Definitivamente diciembre no es el mes de los entrenadores. Con la reapertura del mercado a la vuelta de la esquina, los clubes ya se empiezan a poner nerviosos y son muchos los que comienzan a darle vueltas a si están en buenas manos o si quizá les convendría dar un brusco giro de timón en la dirección del equipo. En el fondo, algunos se lo toman como el último momento ideal para afrontar un relevo, ya que después de Año Nuevo cualquier decisión trascendental estará marcada por el sello de la urgencia. Y no es lo mismo. Porque normalmente la urgencia delata inequívocamente que has fallado y, en cambio, como se vivió en la presentación con nocturnidad y alevosía y sin alegría de Imanol tras el cese de Asier Garitano, en el parón de navidades todo se asimila como algo más lógico y normal. Frío como no se le recuerda con su entrenador y apuesta personal, Jokin Aperribay lo explicó con la crudeza del que parece que tiene la decisión tomada y solo aguarda a que llegue el momento exacto para dar la orden: “El fútbol es igual para todos”.

Guardiola

La frase se postulaba sin duda para ser considerada como la mejor de la semana. Pero en unos días prolíficos en noticias y rumores, bajo un incómodo ruido de sables sonando por los cuatro costados del planeta fútbol, Guardiola se volvió a sentir en el Bernabéu como Griezmann cuando marcó aquel 2-2 en San Mamés y dijo mirando a la cámara: “C’est ma maison ici (la traducción más correcta en realidad es “éste es mi jardín”). Es una maravilla ver cómo se le ilumina la cara, le brota esa sonrisa irónica y hasta maliciosa, y pone a bailar a su ritmo en los medios de comunicación de la caverna blanca. No, el puto amo en la sala de prensa madridista no era Mourinho, como declaró en su día, el verdadero puto amo era él mismo.

Tal y como se esperaba, Guardiola rompió una lanza en favor de Xabi Alonso, a quien entrenó en el Bayern de Múnich. Pero lo hizo a su manera, con su sello personal, porque pocos se gustan más a sí mismos como el catalán: “Lo que le recomiendo es que mee con la suya. Y como no meará colonia seguro que le irá bien”. En clara alusión a lo que le achacaba la prensa madridista en la era de mayor confrontación y rivalidad que se recuerdan bajo el régimen totalitario de Mourinho, cuando le acusaban de ser lo contrario que su enemigo, es decir, una persona excesivamente fina, pulcra o perfecta que incluso algo tan vulgar como orinar desprendía un olor a perfume.

Muchos lo olvidan, pero, antes de ser el puto amo, Guardiola se comió campos de tierra. Laporta apostó fuerte por él en 2008 después de que subiera al filial a Segunda B para poner orden en un equipo que llegaba desgastado, dividido y futbolísticamente agotado. El Barça venía de dos temporadas a la deriva, sumido en la “autocomplacencia”, como el propio Pep declaró, y su aterrizaje en el vestuario fue quirúrgico: diagnóstico, poda y nuevo proyecto. No le tembló el pulso: Ronaldinho, Deco y Eto’o, que luego se convertiría en héroe en parte por la motivación de su cartel de descarte, fuera del club. “Aquí empieza una nueva etapa”, escribió en la puerta de su despacho. 

Camacho

Cuatro años antes, Camacho tuvo que renunciar a su sueño cumplido de entrenar al Madrid cuando solo llevaba seis partidos en el cargo. “Si no me dejan trabajar, lo mejor es irme”. Una anécdota muy repetida es que pretendió cambiar los horarios de entrenamiento a la mañana temprano y varios jugadores se rebelaron, incluso con bromas en privado del tipo: “¿Pero éste sabe que aquí no madrua ni el utillero?”. Fiel a su personalidad, el murciano comprendió que aquella no era su guerra.

Xabi Alonso

Ahora le toca a un Xabi Alonso que parecía tenerlo todo para renovar y triunfar en el Madrid. Con lo que no contaba es con la oposición de las vacas sagradas y, como le sucedió a Camacho, con la complicidad de Florentino Pérez. El mensaje del tolosarra era claro: “Quien no esté preparado para competir cada día, lo tendrá difícil. No vengo a mantener nada, vengo a mejorarlo”. Al presidente blanco, que lleva semanas con ganas de echarle, le gusta repetir en petit comité que “los importantes aquí son Vinicius, Bellingham, Mbappé… Entrenadores hay muchos”. En fin...

Para resumir, Guardiola demostró que un entrenador joven puede remodelar un gigante si le conceden una autoridad real. Camacho mostró que sin esa autoridad, ni la experiencia ni el sentimiento son suficientes. Xabi Alonso se encuentra ahora en ese mismo cruce: o le dejan hacer, o será imposible no ya que triunfe, sino evitar que sea destituido en breve.

