Ese mundo nuestro

La otra virulencia del coronavirus

30.03.2020 | 00:42

La psicosis generada por la pandemia del coronavirus ha centrado el pánico de la opinión pública en el aspecto sanitario del problema. Pero existe también otro problema – quizá más grave aún que el biológico – provocado por el coronavirus : el agudo y prolongado declive económico que registrará el mundo después de la pandemia. Y las víctimas mortales del virus son –serán– unos cuantos miles, pero las del empobrecimiento lo seremos todos.

La opinión pública no se ha percatado aún de ello, pero los economistas de todo el mundo – desde el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los bancos centrales hasta las Bolsas – sí lo han hecho. Así, el FMI pronosticaba a comienzos de este año, cuando aún no se tenía conciencia de la pandemia, un crecimiento global del 3,3%; ahora la OCDE ha reducido esta previsión a un 1,5%... ¡en el mejor de lo casos! Y si pasamos del escenario global al nacional –el de una nación pobre, por ejemplo, como es Grecia–, el porvenir parece demoledor. En Atenas, el banco central ha rectificado los pronósticos del año del 1,9% de crecimiento a un desarrollo 0 "€ con posibilidad incluso de cifras negativas para este y los próximos años€". En el otro extremo –el de la rica Alemania–, el Gobierno espera que el PIB descienda un 5% este año.

Los analistas señalan que las angustias de la nueva crisis serán más duras y prolongadas que las de la recesión del 2007/2008 porque esta vez no es el sistema financiero el afectado por la crisis, sino el fabril. La concentración súbita y masiva en la lucha sanitaria ha deteriorado fuertemente en todo el mundo tanto las estructuras fabriles como la demanda. Las especulaciones optimistas de que la faceta económica de la crisis del coronavirus sería breve y sin consecuencias duraderas (lo que se denomina un incidente en uve) se ha desvanecido en todos los análisis financieros de las últimas semanas.

Y es que en 2007/2008 la caída pilló a las banca a contrapié: insuficientemente capitalizada y peor gestionada. Hoy, por el contrario, los institutos crediticios están perfectamente pertrechados para afrontar el envite. No sucede lo mismo con las estructuras fabriles y la demanda. Estas han caído fuertemente en casi todas las naciones y no solo en las más atrasadas y vulnerables. Esta atonía económica general provocada por las medidas aislacionistas induce a predecir un largo ciclo de vacas flacas, así como un periodo de desglobalización y hasta desregionalización.

En esta visión pesimista del futuro, existe un rayo –tenue– de esperanza : que el marco general que apunta a un largo periodo de empobrecimiento quede desvirtuado por la pronta aparición de un fármaco o una vacuna para combatir el coronavirus. Hoy por hoy no es más que una esperanza, pero ya se sabe que las esperanzas son lo último que se pierden.