Ha llegado un momento en el que los casos de presunta corrupción protagonizados por altos cargos del PSOE, cuadros medios, exministros, personas de confianza de Sánchez y responsables de empresas públicas son tantos que es difícil no perderse en la maraña. Y es que la situación se ha precipitado de forma muy rápida. El Gobierno, que tantas veces ha sabido crear una narrativa que le permitía digerir condenas, fracasos parlamentarios y dar la vuelta a crisis complicadas, ahora parece atrapado en el lodo creado por él mismo sin posibilidad de recuperar la iniciativa. Y es que ya no se trata de casos de corrupción, sino de la sensación de que con la llegada de estos señores al Gobierno la corrupción y los abusos se ha convertido en algo habitual. Pienso que esa sensación es dañina no solo para el Gobierno, sino para el conjunto de la sociedad y de la economía española.