- 90 municipios de la CAV en zona roja, incluidas las tres capitales, mantienen su hostelería cerrada. Representan el 85% de la población vasca, pero no son los únicos. Más de 240 millones de europeos tampoco pueden consumir en bares o restaurantes. Los cierres imperan en toda Europa. Aunque son los países del núcleo duro los que han decretado un cerrojazo más severo. El efecto dominó afecta a buena parte del continente. En Francia, Alemania, Austria, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca y Reino Unido la restauración sigue con la persiana bajada, a excepción de las opciones de comida a domicilio y para llevar, según constata el informe covid-19 elaborado por la Secretaría de Acción Exterior de Lehendakaritza.

Mucho más cerca del modelo europeo que del madrileño, el Gobierno de Gasteiz se ha visto obligado a adoptar drásticas medidas que reducen a la mínima expresión la vida social dado el avance imparable de la pandemia. Restricciones que se han cebado en la restauración, inmersa en su año más negro ya que además del confinamiento de primavera, también estuvo a la sombra entre noviembre y diciembre.

Sometidos a un desgaste sin precedentes, muchos negocios están al límite y las asociaciones vascas de hostelería han presentado un recurso para que se desestime el decreto de cierre que decidirá mañana el TSJPV. De hecho, el Gobierno Vasco tenía hasta hoy de plazo para presentar alegaciones a dicho recurso. Si la resolución es favorable a los hosteleros, la clausura podría revocarse el mismo miércoles.

Cabe señalar que, según la encuesta Perperciones ciudadanas sobre la pandemia, elaborada por el Gabinete de Prospección Sociológica de Lehendakaritza, el 46% de la ciudadanía vasca apoya la norma actual de cerrar los establecimientos en los municipios donde la situación es grave. El 23% aboga por el cierre total, y el 27% por no cerrar en ningún caso y en ninguna localidad.

Sin embargo, los locales de restauración de la CAV no son los únicos damnificados por las prohibiciones. Las restricciones dominan Europa. Convertida en el epicentro mundial de la pandemia, varios países han tomado decisiones drásticas para frenar la expansión del virus y desde hace tres meses el sector de la hostelería se ve fuertemente castigado por la crisis sanitaria.

Concretamente en Francia, -donde el sector está parado desde el 29 de octubre, el Gobierno no prevé la reapertura de bistrós, cafés y restaurantes hasta mediados de febrero.

Alemania también mantiene la restauración cerrada desde noviembre -solo pueden vender comida para llevar- y no hay fecha prevista para levantar la persiana. La paralización afecta asimismo al ocio y al conjunto de la vida cultural, así como a la actividad de los comercios no esenciales. Algo similar ocurre en Austria, donde tampoco se contempla la vuelta a la normalidad de bares y restaurantes, o en Bélgica, donde el sector está inactivo desde octubre.

Considerado modelo de gestión de la pandemia hace un año, Portugal se sumó también a la lista de países que han cerrado la hostelería a partir del decreto del segundo confinamiento de la población debido a la escalada de contagios. Y aunque algunos países tienen fecha para el fin de estas restricciones, otros han ido alargando sucesivamente la decisión de reapertura y posponiéndola. Es el caso de Dinamarca, donde el cierre se produjo a principios de diciembre, cuando se aplicó un confinamiento parcial a la población, que de momento finalizará el 28 de febrero. Fuera ya de la UE, el confinamiento afecta también a Reino Unido, donde se manejan diversas fechas para la desescalada.

Con más de media Europa blindada, Italia decidió aligerar el pasado día 1 de febrero las restricciones en la mayor parte del país, aun con el temor de que las reaperturas puedan hacer escalar la curva de contagios. Así, los restaurantes y bares de casi todas las regiones del país transalpino en la denominada zona amarilla volvieron a abrir sus puertas, aunque con limitaciones. Según el nivel de riesgo por la pandemia y otros indicadores como el estado de los hospitales, pudieron volver a abrir bares y restaurantes, aunque solo hasta las 18.00 horas y sigue habiendo toque de queda a las 22.00 horas. Una decisión contracorriente en medio de un escenario europeo mucho más proclive a echar la persiana.

Más allá del núcleo duro de la UE, los países nórdicos siguen un itinerario algo más errático en las restricciones. Ya que, como ha venido siendo habitual desde el inicio de esta crisis sanitaria, sus limitaciones han tenido mucho menos impacto social y económico y, por ejemplo, en países como Suecia y Finlandia la restauración ha permanecido abierta.

Mientras tanto, la mayoría de comunidades han alargado las iniciativas para hacer frente a esta tercera ola de la pandemia y solo algunas han suavizado las restricciones. Castilla y León ha decidido prorrogar hasta el 23 de febrero las medidas extraordinarias decretadas para contener la elevada incidencia de la pandemia, entre ellas el cierre del interior de la hostelería y de los centros comerciales. Baleares mantiene sus severas restricciones que ha renovado, al menos, hasta mediados de mes, que incluyen el cierre total de bares, restaurantes y centros comerciales y la prohibición de reuniones sociales fuera del núcleo familiar.