Sami Naïr
politólogo y ensayista

Sami Naïr: "La victoria de Macron es un poco amarga, por los millones de abstenciones y votos en blanco"

01.05.2022 | 00:20
Sami Naïr, en una imagen de archivo tomada en Donostia. Foto: Efe

Advierte sobre los problemas que la sucesión de Macron y la la extrema derecha generarán a partir de ahora en Francia, y analiza el triángulo bélico entre Rusia, Ucrania y la UE

"La política es, como para usted, como para todos, nuestra enfermedad común", dice bromeando. Sami Naïr (Tremencén, 1946) es un conocido politólogo francés que, además de su labor como teórico, fue europarlamentario y delegado interministerial en el Gobierno de Lionel Jospin. Pulsamos la impresión de Naïr, que nos atiende por teléfono desde París, sobre los resultados de las elecciones francesas, que portan consigo aristas delicadas, en medio de una Europa convulsionada por la invasión rusa de Ucrania. A partir de ahí, la conversación se abre a más cuestiones.

¿Qué posos le deja el resultado de las presidenciales francesas?

–La situación es muy peculiar en Francia. La victoria de Macron estaba prevista. Nadie un poco serio podía imaginar que Marine Le Pen iba a ganar. Hubo una jugada, como siempre, para ganar las elecciones utilizando el temor y el peligro de la victoria de Le Pen, pero la extrema derecha lo tiene muy difícil y no puede ganar unas Presidenciales en el contexto político francés actual, en el sistema institucional de la Quinta República. Eso lo sabemos desde hace muchísimo tiempo. Puede llegar a un nivel alto, como lo han hecho esta vez, hasta el 42%, pero el problema de la extrema derecha es que no tiene aliados. Su victoria significaría una crisis tremenda, un terremoto en toda Europa. Francia es la segunda potencia económica y la primera política. La victoria del presidente Macron, con el 58,54%, es un poco amarga, porque Chirac ganó en 2002 ganó con prácticamente el 83%, y estos últimos años las diferencias se están reduciendo.

Ahí está parte de la cuestión.

–Se han reducido de una manera absolutamente increíble. Ahora es muy escasa, sobre todo si añadimos al resultado un porcentaje de casi el 29% de abstención, es decir, más de 13 millones de abstencionistas, y un 5% de votos blancos, unos 4 millones de personas. Por eso, la victoria es un poco amarga.

Variables con un riesgo muy serio, empezando porque Macron no se podrá volver a presentar.

–La Constitución lo prohíbe. Por eso se encuentra en una situación durísima, no por causa solamente de la extrema derecha, porque yo descarto que esta pueda ganar, pero lo que sí puede hacer es pudrir la situación política en todo el país, porque este resultado de casi el 42% hay que proyectarlo sobre las legislativas, municipales, regionales, cantonales, al Senado... Es decir, que siguen ocupando puestos en todos estos niveles. Están en todos los lugares y contribuyen a pudrir las relaciones culturales y políticas en este país.

Así que es necesaria una reflexión profunda en este próximo lustro.

–Macron va a tener un doble peligro político muy importante en estos cinco años, más allá de la situación económica. El primero, en su propio espacio. El martes ya empezó la batalla para la sucesión. El exprimer ministro Édouard Philippe, que terminó muy mal con Macron y que ahora le ha apoyado en estas elecciones con un poco de tibieza, ya está preparando su propia campaña presidencial de 2027 con su propio partido dentro de la federación de las pequeñas formaciones que apoyan a Macron. Su segundo peligro es Jean-Luc Mélenchon, que ha ganado la batalla dentro de la izquierda y construido un polo en torno a su propio programa y personalidad. Tiene muchas posibilidades, porque por primera vez no es solo un partido, sino también una personalidad. El problema de la izquierda es que no tenía personalidades destacables para encarnar un proyecto. Él lo hace, tal y como en su época Miterrand u otros grandes dirigentes del Partido Socialista. Mélenchon ha contribuido a destrozar este partido, y ahora tiene una proyección personal bastante importante. En el fondo desatará una guerra sin piedad contra el presidente Macron.

Una sucesión sin un partido tradicional detrás.

–El de Mélenchon es más un movimiento con una fuerza principal comparada con el Partido Socialista e incluso con los Verdes. Es un partido de la juventud, el único de la izquierda actual, que representa a una parte muy importante de la juventud, de las capas medias, bajas e intermedias. Un movimiento que se ha arraigado en el sistema político francés y desarrollado una política transversal y horizontal frente a la verticalidad política tanto del Partido Socialista como la de Macron. Uno de los desafíos de Macron precisamente es cambiar esta verticalidad y poder movilizara la sociedad civil y a los jóvenes.

Descarta que la extrema derecha alcance una victoria en las Presidenciales. ¿No hay ninguna posibilidad que pueda llegar a ententes con la derecha tradicional, como puede ocurrir aquí?

–Sé que no es un personaje muy querido en España, y lo entiendo perfectamente, pero como decía Napoleón: 'imposible no es francés'. No se sabe, en política todo es posible, desgraciadamente, pero desde una perspectiva realista o razonable yo no creo que sea factible, porque no han podido desarrollar un discurso capaz de atraer a partidos aliados. La derecha se encuentra en una situación muy difícil. Y si ahora acepta una alianza con Marine Le Pen será su muerte total porque Le Pen se los comerá.

