La Copa de África de fútbol, que hasta ahora se disputa cada dos años y que a partir de 2028 se celebrará cada cuatro, terminó el pasado domingo, pero todavía colea lo que sucedió en la final, porque dio mucho de sí. Tras un partido muy igualado en Rabat entre la anfitriona Marruecos, que jugó a no perder, y Senegal, la cosa se complicó en los minutos finales, cuando con 0-0 en el marcador anularon un polémico gol a Senegal y cuando en el minuto 98, al borde del final del partido, el VAR decidió conceder un penalti favorable a la selección norteafricana tras una larga revisión.
Senegal se va, pero vuelve y gana
Senegal, que ya había denunciado que en la previa de la final habían intentado desestabilizarlos quitando medidas de seguridad a su llegada a Rabat, alojándolos en un hotel indigno y planificándoles un eterno camino hasta el campo de entrenamiento, sintió que la final estaba amañada (además durante el partido los recogepelotas del estadio le quitaban constantemente la toalla al portero senegalés) y su seleccionador, Pape Thiaw, decidió retirar a su equipo del campo en señal de protesta. Todos los jugadores se marcharon del campo, excepto el capitán, Sadio Mané, que entendió que si caían debían hacerlo con dignidad. Y tras unos 20 minutos logró convencer a sus compañeros para que regresaran al césped.
La final se reanudó y Brahim decidió lanzar a lo Panenka el penalti que podía hacer campeona a Marruecos 50 años después, pero el balón fue a las manos de Mendy. Se llegó a la prórroga y en ella un tanto del jugador del Villarreal, Pape Gueye, dio el triunfo final y la Copa de África a Senegal. Algo que sentó tan mal a los anfitriones que la Federación Marroquí denunció a su rival ante la Confederación Africana de Fútbol y ante la FIFA al considerar que esa interrupción injustificada afectó al rendimiento de sus jugadores.
Polémica política
Pero la cosa no ha quedado ahí y ha alcanzado al ámbito político. Así, el diputado marroquí Mohamed Simou ha pedido que se detenga y juzgue al árbitro de la final, el congoleño Jean-Jacques Ngambo Ndala, por haber permitido la reanudación del encuentro.
"Ese árbitro tiene que ser detenido y juzgado. Además, ellos se retiraron, volvieron y algo pasó en el vestuario. ¿Fue brujería, ocurrió alguna desgracia? Dios sabe. Ese es el problema que tenemos en este país, que nosotros perdonamos. Nosotros, los marroquíes, somos sentimentales y renunciamos a nuestros derechos", afirmó, en unas palabras que se han hecho virales.