryan se ha hecho popular en tierras vascas porque se le pudo ver en verano participando como corredor en Sanfermines y disfrutando de un baño con los colegas en La Concha donostiarratras disfrutar del segundo concierto que su admirado Bruce Springsteen –con quien ha compartido sobre los escenarios su canción Atlantic City– ofreció en Anoeta. Para más inri, el antiguo marine de Oklahoma, que está a punto de cumplir 30 años, se casó con Samantha Leonard hace apenas dos semanas en la Basílica de Santa María de la capital gipuzcoana, montando un pollo en la Parte Vieja.
Bryan, una de las figuras más mediáticas del country estadounidense actual, es de todo menos comedido. Si exceptuamos DeAnn (2019), ninguno de sus discos tiene una duración considerada estándar. El anterior al actual, The Great American Bar Scene (2024), en el que contaba con colaboraciones de Springsteen y John Mayer, entre otros, contenía 19 canciones, y el previo, American Heartbreak, editado en 2022, nada menos que 34. El actual, With Heaven On Top, editado este viernes pasado, cuenta con 25, 24 si exceptuamos una introducción narrada. Y además de su publicación, la novedad es que su gira de presentación mundial recalará por vez primera en territorio estatal… y vasco, ya que ofrecerá su único concierto el 27 de mayo en el Donostia Arena, con entradas ya disponibles.
Sexto disco de estudio
With Heaven On Top es el sexto disco de Bryan. Grabado y producido por él mismo durante los últimos meses en la ciudad de Tulsa (Oklahoma), está disponible en vinilo, compacto y digital, y será la excusa para que el músico y su banda realicen una nueva gira mundial con motivo de su promoción. Tal y como se ha anunciado, en el recital donostiarra, único estatal, contará con Ben Howard y Keenan O’Meara como artistas invitados. Las entradas para la gira están ya a la venta a través de doctormusic.com.
Bryan viene de lograr el éxito en una gira otoñal en estadios universitarios de su país, incluido un lleno histórico en el Michigan Stadium de Ann Arbor y publica ahora un álbum tan emotivo para los amantes del country convencional como excesivo en su duración y canciones, según revela una escucha apresurada de sus 24 canciones. Están repletas de viajes, huidas por múltiples estados de su país en caravanas, multitud de chicas embutidas en pantalones vaqueros y farras y borracheras aunque también deja espacio para criticar la profunda división política de Estados Unidos e historias sobre caídas y redención que parecen tener cierto punto autobiográfico y esperanzado. Musicalmente, With Heaven On Top ofrece sonidos de raíz procedentes del folk y el country más enraizado en la tradición, mayoritariamente acústico aunque con dos caras: la desnudez de cortes como Runny Eggs, DeAnn’s Denim, Skin o un Aeroplane que narra un viaje en avión en dirección a España, a veces con armónica o violines; o los arreglos de una sección de metales que acompañan a cortes más dinámicos y vestidos como Appettite, Say Why, Dry Deserts o un All Good Things Past cuyos aires country con mandolina parecen sonar en una calle de Nueva Orleans.
Caída, redención y política
Resultan reseñables los duetos femeninos de Bryan en temas como Drowning y Rivers and Creeks, tanto como el aroma a single cercano al pop de Slicked Back, la épica que acompaña a esa mini película sobre la huida que es Santa Fe o ese sentido guiño al vulnerable y maravilloso cantautor Elliott Smithe en Anyways, donde se alude a ese himno ebrio underground titulado Between the Bars.
Y entre citas a España y Sanfermines, historias sobre tipos rotos, borrachos y violentos a la caza del amor verdadero –“nunca quiero aprender a nadar cuando eres tú quien me sujeta”– y al riesgo que acarrea vivir –“no encontrarás respuestas seguras en casa, no puedes aprender el desamor en un poema”– se cuelan canciones sobre la redención auténtica y la esperanza porque “la luz de la trastienda sigue encendida”.
Y hasta la crítica política en Bad News, que retrata las malas noticias que vive su país, dividido en dos, con “los niños solos y asustados” ante la llegada del ICE a las puertas de los inmigrantes. Desde una óptica patriota y alejado de la radicalidad, Bryan, un chico de campo, le canta “al desvanecimiento del rojo, el blanco y el azul” en alusión al color de la bandera de su país.