Aniversario fin de ETA :: Grupo Noticias
Especial diez años del fin de ETA

Dos personas se abrazan tras conocer el cese definitivo de la violencia. Foto: Zigor Alkorta

UNA DÉCADA SIN ETA
El tiempo de la libertad, el reto de la convivencia

El 20 de octubre de 2011, ETA apagó por fin la luz de la violencia y la sociedad vasca estrenaba un nuevo tiempo

Texto: Jontxu García / Bilbao

Tal día como hoy de hace 10 años, a las 19.00 horas, la BBC británica emitía el vídeo que Euskadi esperaba desde hace muchísimo tiempo, concretamente desde aquel lejano día de San Ignacio de 1959. ETA apenas necesitó 346 palabras para echar el cerrojo a su actividad violenta y cumplir así con el deseo de la sociedad vasca que exigía su retirada tras más de 50 años de dolor y sufrimiento colectivo.

Se cumplía así el guion establecido en la hoja de ruta no escrita de los facilitadores del proceso reunidos en la Conferencia de Aiete, sirviendo así de pista de aterrizaje a una ETA más débil que nunca.

A diferencias de otras ocasiones, ese 20 de octubre de 2011 destacaba una palabra por encima de todo: “definitiva” para anunciar que concluía así su ciclo armado. Una sensación de alivio se extendió por los cuatro costados de Euskadi que se quitó de encima la losa de la violencia, aunque el respiro definitivo tardó un poco más en llegar, concretamente, el 8 de abril de 2017 cuando, al fin, se produjo la entrega de las armas. Se apagó así la luz de la violencia pero siempre quedará el destello del recuerdo de las víctimas el que brilla después de que el tiempo de ETA se haya acabado hace ya una década

Reconocimiento del daño

Han pasado diez años pero aún quedan retos para pasar definitivamente esa negra página. Queda aún por delante, entre otros retos, el reconocimiento del daño causado y la deslegitimización de la estrategia violenta, en suma, el reto de la convivencia y del reconocimiento del daño causado.

En este sentido, los encuentros restaurativos entre víctimas y presos de ETA que ya habían renunciado a la lucha armada y se habían desvinculado de la organización, dentro de la llamada vía Nanclares puesta en marcha por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido un buen punto de partida. Es el caso por ejemplo de Iñaki García Arrizabalaga, víctima del terrorismo a quien los Comandos Autónomos Anticapitalistas asesinaron a su padre en 1980, y Fernando de Luis Astarloa, exmiembro de ETA que ha pasado 24 años en prisión por delitos de sangre. Víctima y victimario. Dos vascos, dos seres humanos que diez años después dialogan, se entienden, se estiman. Conviven.

Ahí está también el abrazo entre Carmen Guisasola y Rosa Rodero, viuda del ertzaina Joseba Goikoetxea, asesinado por ETA en 1992 o los encuentros en Nanclares entre Maixabel Lasa, viuda del que fuera gobernador civil de Gipuzkoa Juan Mari Jáuregui y los tres miembros de ETA que dispararon tres tiros en la nunca a su marido en el año 2000.

Ese 20 de octubre acabó el tiempo de ETA y comenzó el tiempo de la libertad y de Euskadi. Un recorrido en el que aún transitamos.