“El cine como tal, sin un propósito político, que simplemente quiere contar una historia humana, se ha perdido”, apunta Juanma Bajo Ulloa. Bueno, no del todo. El mal, su nueva película, quiere ser eso, una película sobre los seres humanos y sus sombras. Son Belén Fabra, Natalia Tena, Tony Dalton, Maria Schwinning, Fernando Gil, Natalia Ruiz y Aritz Kortabarria, entre otros intérpretes, quienes hacen posible un largometraje que se estrenará el próximo viernes 16 de enero.
¿Todos somos malos?
Bueno, hay una parte oscura en todos nosotros. Y es una parte que no aceptamos de nosotros mismos. En la medida en la que uno ilumina esa parte, tiene capacidad para asumir la persona que es realmente. Ocultamos una parte precisamente porque no queremos aceptarla. Pero, de alguna forma, la película habla de que todo ser humano tiene una parte negativa y de hasta dónde puede llegar en esa huida demencial hacia ninguna parte, que es el ego. Hay un epígrafe en la película que dice que dentro de cada persona hay un monstruo, pero también dentro de cada monstruo hay una persona. También muestra eso. Dentro de una persona que consideramos malvada, nos fastidie o no, nos guste o no, hay un ser humano, un ser humano que también tiene valores. ¿Qué ocurre? Que cuando iluminamos esa sombra estamos en condiciones de sanarla. La gente lo que hace es ocultarla y negarla. Y eso es lo que hace que estemos en una sociedad actualmente tan alienada, porque hay una incapacidad muy grande para mirar nuestra parte oscura. El mal está fuera, decimos. En mí no, está en el otro. Y lo ves permanentemente en las noticias, la política, las redes... Es muy difícil que mejore una persona, y más una sociedad, sin asumir esa parte. La sociedad se ha vuelto muy egocéntrica y muy narcisista, siempre en la comparación y en la negación de una realidad que es que el ser humano tiene una parte oscura y una parte luminosa.
Una parte del público se va a sentir incómoda viendo esta película, eso seguro.
Quien en su vida diaria se mira solamente en el espejo de la superficialidad no es el mejor espectador para esta película. Es una película de suspense en la que uno ve unas situaciones más o menos extraordinarias de personajes extraordinarios y que uno puede seguir simplemente como un espectáculo de cosas que van pasando a personajes bastante sofisticados, bastante curiosos, bastante especiales. Y el que quiere, además, comprender un poco más del ser humano, reflexionar sobre sí mismo, sobre la sociedad, pues tiene aquí ese componente. Este es el tipo de películas que a mí, como espectador, me han convertido un poco en la persona que soy. Soy quien soy porque he visto películas que eran entretenimiento, pero que además me daban un plus de reflexión, de poder conversar con un amigo y discutir sobre lo que hemos visto. Me ha pasado con el teatro que he visto, con los libros, el cine... son las obras que me han convertido en otra persona. Otras cosas me han entrado por una oreja y me han salido por la otra.
Todo ello relatado con personajes inquietantes que tanto en esta película como en otras de Bajo Ulloa son mujeres.
Realmente no distingo mucho, hablo de ser humano, lo que pasa es que utilizo seguramente el sexo femenino en la medida en la que yo soy un hombre, y para mí es más curioso, es más... De alguna forma quiero comprenderlo, entonces no hablo tanto de mí, hablo del otro, como digo. Y me parece que hay un componente bastante misterioso que me interesa. Y luego la sociedad, de alguna forma, le ha quitado la posibilidad de tener un lado oscuro a la mujer. De una forma paternal, la ha convertido en un objeto casi sin mácula, que es algo absolutamente inhumano y ridículo, infantilizador. De alguna forma, estamos reivindicando que somos seres humanos y que todos tenemos ese lado oscuro.
‘El mal’ tiene muchas capas, en las que se va hablando de asesinatos, pero también de moral, de religión, de la pose social a través de las redes sociales, de... Pero bueno, todo parte de una persona que mata.
Sí, hay una persona que tiene una maldad intrínseca y luego hay otra persona que no muestra esa maldad, pero que la tiene. El espectador va enterándose y va descubriendo esas capas. En realidad, aunque sean muchas capas, es una misma: es el amor y el odio. Es el mal y el bien. Y uno las va quitando y se va desnudando. Por eso en mis películas suele haber espejos, y ahí hablo al principio del espejo: la gente se mira en el espejo metafóricamente. Creo que se puede alcanzar la verdad con la metáfora. Con la explicación racional es imposible. Tienes que ver una metáfora y entonces es cuando te vibra algo dentro y te das cuenta de que hay algo dentro de ti, que está ahí. Por eso el cine se ve en la oscuridad. Se ve en la oscuridad como todo lo importante, porque es donde se revela en la oscuridad. Como las fotografías. Mis padres eran fotógrafos y las fotografías las revelábamos en la oscuridad. Ahí es donde sale la verdad.
