Patrick Alfaya director de la quincena musical

¿Tiene sentido invertir más de 100.000 euros en traer a una orquesta para 900 personas? Tengo mis dudas"

02.08.2020 | 01:22
¿Tiene sentido invertir más de 100.000 euros en traer a una orquesta para 900 personas? Tengo mis dudas"

El Jazzaldia da paso a la Quincena Musical en el verano cultural donostiarra. Su director, Patrick Alfaya, desgrana los detalles de una edición que se inició ayer en el Museo San Telmo

donostia ¿Tuvo oportunidad de pasar la semana pasada por el Jazzaldia? ¿Cree que aquella experiencia le puede servir a la Quincena Musical?

–Estuve en el Kursaal y en la plaza de la Trinidad, antes y durante los conciertos. Ahora todo el mundo es experto en pandemias y yo no tengo ni idea, pero creo que se generó un entorno bastante seguro, en comparación con otros muchos ámbitos de nuestra vida cotidiana y continua. Evidentemente, nunca vas a crear un entorno absolutamente seguro, eso es imposible. Pero he visto un espacio donde las cosas estaban controladas y donde el público tuvo un comportamiento cívico. Por otro lado, es muy triste ver mascarillas por todos los lados y ver la mitad del aforo. Me ha venido bien ver cómo funcionan las cosas, y a la gente que trabaja aquí, también.

El Jazzaldia tiene un público más joven que el de Quincena.

–El jazz tiene un público más joven, aunque tampoco es que sean niños. Una cosa es la gente que va a la playa y otra los recintos cerrados. Yo siempre digo que todo el sector cultural está viviendo de gente de edad madura hacia arriba, incluso el cine.

¿Han percibido que con la aparición de los rebrotes se haya frenado la venta de entradas?

–Lo hemos notado bastante. He sido muy conservador en mi presupuesto. El año pasado, aunque no recuerdo la cifra exacta, recaudamos en torno a 900.000 euros de taquilla. Este año habrá menos conciertos, no hay ópera... pero hemos calculado que recaudaremos unos 120.000 euros; es mínimo. Pero lo que estamos notando es medio.

¿Lo han hablado directamente con los abonados?

–Da la casualidad que tuvimos que hacer una encuesta de Kursaal Eszena, que no tenía que ver nada con esta situación, y muchos de los encuestados eran abonados nuestros, y aprovechamos para preguntarles. Hay un grupo importante que ha respondido que tiene miedo y lo entiendo.

¿Y cómo va la venta de entradas?

–A día de hoy no tenemos ninguno de los conciertos del Kursaal llenos. Todo esto va a en función a lo que ocurre. Ahora está todo informatizado y se sabe enseguida. Según salta un brote, ese día no se vende nada; al día siguiente si ha bajado, se empieza a vender algo más... También es verdad que he hablado con otros festivales y están o igual, o peor.

¿Le molesta ver aviones o trenes llenos y los teatros al 50% o 60%?

–Sé que en todo esto hay contradicciones pero, como te decía antes, yo no soy experto en todo esto. Quiero suponer que las personas que están al mando, con todos sus errores porque son humanos, intentan hacerlo lo mejor que pueden, aunque tomen decisiones que nos puedan parecer contradictorias, pero tampoco se puede controlar absolutamente todo. Lo que están intentando las autoridades es minimizar las opciones de contagios. No sé nada de la industria aérea, pero posiblemente no sea viable un avión al 50%.

¿Y un festival al 50%?

–Depende. La Quincena es uno de los festivales que, entre comillas, lo puede pasar peor. Es el festival del Estado que más se financia por taquilla. Entre el 45% y el 50% del presupuesto viene de la taquilla; muchos festivales en este país no llegan ni al 20%. Además, la mayoría de los festivales no pagan el alquiler de sus salas, nosotros sí. Tenemos 81 años, creo que podremos aguantar el golpe. Como le decía el otro día a un amigo, lo peor que puede ocurrir es que volvamos a ser una quincena y que hagamos honor al nombre (ríe).

¿Es rentable traer a conjuntos de fuera para aforos tan reducidos?

–Aunque se abriese el mercado para el 2021, quiero decir que hubiese movimientos aéreos y que hubiera orquestas que pudiesen venir, ¿tiene sentido invertir en una orquesta más de 100.000 euros para 900 personas? Tengo mis dudas. ¿Tiene sentido un gasto tan fuerte? En algunos festivales, no estoy hablando de Euskadi, estoy viendo artistas por los que se han pagado auténticos dinerales para que haya escasas 500 personas. Y cuando lo ves, te das cuenta que el concierto ha salido a 2.000 euros o más por espectador. ¿Con dinero público? ¿Estamos locos? Si se hace con dinero privado, que hagan lo que quieran, pero con dinero público me parece una falta de sentido común.

