Supervitaminizante cine quinqui

Daniel Monzón adapta la novela de Javier Cercas 'Las leyes de la frontera' para volver a los códigos de este subgénero de finales de los 70 y clausurar el Zinemaldia con Las Grecas de fondo

25.09.2021 | 18:30
Tres de los protagonistas junto al director Daniel Monzón.

"No se trataba de hacer homenajes", ha revelado esta mañana Daniel Monzón en la rueda de prensa de su nueva película Las leyes de la frontera: "Queríamos contar una historia y era bonito entrar en los códigos del cine quinqui". Y, aunque esa intencionalidad es más que evidente en el filme que clausura hoy la 69ª edición del Zinemaldia, la película basada en la novela de Javier Cercas no deja de ser una mirada actual hacia una época que ya no existe a través de "una supervitaminizante" puesta en escena.

Las leyes de la frontera tiene todos los ingredientes propios del cine quinqui: navajas, robos, persecuciones, actores no profesionales, desnudos, Las Grecas y hasta la versión actual más parecida de un grupo con ese espíritu como es Derby Motoreta's Burrito Kachimba. Sin embargo, el filme cuenta con una capa demasiado blanca y limpia en la que una jeringuilla no tiene cabida. Algo que su director justifica diciendo que la película, al igual que la novela original, está desarrollada a través del protagonista, un joven de 17 años ajeno a los grupos juveniles de delincuentes que surgieron con la Transición.

"Todo el arte ha tratado de ser fiel a ese tiempo, pero hemos contado con los medios de hoy. El cine quinqui es algo muy encapsulado a un momento. Estaba protagonizado por delincuentes de verdad que lo dotaba todo de un espíritu casi documental. Sería necio haber intentando hacer algo así. Hoy no veo que haya un cine que se asemeje a ello", ha explicado el director.

Como ya hiciera en sus anteriores cuatro filmes –La caja Kovak, Celda 211, El niño y Yucatán–, Monzón se ha vuelto a aliar con el guionista Jorge Guerricaecheverria para esta vez partir de la mencionada novela de Javier Cercas del mismo título. En ella, Ignacio Cañas, más conocido como Gafitas, encuentra "una familia" en un grupo de jóvenes delincuentes de la Girona de 1978, entre la que está Tere, una joven de la que se queda prendado.

"La forma que tienen de vivir es atractiva para él y hace lo que sea por estar con Tere. Por ello, la película es ante todo una historia de primer amor dentro de ese contexto en el que según donde has nacido tienes un destino marcado", ha comentado el cineasta, que ha querido mostrar "la cara B del LP de la Transición".

Autenticidad de calle


Para ello, Monzón ha contado con un trío de actores profesionales –Marcos Ruiz, Begoña Vargas y Chechu Salgado– y todo un reparto de secundarios que no se habían visto en una así antes y que han dotado "de autenticidad de calle" al filme.

Gracias al retraso en la filmación que supuso el confinamiento, los intérpretes, la mayoría de ellos muy jóvenes, pudieron llevar a cabo un máster en cine de la época: desde Perros callejeros hasta Navajeros, pasando por Deprisa, deprisa y Colegas. "Es un cine con un atractivo impresionante. Era beber de los personajes del género y convertirme en uno de ellos", ha comentado Salgado, el único que había tenido contacto con este estilo antes del filme gracias a los cómics de El Víbora que coleccionaba su padre.

"Ha sido una suerte tener tanto tiempo de preparación. Nos ayudó muchísimo a meternos en el tema. Conseguimos ser una banda, una familia, antes incluso de conocernos físicamente y solo habernos visto por Zoom", ha explicado Vargas, quien había oído hablar de este subgénero a través de su padre pero nunca se había sumergido en él.

Para Monzón, el cine quinqui "es nuestro western particular". "Es un cine muy cercano que habla de nosotros", explicó, añadiendo que era una forma de entender el séptimo arte "muy arrolladora", hecha con mucha fuerza e inconsciencia, como se veía por ejemplo en las persecuciones, algo que el cine comercial de la época nunca trabajaba. "No había permisos y si había un choque, pues un choque que entraba en la película", ha bromeado, asegurando que competir contra esa insensatez era imposible. "Hemos tratado de suplir ese brío con más presupuesto", ha añadido. Algo que dota al filme de una mayor técnica, pero que desgraciadamente hacer perder su esencia.

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