Hace unas semanas usted dio una charla en Bilbao, y habló de la guerra en Ucrania.

–El proyecto de Putin está claro, no es conquistar toda Ucrania. No le interesa para nada. Lo que le interesa es dividir el país, fracturarlo, y hacer una partición, de tal manera que el Donbás se integre de un modo u otro a Rusia.

Por medio de la fuerza bruta, lo que es tremendo.

–Sí. Lo que se ve claramente desde el punto de vista estratégico y militar es que no quiere dar un golpe muy importante para acabar con el conflicto. Porque podría. Tiene un ejército que puede, si quiere, ganar masivamente. Eso no lo quiere hacer, porque sabe que conquistar a Ucrania es un problema y que Ucrania es una nación, un estado internacionalmente reconocido, y que tendría muchísimos problemas. Mientras que creando espacios dentro de este país que sean prorrusos, tal y como muchos otros lo han hecho en el mundo. Putin también piensa en la posibilidad de salir de ese conflicto, con un acuerdo con el gobierno ucraniano. Según lo que se dice, han avanzado muchísimo. Zelenski ha aceptado prácticamente todas las condiciones de los rusos. Es decir, la neutralidad del país, no tener armas nucleares, desmilitarizar las fronteras, etcétera. Pero las negociaciones están bloqueadas ahora porque fundamentalmente, creo, Rusia considera que no ha conseguido todavía lo que quiere en términos políticos y estratégicos, sobre todo en cuanto a las relaciones con la Unión Europea. La integración de Ucrania en la Unión Europea parece de momento bastante improbable. La UE sabe que es muy difícil integrar un país de casi 40 millones de habitantes que no está desarrollado económicamente. Eso no se puede hacer, porque es una de las causas de la guerra con Rusia. Si la Unión Europea toma esa decisión tendrá que afrontar la reacción de Rusia. El martes tanto Putin como su ministro de Exteriores Lavrov hablaron de la posibilidad de posicionar armas nucleares en las fronteras con Polonia y otros países.

¿Cuál debe ser la respuesta de Europa a su juicio?

–Ha hecho lo que puede hacer. Ha abierto las puertas a los refugiados ucranianos.

Con un doble rasero respecto a otros casos.

–Evidentemente, he escrito sobre esto. Además ha puesto en marcha retenciones financieras bastante importantes, pero vemos que los rusos también están reaccionando en este terreno. La Unión Europea ha desatado claramente una guerra económica con toda la razón, porque se trata de una violación insoportable, inaceptable y criminal del derecho internacional contra un pueblo inocente totalmente. ¿Qué puede hacer más? Francamente, no creo que pueda hacer mucho más. Puede mandar tanques, cañones... pero no puede intervenir directamente. Eso es prácticamente imposible.

¿Y buscar junto a Naciones Unidas puentes y escenarios de paz?

–Ese es ahora el aspecto más importante. Macron lo ha hecho muy bien, tanto como el alemán Scholz. En esta situación de enfrentamiento, mantener el diálogo con Rusia y en particular con Putin, que es un presidente que se quedará en el poder no sé cuánto tiempo, pero pasará, mientras Rusia se quedará para siempre. Y nadie tiene interés en tenerla en frente de manera permanente. Lo que está ocurriendo en Ucrania es también el resultado de la actitud de la Unión Europea, que ha considerado a Rusia como algo totalmente ajeno. Un error. Rusia es un país europeo al que desde los años noventa, desde la época de Yeltsin había que abrirle los brazos.

Se pensaba que su proceso democratizador fraguaría.

–Yeltsin era totalmente proamericano y proeuropeo y quería entrar. Gorbachov hablaba de la casa común.

Por eso, aquellas expectativas, comparadas con lo que vino después con Putin, no prendieron.

–También Putin lo intentó, pero la Unión Europea tiene un problema. Mantenía dos cerrojos que cegaron prácticamente su visión. El de Rusia y algunos países del Este, y el cerrojo hacia los países del Sur, hacia el Magreb y hacia África. No ha sido capaz de elaborar ni una estrategia de asociación real y no solo comercial con estos países. Es una desgracia, lo estamos pagando ahora, pero está claro que estamos detrás de la Unión Europea unidos, porque lo que está pasando en Ucrania es un peligro para todos nosotros. Lo que significa que tenemos que mantener el diálogo, y empezar a crear las condiciones para que podamos salir de esta situación. La ONU, como siempre en este tipo de situaciones, vendrá para bendecir el acuerdo, que será entre tres potencias: Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia. Habrá después que reflexionar sobre cómo crear una situación para recuperar la fraternidad entre Ucrania y Rusia, y reconstruir Ucrania.

Muy difícil reconstruir la fraternidad, costará décadas...

–La fraternidad se puede reconstruir si la economía se reconstruye. La fraternidad no significa el olvido ni el perdón. Significa buenas relaciones económicas y políticas. Las cosas funcionan así.

"Descarto que la extrema derecha un día pueda ganar en Francia, pero sí puede pudrir la situación política en todo el país"

"El proyecto de Putin no es conquistar toda Ucrania.

Lo que le interesa es una partición, y que el Donbás se intergre de un modo u otro"

"La UE ha desatado una guerra económica contra Rusia con toda la razón, por una violación insoportable, inaceptable y criminal"

"Lo que ocurre en Ucrania

es también el resultado de la actitud de la Unión Europea, que ha considerado a Rusia como algo totalmente ajeno"


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