Siempre comenta que para programar clásico hay que hacerlo con mucho tiempo de antelación, más de un año, en ocasiones. ¿Podrán recuperar parte de la programación prevista para esta edición o hay muchos conjuntos que ya tenían compromisos para 2021?

–Hemos intentado trasladar algunas cosas de este año al siguiente. Ahora bien, vamos a ver lo que hay. Gran parte de Europa ha cancelado sus temporadas y no empiezan hasta enero. Algunos tienen otros compromisos y no van a venir, pero lo intentarán para 2022. Hay tres o cuatro conciertos del Kursaal con orquestas extranjeras que podremos recuperar, aunque habrá que ver si siguen las restricciones. Pero es lo que decía, traerlas con un coste solo para 900 personas no es muy viable.

Las instituciones podrían ayudar.

–Es dinero público y subvencionar a 2.000 euros la butaca me parece una locura; no lo veo y estoy seguro que tanto el Ayuntamiento de Donostia, como la Diputación y como el Gobierno Vasco comparten esto.

Prevén que el presupuesto de este año baje de 2,5 a 1,25 millones.

–Ha disminuido de forma voluntaria, además. Cuando vimos cómo iban las cosas y a tener serias dudas de poder cumplir los compromisos, de una forma voluntaria todas las partes llegamos a un acuerdo. Lo primero que hice fue llamar a todas las instituciones y decirles que recortasen ya un 40%. Les llamamos cuanto antes para que pudiesen disponer de ese dinero para otras cosas.

El aspecto positivo es que la Quincena se está celebrando. ¿Está esperanzado?

–Sí, claro. En San Telmo, por ejemplo, se ha vendido todo. Hubo un concierto que se vendió en tres horas. Es cierto que hay menos localidades que otros años, al 60%, pero ha funcionado muy bien. Uno de los objetivos también era poner dinero en circulación. Muchos de los grupos ya han actuado antes en la Quincena y volverán a venir. Pero esta gente tiene que ganarse la vida, al igual que los equipos de producción. Nuestro deber también es poner dinero en circulación. Sé que un concierto de Quincena no le va a salvar el año a nadie, pero la suma de una serie cuestiones puede hacerlo. Estoy contento de haberlo podido hacer y de haber contado con los artistas que contamos.

San Telmo es, en esta ocasión, la sede principal.

–Buscábamos un entorno abierto, que es lo que la gente quiere. La pena es no haber tenido un sitio grande, con 800 o 900 butacas, para poder hacer sinfónico al aire libre, con el riesgo de que llueva, por supuesto. El anfiteatro de Miramon no vale para ello, no tiene concha acústica y el recinto no está cerrado; no tiene ni servicios. Los conciertos pueden ser a cielo abierto, pero no al aire libre para que la gente no se arremoline; por eso, elegimos San Telmo.

La programación se inició ayer en San Telmo con un concierto de la EGO, que estrena tanto director general como batuta.

–De las primeras reuniones en Donostia cuando llegué fue con la EGO para ver si podíamos hacer algo. La EGO me hizo un planteamiento de que en verano no podían participar en Quincena por diversas cuestiones. Al nuevo director, Germán Ormazabal, le conozco desde hace 20 años. Tenemos planes que ya veremos si podemos hacerlos en el futuro. Nos sentamos los dos y planteamos a ver si la EGO podía tener alguna presencia. Pensé que San Telmo podía ser una buena opción y habló con Rubén Gimeno, el director, con quien yo ya trabajé en Galicia. Nos pusimos de acuerdo. Es un bonito guiño. Es un concierto gratuito, con invitación.

En la rueda de prensa comentó que el programa se ha podido confeccionar gracias a la tradición musical del país, que ha generado un gran número de artistas.

–Es nuestra ventaja. Pese a ser un país pequeño, la inversión en música clásica es alta por la tradición. Está la Euskadiko Orkestra, el Coro Easo, el Orfeón Donostiarra, la Coral Andra Mari... Hay una serie de instituciones, en algunos casos centenarias, que han permitido que se mantenga un sustrato artístico y eso acaba produciendo artistas interesantes en diversos campos. Tienes gente de Música Antigua, intérpretes como Asier Polo o Marta Zabaleta del repertorio clásico, hay gente para hacer repertorio contemporáneo... Encontramos directores o solistas que suelen pasar tiempo fuera en estas fechas y que por estas circunstancias hemos podido programar.

El tenor donostiarra Xabier Anduaga es uno de ellos.

–Estuvo en la Quincena cuando era muy joven. En estas fechas siempre actúa en Pésaro, en el festival Rossini por antonomasia. Este año, cuando hablé con él le propuse un recital con piano y, al final, se le ha programado con la Euskadiko Orkestra, que siempre es más esplendoroso. En ese sentido, estoy contento. Claro que me hubiese gustado hacer más cosas, pero también haces lo que la situación te permite.