Sergio Francisco

Es complicado relacionar o comparar sus respectivos casos con el de Sergio Francisco. Aunque en el fondo, la cuestión sea la misma. Aperribay prefirió esta vez decantarse por la sinceridad para, entre otras cosas, evitar ser esclavo de sus palabras, lo que sin duda le honra, pero, a la hora de referirse a la continuidad del técnico, su mensaje de “el fútbol es igual para todos” sonó tan contundente como significativo. En el fondo, la sensación que emana del club es como si el irundarra, insistimos, apuesta personal del propio dirigente, nunca les hubiese llegado a convencer del todo. Y eso se siente y se palpa en el día a día. Y produce una sensación humanamente casi insoportable, de las que te dejan calvo, como a Guardiola, o sin trabajo, como a Camacho.

Sergio también aterrizó en el cargo con aires de renovación. Tampoco parecía un revolucionario como el Che Guevara con el puño en alto, pero sí que venía con la intención de cambiar. Tras una planificación tan tardía como desastrosa que provocó un comienzo muy flojo, en el que sobre todo acusó las derrotas en Oviedo y ante el Rayo, la Real es el octavo mejor equipo de la Liga en las diez últimas jornadas. Incluyendo la derrota ante el Villarreal, que está a otro nivel y que fue dolorosa en la forma por el buen juego realista, como la de Vitoria, que la metemos en el mismo saco que la de Oviedo a pesar de no tener nada que ver el desarrollo y los merecimientos en el duelo.

Vamos a rebobinar aún más en el tiempo. En los últimos años la Real ha visto cómo se deshacía su columna vertebral y eso le ha convertido en un equipo mucho menos fiable y competitivo. Si a las salidas de los jugadores de la talla de los Odegaard, Isak, Merino, Silva, Portu… les añades las marchas de futbolistas tan importantes por su calidad como por su label de Zubieta como Zubimendi, Le Normand, Guevara, … o incluso las más próximas de Urko, Olasagasti o Pacheco, que no habían sido titulares indiscutibles nunca, pero que también tenían su peso en el vestuario, y les sumas las bajas recientes por lesión de Zubeldia y de Oyarzabal, que entre los dos casi alcanzan los 800 encuentros con la txuri-urdin, la realidad es que la plantilla ha perdido demasiados referentes en todos los sentidos. Para que se hagan una idea, en el once de Vitoria solo estaba Remiro de los héroes que jugaron de inicio en la Copa para siempre que se disputó en abril de 2021. Y desde el banquillo salieron Barrenetxea, que también saltó al campo en la segunda parte el sábado, y en el último minuto lo hizo Aritz Elustondo, que fue capitán en Mendizorrotza y sustituido por Caleta-Car. Eso sin entrar en que el director deportivo y el entrenador han estrenado cargo esta campaña, lo que sin duda convierte este duro curso en el famoso nuevo libro.

No se vayan todavía que aún hay más. En el once de Vitoria había un refuerzo del curso pasado, el irreductible Sergio Gómez, que de la noche a la mañana ha pasado de polivalente a lateral, y dos de éste, que eran Carlos Soler y Guedes, dos futbolistas que deberían dar mucho más. En el banquillo estaba el fiasco del curso hasta la fecha, Caleta-Car, que ya no juega ni con bajas en su puesto, y dos refuerzos del verano anterior, como Zakharyan y Sucic

La Junta

Esto, y no el despido fulminante de un entrenador formado en la casa, es lo que de verdad le echaron en cara los accionistas en la Junta. Pero Aperribay parece tenerlo claro. En verano se les llenó la boca hablando de las camaleónicas propuestas del nuevo entrenador y el día que de verdad confirmó la fama que le precedía con su planteamiento en Elche, le cayeron palos por todos lados. A ver si somos nosotros los que de verdad no estábamos preparados para una verdadera transformación... 

Ahora bien, si de verdad no se cree en Sergio Francisco, si no se confía en él como patrón de la nave para varias temporadas y su continuidad va a depender constantemente de un hilo para convertirse en una repetida huida hacia adelante, que lo hagan ya. 

Que como dijo un Aperribay que vuelve a tener demasiado protagonismo en las decisiones deportivas, no estamos para florituras y cada semana que pasa con este ambiente impropio de la Real y de su habitual buen rollo del vestuario solo agrava una situación tensa y preocupante. Y si no, que le dejen mear con la suya a Sergio Francisco, porque como, siempre suele decir Guardiola, “al final, lo único que pide un entrenador es poder trabajar”. Y así no podemos seguir... ¡A por ellos!