El matriarcado de la patria

Un reportaje de Olga Sáez

En una sociedad matriarcal como la vasca, la incursión de las mujeres nacionalistas en la vida pública no nació para reivindicar sus derechos, sino para impulsar los sentimientos e ideas nacionalistas. Fomentaron el euskera, hicieron propaganda nacionalista y fueron laguntzailes de los hombres. El camino que recorrieron sentando las bases de su posición en términos de igualdad es el presente de las emakumes hoy

Comenzaron siendo conferenciantes, profesoras, escritoras, locutoras, madres y esposas. Pero su papel de laguntzailes del hombre cambió con la llegada de nuevas ideas y, junto con el derecho al voto, la mujer comenzó a intervenir cada vez más activamente en la vida social y política como protagonistas por derecho propio. “No esperaremos a que los hombres consigan la libertad. Les ayudaremos a difundir el sentimiento patriótico”, proclamaron. Hay un siglo de diferencia entre aquellas mujeres y las líderes actuales. Un tiempo en el que la mujer ha reforzado con su presencia en el partido su participación en las instituciones donde ahora comparte de forma paritaria las responsabilidades de poder.

Sin embargo, no sería hasta 1922 cuando tiene lugar el nacimiento de Emakume Abertzale Batza (Asociación de Mujeres Patriotas) con la intención de complementar la labor política que llevaban a cabo los hombres nacionalistas. En su formación tuvo especial importancia la influencia de los grupos Cumann na mBan en los que se agrupaban las mujeres nacionalistas irlandesas. Así, las mujeres que hasta entonces no habían intervenido en la vida pública exigieron tener un rol propio. Probablemente no pensaban en la importancia que la mujer iba a tomar tanto para el desarrollo del nacionalismo vasco en general, como para el avance de la mujer patriota en el campo del compromiso político en particular.

En 1988, con la creación de Emakunde, las instituciones vascas apostaron por contar con un instituto encargado de impulsar políticas de igualdad

También es cierto que la casi inmediata implantación de la dictadura de Primo Rivera cercenó este núcleo de mujeres abertzales. Así, en su labor EAB conoció una primera etapa entre los años 1922 y 1923 en la que un primer intento de organización y actuación se vio truncado por la instauración de la dictadura de Primo de Rivera y la prohibición de los partidos políticos, entre ellos, EAB.

Con la proclamación de la II República Española en 1931, es cuando realmente EAB va a conocer su época dorada, constituyéndose en uno de los principales grupos de apoyo al nacionalismo y al PNV en particular, junto al sindicato ELA-STV, los mendigoizales o el movimiento educativo, surgido alrededor de las ikastolas, Eusko Irakasle Batza y Eusko Ikasle Batza, grupos en los que las mujeres de EAB desarrollaron una gran actividad.

En el verano de 1931 ya habían sido creadas 26 agrupaciones. Aunque el PNV seguía propugnando que la mujer fuera el sostén del hombre, las mujeres aprovecharon todos los resquicios que encontraron para conseguir el espacio que les correspondía en la vida pública.

Tras la toma de Bilbao y Bizkaia por parte de los franquistas en junio de 1937, la guerra equiparó en la desgracia y en la represión a todas las emakumes que quedaron en Euskadi. También entonces su papel y la información suministrada sobre las penas de muerte y condenas de muerte en lo que se denominó Red Álava fue determinante para que el Gobierno vasco pudiese informar a las embajadas y ministerios de Asuntos Exteriores europeos, con el fin de neutralizar las penas máximas. Su compromiso, llevado hasta las últimas consecuencias, está representado en mujeres como Delia Lauroba, Teresa Verdes, Felicitas Ariztia, Ángeles Azketa, Damasa Machinandiarena... que llevaron su implicación hasta el límite y sufrieron también la privación de la libertad y el hacinamiento como sus compañeros.

En 1922 tiene lugar el nacimiento de ‘Emakume Abertzale Batza’, que vería la luz con la intención de complementar la labor de los hombres nacionalistas

El exilio Al finalizar la guerra, la labor de EAB se trasladó al exilio: Gure Etxea en Barcelona, o la importante labor asistencial realizada en Iparralde y diferentes países de Europa y América son ejemplo de la labor que realizó EAB fuera de nuestras fronteras. Con el final de la dictadura franquista, los grupos de EAB prácticamente desaparecieron y actualmente, a pesar de mantener su misma denominación, los pocos grupos existentes en centros vascos de América limitan su actividad al ámbito cultural.

El camino hacia la igualdad no se ha parado durante estos años. En el año 1988, con la creación de Emakunde, las instituciones vascas apostaron por contar en su seno con un instituto encargado de diseñar e impulsar políticas de igualdad.