Con Elena Sancho-Péreg pasa lo mismo.

–Elena me llamó para avisarme que estaría aquí. Vive en Alemania y todos los veranos suele participar en un festival europeo. Anteriormente también ha cantado en la Quincena. Creo que en Donostia, en su ciudad, Elena tiene un perfil más desconocido, pero está haciendo una carrera fantástica. En septiembre u octubre iba a cantar con la Sinfónica de Chicago, una de las mejores del mundo.

Entre los artistas internacionales, han podido contar con el pianista Grigory Sokolov porque se quedó confinado en el Estado. Es la quinta vez que viene.

–Le pilló en Málaga. Él vive en Verona, en pleno epicentro de la pandemia italiana, y prefirió quedarse aquí (ríe). Viene a tocar Schubert y Mozart.

La Quincena siempre se ha caracterizado por programar muchos conjuntos corales, uno de los grandes afectados por las restricciones ante el COVID-19.

–Siempre he hecho bandera de que somos capaces de presentar una cantidad de programación coral que ningún otro festival de Europa puede hacer; esa es una de las señas de identidad de Quincena. Pero este año no puede haber coros. Habrá tres de doce voces y, si no se pueden dar las condiciones de distancia, cantarán con mascarilla. La gran tradición vasca de coros de entre 80 y 120 personas, es imposible de programar ahora. Lo primero, porque habría que desalojar el Kursaal para que todos pudiesen mantener la distancia adecuada. Y lo segundo, habría que ver cómo suena eso, porque los coros están pensados para cantar de forma compacta.

Aún así mantienen todos los ciclos.

–Era la idea. Son ciclos muy diferentes, cada uno con su público concreto. Conozco gente que solo va al de Música Antigua o al de Órgano. Todos los tipos de artistas también tienen derecho a actuar, siempre buscando la calidad. Nunca hemos pensado eso de que aquí entre todo el mundo. La mayoría es gente que repite, porque anteriormente han hecho buena labor y seguimos con ello. Hemos incorporado alguna cosa nueva, como lo programado en Tabakalera, una propuesta de danza en un espacio más recogido, con un grupo de danza más reducido, que no tienen por qué tener contacto o, si lo tienen, pueden llevar guantes.

El año pasado, en la entrevista de valoración que ofreció a este periódico, afirmó: "El ser humano no puede vivir sin Beethoven, pero no puedes pasarte todo el día celebrándolo". Aún así en el programa se hace un guiño al 250º aniversario de su nacimiento.

–En los últimos años hemos hecho de todo con Beethoven. En el Kursaal empezamos con él con la Obertura Coriolano y con La Heróica. Me encanta Beethoven y al público también pero hay que parar un poco. Por otro lado, creo que otros como Mozart, Haydn y Rossini se ajustan mejor a estos tiempos por tamaño.

Será la Euskadiko Orkestra la que ofrecerá ese concierto que cita, el día 8 en el Kursaal, bajo la batuta de Semyon Bychkov, un peso pesado de talla internacional.

–A Bychkov todo esto le ha pillado en Iparralde. Bychkov es un director muy exclusivo que suele dirigir en estas fechas en Bayreuth, el gran festival Wagner. Me enteré que estaba en Iparralde y le llamé directamente, le propuse dirigir a la Euskadiko Orkestra y me dijo que estaría encantado. Se lo comenté al festival de Santander y me dijo que también quería ese concierto. Hablé con todos los implicados y Bychkov me dijo que estaría encantado de repetir el concierto en Santander. Ha pedido bastantes ensayos, es muy concienzudo y creo que es una oportunidad para la Orkestra porque es de esos directores que decir que has trabajado con él es importante. Tiene una agenda muy cargada pero, si pudiese volver, sería importante para el festival.

Esta semana ha acudido a Madrid a una reunión en el Escorial. ¿Habrá ópera el próximo año?

– No puedo decir nada de títulos, no por secreto, sino por otra cosa. Vamos a intentar mantener Rigoletto, pero como todas las óperas, necesita un coro. Queremos jugar con dos títulos, uno con coro y otro sin coro, y que cada uno tenga tres opciones: la ópera completamente escenificada, una semiescenificada y otra light. Así, en función de cómo avance la pandemia, nos quedaremos con una opción. Lo que hemos querido es dibujar los escenarios, la decisión no hay que tomarla ahora. Nos hemos reunido con los Teatros del Canal y tenemos que ver si el festival de Santander se suma.

"Estoy contento con el programa. Claro que me hubiese gustado hacer más cosas, pero también haces lo que la situación te permite"

"Que se subvencionen butacas a 2.000 euros con dinero público me parece una locura; no lo veo. Me parece una falta de sentido común"

"De cara al año que viene queremos mantener la ópera ?Rigoletto? e intentaremos jugar con dos títulos: uno con coro y otro sin coro"