Xabier Arzoz Catedrático de derecho administrativo de la uned

"La excusa más importante para controlarnos en los últimos años ha sido el terrorismo internacional"

13.09.2020 | 02:41
"La excusa más importante para controlarnos en los últimos años ha sido el terrorismo internacional"

Xabier Arzoz analizó esta semana en los Cursos de Verano de la UPV/EHU el equilibrio entre seguridad y protección de datos a partir a la videovigilancia

donostia ¿Estamos más controlados que nunca?

–Nuestra percepción quizás sea la de las películas, pero, por lo que contaron en el curso de verano los responsables del departamento de Seguridad, en nuestro entorno no se puede hablar de una invasión de cámaras. Al menos de las públicas. Otro asunto son las cámaras de uso privado. Ahí sí podemos decir que proliferan cada vez más en establecimientos, desde entidades financieras hasta tiendas de ropa. Hoy en día incluso los bares y las cafeterías las tienen.

Vemos las cámaras como algo natural ya.

–Sí, pero quitando las que protegen edificios públicos, que son en torno a 3.000, las que están para controlar las alteraciones de la seguridad ciudadanas, altercados, robos y hurtos solamente son 71. Y además están repartidas en 16 instalaciones, doce en Bizkaia y cuatro en Gipuzkoa. No es un número excesivo. Luego están las cámaras fijas colocadas en infraestructuras mecánicas como escaleras automáticas, ascensores y pasajes subterráneos, que están por seguridad, pero también para protegerlas del vandalismo, y que son 184. Por lo tanto, las que vemos por la calle son realmente pocas. Estamos hablando de cámaras para el control y protección de la seguridad ciudadana, luego están las de tráfico, que son otra cosa. Por todo ello, tenemos muchas menos cámaras de lo que la normativa permite y sobre todo, muy alejado de lo que vemos en las películas y que quizás sí que exista en otras latitudes.

Una de las reflexiones que han hecho durante el curso es que sí que debería haber más control en el acceso y la utilización de cámaras privadas por parte de la Policía.

–Sí. Hasta 2014, la regulación a este respecto era prácticamente nula. Desde ese año hay una nueva ley con las que se han podido controlar. Este sobre todo se ejerce en las empresas de seguridad. La ley de 1997 prometía una regulación de las cámaras privadas que luego no fue aceptada. Parece que ahora hay un borrador del reglamento que va a incidir en este aspecto. Hasta entonces, esta situación hace que para algunas las reglas sean más laxas y para otras más estrictas. Por ejemplo, si una institución decide gestionar su seguridad a través de una empresa privada, debe firmar un contrato, por lo que esas cámaras ya no dependen de la ley orgánica, sino a la de seguridad privada, que tiene pocos requisitos. En cambio, si la institución decidiera que debe estar gestionada por el cuerpo y las fuerzas de seguridad, el control es tan grande que necesitarían de una autorización. Lo que sí autoriza la ley de seguridad privada es que la Policía puede acceder a las grabaciones obtenidas por las empresas de seguridad sin que esa pueda decir que las imágenes son de su cliente. Por este motivo creo que debería haber cierto control. Saber cuándo se pueden pedir, como en al caso de una infracciones por ejemplo.

Claro, porque la videovigilancia puede llegar a afectar a varios derechos a la vez.

–Los principales son intimidad, imagen y protección de datos, en la medida de que la imagen es un dato identificador. La legislación de datos es la principal normativa a la que se someten las cámaras privadas. Así, alguien puede denunciar a una empresa porque considera que pide datos de más o los está usando para otra finalidad. Por este motivo es obligatorio tener el cartel que indica que hay videovigilancia y los derechos se pueden solicitar o cancelar a la empresa responsable.

Por lo tanto, ¿que las cámaras afecten a los derechos de las personas no quiere decir que sean ilegales?

–No, aunque hay una serie de regulaciones que indican que las cámaras no se pueden instalar en cualquier sitio, que no puede afectar al domicilio de terceras personas o que si apuntan al espacio público han de hacerlo de una manera muy restrictiva. De este modo, el señor que siempre aparca en la calle y pone desde su vivienda la cámara a la calle para proteger el coche no puede hacerlo.

Lo que parece no estar tan bien regulado son las cámaras móviles usadas por las fuerzas policiales.

–El régimen en cámaras fijas es bastante estricto porque no se pueden mover, pero las móviles tienen un régimen más laxo. En un espacio donde están autorizadas las cámaras fijas se pueden también instalar cámaras móviles. Puede ser una zona muy problemática y por determinado motivo se deciden colocar más. Si no son ahí, hay que pedir autorización, sea por un evento, una concentración o algo similar. La última opción es utilizarlas de emergencia, notificando su uso después. Esto es, un policía cree que en determinado momento, la ley habla de peligro inminente, debe utilizarla. La norma no contempla, como sí ocurre en otros países europeos como Alemania, que el policía con cámara debe llevar un chaleco que indique Police Cam y saber así que si pasas por ahí te va a grabar. Ahora, la última cuestión está en si estas cámaras se pueden llevar en el vehículo policial como parte de la equipación como se ve en muchos vídeos de Estados Unidos. Como hace años era impensable que un pequeño dispositivo pudiera grabar, no está contemplado en la ley.

Con el COVID-19 se ha visto como en algunos países el control de la temperatura de las personas se hace incluso con cámaras. ¿Puede ser una excusa para conseguir un mayor control?

–Excusas nunca han faltado. El 11-S ya fue una buena excusa. Algunos países han evolucionado en una línea similar a la que vemos en la ficción, pero en nuestro entorno no hay esa presión ni esa necesidad con la seguridad. En los últimos años el motivo más importante para controlarnos ha sido el terrorismo internacional.

A ese respecto, pone en duda la constitucionalidad del proyecto europeo AI Mars que permite rastrear millones de caras por segundo en grandes concentraciones.

–Cada vez, en la tecnología, está todo más cerca, pero aún no está claro cómo funcionará. Parece que en alguna ciudad china ya se ha utilizado, pero todavía está por ver sí llegará aquí. Falta tiempo y, por lo tanto, falta ver cómo se aplicaría. En algunos aeropuertos belgas sí que han desarrollado tecnología de este nivel con las cámaras móviles en los vehículos y la transmisión de datos. Creo que es un paso intermedio a la Inteligencia Artificial que es muy importante. El futuro va a pasar por controlar todas las cámaras a remoto desde un mismo recinto e interconectarlas. Con solo eso ya estamos hablando de un control mucho mayor de lo que tenemos hoy en día.

"En nuestro entorno

no se puede hablar de una invasión de cámaras; al menos de las públicas. Otro asunto son las privadas"

"El futuro va a ser controlar las cámaras a remoto desde un mismo recinto e interconectarlas. Solo con ello ya habrá mucho más control"