La segunda mesa del encuentro celebrado en Eibar se adentró en uno de los grandes retos que enfrentan municipios como este: cómo fortalecer los puentes entre el talento y las oportunidades. Y es que en una ciudad con una arraigada tradición industrial —el 55% de sus empresas pertenecen a este sector, muchas de ellas pymes—, la pregunta es inevitable: ¿qué hace falta para que ese talento joven encuentre su lugar y no emprenda el camino de salida?
Las respuestas fueron tan diversas como complementarias. La concejala de Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Eibar, Vanesa Hortas, apuntó a las capacidades transversales como clave: adaptabilidad, creatividad, trabajo en equipo… “Todo esto lo aporta la FP, que en Eibar se ha consolidado como una herramienta eficaz para responder a las necesidades reales de nuestras empresas”, consideró.
Iker Usabiaga, de Danobatgroup, fue más allá y defendió la formación como un proceso que no termina nunca. “Salimos de la universidad o de un ciclo creyendo que ya estamos preparados, y eso no es así. La formación tiene que ser continua, y sobre todo, una responsabilidad personal. Las empresas podemos facilitar, pero la actitud es lo que realmente abre puertas”.
Para Oihane Etxeberria, de Smartlog Group, esa actitud debe ir acompañada de flexibilidad y resiliencia: “Estamos en entornos cambiantes, volcánicos. Los jóvenes tienen que estar preparados para reinventarse, para seguir aprendiendo siempre”.
Aitor Zumelaga, director de Uni Eibar-Ermua, remarcó la necesidad de perfiles mixtos, capaces de moverse entre disciplinas. “En nuestros ciclos trabajamos con retos reales propuestos por empresas, lo que nos permite acercar el aula a lo que sucede fuera”.
En ese punto, Gorka Aretxaga, de Mondragon Goi Eskola Politeknikoa, aportó una reflexión fundamental: “¿Qué es el talento? No es algo estático, es una respuesta a una necesidad que está en permanente cambio. Por eso no hay que enseñar conocimientos concretos, sino enseñar a aprender”.
En cuanto a los perfiles más demandados, se repitió un consenso: automatización, robótica, mecatrónica, software, inteligencia artificial… Pero también, y cada vez más, personas capaces de sumar valor con su actitud y sus ganas de implicarse. “En Smartlog buscamos gente que sepa de muchas cosas, pero sobre todo, gente con valores”, afirmó Etxeberria. Una visión compartida por Aretxaga: “Las empresas ya no piden ver expedientes académicos; quieren saber cómo es esa persona, qué puede aportar al equipo. Y eso hay que empezar a trabajarlo desde etapas muy tempranas”.
La colaboración, un eje fundamental
La colaboración entre centros, empresas e instituciones fue otro de los ejes centrales del debate. Hortas reconoció que uno de los grandes retos del municipio es mejorar la empleabilidad. “Tenemos tasas altas de desempleo y la FP puede ser una vía para corregirlo, también para personas en situación de vulnerabilidad. En los años 70, la industria eibarresa fue impulsada por personas migradas. Hoy esa diversidad sigue siendo una oportunidad”.
El modelo cooperativo también fue puesto sobre la mesa como una fórmula eficaz para sumar esfuerzos. “En Mondragon, la escuela es gestionada como una cooperativa. Todo el mundo tiene voz, y eso genera una implicación real que se traslada también al alumnado”, explicó Aretxaga. Usabiaga, por su parte, consideró que los valores cooperativos son una herramienta poderosa para atraer talento. “En Danobatgroup hemos implantado un servicio de apoyo psicológico 24/7. Cuidar a las personas es parte del modelo cooperativo”.
Esto no va de géneros
Sin embargo, todos coincidieron en que hay una asignatura pendiente que aún está lejos de resolverse: la incorporación de las mujeres al sector industrial. “Hoy apenas el 15% de la plantilla de Danobatgroup son mujeres”, lamentó Usabiaga. Etxeberria, por su parte, defendió la necesidad de cambiar el enfoque: “Esto no va de géneros, va de vocaciones. Tenemos que dejar de pensar en adaptar el sector a las mujeres, y empezar a construir un relato que lo haga atractivo para toda la sociedad”.
Zumelaga recordó que también se producen desequilibrios en sentido inverso: “En ciclos como Administrativo o Comercio apenas tenemos chicos. En informática, en cambio, hay muy pocas chicas”. Aretxaga añadió que las mujeres que eligen formaciones tradicionalmente masculinizadas suelen destacar por su motivación y claridad de ideas: “Son excepcionales, brillantes, y saben lo que quieren”.
La conclusión fue clara: hay que trabajar desde edades tempranas, derribando estereotipos, con visitas a empresas, promover premios a científicas, proyectos conjuntos… “No podemos permitirnos prescindir de la mitad del talento”, zanjó Usabiaga.
Intraemprendimiento
Antes de cerrar, surgió otra pregunta clave: ¿y el emprendimiento? ¿Tiene la FP capacidad de generar nuevas empresas? Aretxaga lo matizó: “No todo el mundo tiene por qué crear una empresa, pero sí debemos fomentar el intraemprendimiento, la capacidad de mejorar procesos desde dentro. Programas como Urratsbat ya trabajan en esta dirección”. Hortas añadió la importancia de sembrar esa cultura desde la infancia, y Usabiaga defendió desterrar frases como “esto siempre se ha hecho así”.
La última ronda de intervenciones coincidió en que la clave está en sumar: instituciones, centros, empresas y personas. Hortas apostó por la creación de más espacios de encuentro como esta jornada. Usabiaga pidió agilidad y escucha mutua. Etxeberria abogó por foros sectoriales. Zumelaga se inclinó por superar las miradas individualistas. Y Aretxaga cerró con una imagen simple pero poderosa: “El triángulo empresa-centro-alumno solo funciona si las tres patas están equilibradas. Y la persona tiene que estar en el centro”.