Ricardo Fraguas Adriángerente de nava las heras, empresa navarra de ovino, vacuno de carne y ganadería de lidia

"El COVID ha dado la puntilla al ovino, al que auguro un futuro difícil"

25.10.2020 | 01:32
"El COVID ha dado la puntilla al ovino, al que auguro un futuro difícil"

Ricardo y Natalia Fraguas Adrián, y Ana Cirauqui Martínez representan la segunda generación de la explotación Nava Las Heras, en la localidad navarra de Villafranca

pamplona – Ricardo Fraguas Adrián creció en la explotación ganadera y agrícola que su padre Jesús fundó en Villafranca. "Desde pequeño convivo con los animales. Soy un enamorado de las ovejas", explica este ingeniero agrícola, que junto a su mujer, Ana Cirauqui Martínez, gestiona la empresa Nava Las Heras, dedicada a la ganadería y agricultura. Ovino, vacuno de carne, ganadería de lidia y 120 hectáreas de regadío por aspersión para cultivar cereal y forraje componen sus líneas de negocio. Ricardo, como gerente, y Ana, como responsable de administración, dirigen un negocio que factura 1,1 millones de euros aproximadamente cada año (incluidas subvenciones) y que en un 95% depende del mercado nacional. En la finca La Cañada pasta el rebaño de ovejas ; y en la finca La Romeral, las reses de vacuno de carne y de lidia. "En marzo se produjo un cataclismo con la proclamación del estado de alarma. Reaccionamos ante un descenso drástico e inesperado del mercado", rememora Fraguas de aquellos meses, y remarca "la incertidumbre del momento actual ante esta nueva ola de coronavirus y restricciones".

¿Cómo ha aguantado el sector ovino estos meses desde que el presidente Sánchez anunciara el estado de alarma el 14 de marzo?

–Nos abrimos al exterior, pero fue un espejismo de entre dos y tres meses. El ovino aglutina nuestra mayor fuente de ingresos. El confinamiento paralizó el canal horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías) y las celebraciones familiares, segmentos importantes para el negocio. Nuestro principal mercado se concentra en Castilla y León y en Madrid, pero ante el frenazo de la demanda, tuvimos que reinventarnos y comenzar a comercializar en el exterior para dar salida al producto, principalmente a países árabes que demandan corderos pastos de 30 kilos. En cambio, el cliente nacional solicita lechal, cuyo precio descendió un 16% en la primera ola del coronavirus; posteriormente se recuperó algo desde junio hasta concluir la fiesta musulmana del cordero en septiembre, y actualmente ha vuelto a bajar. Por eso, en estos momentos el consumidor tiene una buena ocasión para adquirir cordero.

¿Adoptó otro tipo de medidas?

–Reducir gastos en las partidas que podíamos, pero conservando el bienestar de los animales. Lamentablemente algún contrato eventual que concluía, no pude renovar; y tuvimos que repartir todo el trabajo entre el personal fijo. Jornadas de entre diez y doce horas. Estos meses están siendo pesados y muy duros.

¿Cómo afronta este sector el último trimestre del año?

–Con inquietud. En diez días comenzarán a nacer los corderos que se venderán en navidades; unas fiestas que van a ser atípicas este año por el COVID. A esto hay que añadir la competencia que procede de otros países, como Francia. Todo ello genera muchas inseguridades, y por eso apelamos a que el consumidor se sensibilice y adquiera producto local, porque los ganaderos vertebramos el territorio, aportamos riqueza a los pueblos, generamos empleo y no nos deslocalizamos.

¿Qué futuro prevé para el ovino?

–El COVID ha dado la puntilla al sector, al que auguro un futuro negro y difícil. Hay ganaderos que están llevando muchas ovejas al matadero porque no pueden mantenerlas; y no observan rentabilidad ni a corto ni a medio plazo.

¿Existe relevo generacional?

–Escaso. No encontramos personal para trabajar en una actividad vocacional. Además no ayuda la campaña en contra del consumo de carne, ya que meten a la ganadería extensiva junto a la intensiva. Esta última potencia las macroexplotaciones con producción a gran escala y un elevado consumo de inputs (materia prima, por ejemplo). En cambio, nuestra ganadería extensiva favorece el medio ambiente, no consume grandes cantidades de cereal, aprovecha restos de cosechas de la agricultura y está ligada a su entorno natural. El día que desaparezcan los rebaños, nos acordaremos de ellos. Aunque reconozco que cada vez se consume menos cordero y eso es una dificultad para su continuidad.

¿Cómo analiza la situación del vacuno de carne?

–Ha sufrido un varapalo, pero a diferencia del ovino, el público demanda más este tipo de carne. La COVID ha perjudicado el consumo, pero este se recuperará cuando desaparezca la pandemia. Nos aporta seguridad y calidad vender bajo la Denominación de Origen Ternera de Navarra. Aquellos ganaderos no amparados en la denominación lo han pasado muy mal. El precio de vacuno también ha disminuido hasta un 10%.

¿Pronostica el mismo futuro del ovino al vacuno?

–No, porque esta carne tiene demanda y porque este tipo de ganado da menos trabajo y se necesita menos mano de obra. Hay que tener en cuenta que una vaca pare solo un ternero al año, y eso supone un trabajo más llevadero.

La ganadería de lidia también está sufriendo este año con la ausencia de festejos. ¿Cómo ha podido mantener su hierro?

–De nuestras líneas de negocio, es la que más ha padecido con diferencia. Aquel profesional que vive exclusivamente de la ganadería de lidia deberá replantearse su continuidad si sigue así la situación. La Administración foral aprobó una ayuda de 90 euros por res, pero apenas cubres las necesidades de dos meses, y hay que mantener a las vacas el resto del año. El departamento de Desarrollo Rural tendrá que volver a estudiar medidas para apoyar al sector. Ante la suspensión de festejos taurinos, la ganadería de lidia solo genera gastos que soportamos con el ovino, el vacuno y la agricultura. El ganadero saca rentabilidad de un animal de lidia en un festejo, y no ahora que los tiene que llevar al matadero.

¿Qué cría?

–Mi padre Jesús compró el hierro de vaca brava La Bomba; y ahora producimos novillos con el hierro de Ganadería Fraguas. Mi gran sueño sería criar toros, algo muy complicado.

Además de la ganadería, su explotación combina la agricultura, ¿cuántas hectáreas cultiva?

–120 de regadío por aspersión en Villafranca.

¿Qué cultiva?

–Cereal y forraje.

¿Está satisfecho de la campaña de este año?

–El precio de la cebada descendió respecto a otros ejercicios; pero el maíz se encuentra a niveles un poco más altos que el año pasado. Esto puede ayudar a paliar el mal año que llevamos en el resto de ramas del negocio.

¿Qué desea en estos momentos?

–Que hallen una vacuna contra el coronavirus para que la sociedad regrese a su vida normal, en la que recupere sus hábitos de consumo.