Es una historia en la que cuesta encontrar asideros de algo bueno.
Es que no hay esa necesidad de decir: esta persona es buena. Precisamente lo que digo es que todos tenemos ambos lados. Es verdad que hay personajes como Elías, que es, de alguna forma, noble y ha superado, por así decirlo, esa parte más negativa. Se ve que es un tipo que ha estado, yo qué sé, en la guerra, con heridas y tal. Pero realmente lo que estoy diciendo es que todos tenemos esos dos lados y que además muchas veces no somos capaces de verlo precisamente por nuestro prejuicio. Estás viendo que alguien que te cae mal, porque has decidido que te cae mal o porque te da una energía negativa, también tiene una parte humana y positiva. Y al revés, igual. Esa persona que tanto sonríe y que tan amable es con todo el mundo, te voy a desvelar que cuando llega a su casa tiene un lado oscuro y que no le gustaría que lo viéramos, ¿no? Entonces estoy convencido de esa dualidad. Y esa dualidad nos hace personas. Por eso estoy mostrándola y es una película cruda en ese sentido.
Salvo una presentación en Argentina, la película llega de manera directa a las salas, algo que choca con las estrategias que se siguen ahora en el cine de primero pasar por festivales y, con esa promoción, luego llegar a los cines.
No sé si es algo premeditado. Simplemente la película ha tenido un proceso bastante largo, primero de producción y de financiación. Esa parte ha durado muchos años. Realmente lleva entre mis manos desde hace mucho tiempo y ha estado ahí cociéndose. Y la rodamos el año pasado. También el proceso de montaje ha sido muy largo, igual que ha pasado con la música, que ha llevado lo suyo porque es muy sofisticada. Cada personaje tiene su propio leitmotiv, que el espectador va a poder ver incluso en la web de la película. Todo eso ha terminado haciendo que el proceso de esta película haya sido muy largo. Más allá de eso, sí, es una película de autor porque yo hago ese cine, pero no es una película solo de festivales. Bueno, eso sin contar con que los festivales se han vuelto muy ideológicos, muy políticos. De hecho, fuimos a Mar del Plata, que nos seleccionaron en selección oficial, y nos preguntaban algunos periodistas: ¿de qué causa habla tu película? Todas las películas tenían causas. Y yo decía: no, no, yo no hablo de ninguna causa. Hablo del ser humano. No hablábamos de ninguna causa humanitaria ni de ningún grupo social oprimido. El cine en los festivales se ha vuelto muy político. Lo que queríamos en Argentina era mostrar ya la película al público, a los cinéfilos. Creo que se ha olvidado bastante al cinéfilo últimamente, porque lo que yo veo como espectador en el cine es, en un lado, películas familiares, para adolescentes y niños, para que los padres lleven a los niños al cine y no les molesten. Dibujos animados, películas de superhéroes... lo que es el mundo familia. Y en el otro extremo veo el cine ideológico, el cine de causas, el cine político... Pero, ¿y el cine como tal, dónde está? Voy a la cartelera y digo: ¿dónde está la película de suspense, la película que hable de un tema humano que no sea precisamente una reivindicación para hacerme sentir bien? La gente sale del cine de ver una causa y dice: qué bueno soy. Y le da al like en favor de la causa de no sé qué país. Pero realmente el cine como tal, sin un propósito político y simplemente contando una historia humana, se ha perdido. Es el cine que nos ha hecho libres a los demás. Justamente el otro, creo que es el que nos encapsula y nos hace estar en esa bipolaridad terrible en la que casi ya las relaciones se han vuelto complicadas, sean familiares, de pareja... de todo. Y esta película habla del ser humano y por eso es una película que hace un homenaje, igual que hacía Baby, al suspense, al cine. Al cine y a las herramientas del cine.
Decía antes que en sus películas siempre hay espejos. Bueno , y mariposas, que aquí también aparecen, por cierto.
Los animales me interesan mucho, también como simbólicos que son. Cada animal tiene su simbología. Las mariposas aparecen de vez en cuando porque tienen un componente de gusano y de belleza a la vez, que es lo que tiene esta película. La belleza del amor de Sandra, la niña que ama, que es inocente... aunque también está la pérdida de la inocencia. Y está la maldad pura y dura que también mostramos.