En estos años Emakunde se ha empeñado en fortalecer estructuras que trabajen a favor de la igualdad en las administraciones públicas, así como en crear redes de trabajo entre las diversas administraciones, en impulsar la proliferación de ámbitos privados en los que se trabaje a favor de la igualdad de mujeres y hombres. Prueba de ello son los Planes para la Igualdad, instrumentos que orientan la actividad de los poderes públicos vascos en materia de igualdad durante cada legislatura, o las redes de trabajo interinstitucionales que se han ido creando. En esta línea y con esta ambición en materia de igualdad, se enmarcó la elaboración, el impulso y la posterior aprobación por el Parlamento Vasco en el año 2005 de la Ley para la Igualdad de Mujeres y Hombres, una ley que supuso un antes y un después, un paso importante en la creación de un nuevo escenario social.

Nos queda mucho, pero la dirección es la correcta

Izaskun Moyua
Directora de Emakunde (2005-2009)

La igualdad real y efectiva de mujeres y hombres es un elemento fundamental de construcción política, social y económica de nuestra sociedad. Identifica un objetivo que es compartido por muchas personas, organizaciones e instituciones que, en una dimensión universal, trabajan para erradicar las discriminaciones y las desigualdades que las mujeres sufren todavía en todo el mundo. La considero una causa esencialmente noble y por la que merece la pena luchar, tanto en el plano individual como en el colectivo y comunitario.

Es una causa directamente relacionada con los grandes valores de respeto, justicia e igualdad que dan sentido y son indisociables a la condición humana de las personas. Y está intrínsecamente ligada al ideario del PNV. Es por ello que siempre ha encontrado su apoyo.

La Ley de Igualdad vasca fue un instrumento de máximo nivel que compromete a los poderes públicos

Como todo lo que es realmente importante, no ha tenido un camino fácil. Han sido persistentes y resistentes los obstáculos para el avance, pero hemos encontrado muchas alianzas: el conocimiento, que nos ha permitido el análisis; las organizaciones de mujeres y los movimientos de defensa de los derechos sociales, que han reivindicado derechos; las posiciones vitales de mujeres y hombres que están transformando el rancio guion patriarcal; y, especialmente, el feminismo, como práctica y teoría política. Sin él perderíamos el norte.

En el año 1999 entré a formar parte de un equipo de dirección en Emakunde, y durante 10 años he sido testigo del trabajo de impulso a las políticas públicas de igualdad en nuestro país.

He sido testigo del compromiso político de los gobiernos municipales, forales y autonómico y, sobre todo, del compromiso personal de las personas que tenían la responsabilidad de liderar desde las instituciones las acciones necesarias para avanzar en la igualdad real y contra las discriminaciones y desigualdades de las mujeres también en nuestra sociedad.

Somos eslabones de una cadena que se ha ido haciendo fuerte; que ha creado redes entre mujeres, entre asociaciones, entre instituciones y países; que ha fortalecido estructuras y formado a personas; y que ha habilitado los instrumentos necesarios para orientar la actividad de los poderes públicos vascos en materia de igualdad durante todas las legislaturas.

Estamos aquí para mejorar la calidad de vida de las personas; es un escenario posible que necesita de nuestro trabajo

Primero fueron los planes de acción, siguiendo la estela del mandato de las conferencias internacionales sobre la mujer, en especial la de Pekín en 1995, con programas, acciones y evaluaciones que recorrían los grandes objetivos de la igualdad. Y en 2005 llegó la Ley de Igualdad aprobada por el Parlamento Vasco.

Una sociedad vasca preparada, madura y responsable acordaba un instrumento normativo de máximo nivel que comprometía a los poderes públicos vascos y se convertía en referente para otras comunidades y países.

Hemos tomado parte de la sinfonía de los derechos de las mujeres que se orquesta en todo el planeta, y hemos ido a contracorriente de la hegemonía de un sistema que divide a las personas en derechos y en deberes dependiendo del sexo con el que nazcan.

Un sistema que empuja las naves hacia un puerto de sufrimiento y dolor para las mujeres y para toda la sociedad. Hemos avanzado mucho y nos queda mucho por hacer. Quizás lo más importante es el convencimiento de que la dirección es la correcta.Y hoy, porque es de justicia, como mujer y militante de EAJ-PNV, quiero agradecer a tantos compañeros y compañeras con los que he recorrido y seguiré recorriendo esta lucha.

Estamos aquí para mejorar la calidad de vida de las personas, no lo olvidemos. Y no es un sueño. Es un escenario posible, necesita de nuestro trabajo.