Coronavirus en Gipuzkoa: el vacunódromo de Illunbe cierra el jueves tras administrar 430.000 dosis en siete meses

"No ha sido fácil, pero sí muy gratificante haber participado de esta experiencia", confiesa la responsable del equipo integrado por 50 enfermeras, 40 auxiliares y 27 celadores

27.09.2021 | 08:50
Sara Llanos, auxiliar de Enfermería, traslada el material utilizado en Illunbe

Nació sin referencias, fue el primer vacunódromo en Euskadi, y siete meses después sus artífices dicen haber cursado "un máster" a marchas forzadas. La sensación es ambivalente: "Nos da pena por tener que dejar el equipo humano, pero nos vamos con la satisfacción del deber cumplido". La enfermera Naiara Etxeberria es una de las tres supervisoras que ha velado en todo momento por el buen funcionamiento. El último pinchazo en Illunbe será el miércoles, clausurando así un centro en el que se han administrado nada menos que 430.000 dosis en siete meses.

Naiara Etxeberria, coordinadora del centro de vacunación en Illunbe. Foto: I.A.

La imagen que hoy ofrece el recinto nada tiene que ver con las largas colas, tan habituales, desde que este centro de vacunación masivo abrió sus puertas el 2 de marzo. A punto de echar el cierre, hay tan solo tres puertas operativas, mientras el equipo de gestión hace el inventario del material empleado. La OSI Donostialdea traslada a partir de ahora este punto referente de inoculación al Atano III. El jueves se cargarán los equipos necesarios para que el viernes, 1 de octubre, el frontón tome el relevo. Comenzará a funcionar con una capacidad de 600 dosis diarias que pueden llegar a duplicarse, en función de la evolución sanitaria y de las decisiones que se adopten. Todo parece encaminarse a un "salto cualitativo" hacia la normalidad.

Tan duro como "gratificante"


El escenario ha cambiado por completo respecto a la fecha en la que se inauguró el vacunódromo. Por aquel entonces solo un 2,20% de la población vasca había recibido la pauta completa. Había que acelerar el ritmo sin demora, siempre supeditado a la llegada de nuevos fármacos. "El inicio fue duro porque no teníamos referencias. No ha sido fácil, pero sí muy gratificante haber participado de esta experiencia. Incluso hay compañeros y compañeras que sienten estos días cierta nostalgia después de todo lo que hemos vivido", indica la supervisora de este recurso sanitario que, a la larga, ha sido fundamental para frenar la expansión del virus. El recinto multiusos de Illunbe sentó las bases y marcó referencias para otros puntos de vacunación masiva como el BEC de Barakaldo, La Casilla de Bilbao o el frontón de Lakua. Este enorme esfuerzo logístico y organizativo ha permitido inmunizar al 90% de la población vasca.


El equipo de Illunbe lo integran 50 enfermeras, 40 auxiliares, 27 celadores y diez administrativos. El personal ha tenido que adaptarse a todo tipo de situaciones. "Una compañera atendió hace unos días a una mujer que venía con su bebe a vacunar a un segundo hijo. Tenía que darle pecho y el bebé no paraba de llorar. Fue necesario improvisar una sala de lactancia con unos paneles", expone Etxeberria.

El trabajo ha sido gradual. Comenzaron habilitando dos puertas como puntos de vacunación con capacidad para unas 220 personas por día en un solo turno. A mediados de marzo Euskadi comenzó a coger ritmo, superando las 10.000 inoculaciones diarias y cada vez más cerca de alcanzar las 15.000. "Fue a partir de entonces, gracias a las nuevas remesas, cuando llegamos a vacunar a más de 8.000 personas en un solo día". Como recuerda la responsable, trabajaban entonces con todas las puertas del anillo superior de Illunbe a pleno rendimiento y la cancha de baloncesto habilitada para agilizar el ritmo de inmunización.

Etxeberria lo supervisaba todo. Reconoce que ha sido determinante el trabajo en equipo: carteles de señalización, servicios de mantenimiento, dispositivos informáticos, celadores, servicios de limpieza que se han ido ampliando conforme aumentaba el ritmo de trabajo... "Ha sido una pasada", resopla la enfermera.

Sara Llanos comenzó a trabajar en Illunbe el 7 de abril. "Soy de las trabajadoras a las que le da pena que se cierre Ilunbe porque aquí ha habido muchísimo compañerismo", admite sin reservas esta auxiliar de Enfermería de 46 años. A pesar de la monotonía en la que han podido caer realizando una labor funcional y sistemática frente a miles de personas, reconocen que la experiencia les ha marcado. "En cuanto vea en el Hospital a alguna compañera de Illunbe me voy a pegar a ella como una lapa", sonríe Llanos, que agradece tanto el trabajo del equipo interno como con los servicios externos del Hospital Universitario.

Las responsables del centro de vacunación no quieren dejar pasar por alto la respuesta que ha dado el sector de población más joven. Entienden que ha sido "injustamente tratado". Recalcan que acudieron a vacunarse de forma masiva, pese a la estigmatización que ha acompañado a este colectivo durante el verano, señalado como responsable de la quinta ola de coronavirus por las fiestas descontroladas, aglomeraciones y poco respeto de las medidas de prevención. En Illunbe, de puertas adentro, hacen otra lectura. "Se les ha machacado, pero aquí lo único que hemos visto ha sido la responsabilidad con la que ha gestionado cada uno su salud", observa Etxeberria.

Joseba Alonso, estudiante de 23 años. Foto: I.A.

Joseba Alonso es uno de los últimos jóvenes que se ha acercado estos días a Ilunbe. Está sentado cerca de la responsable, después de haber recibido la dosis de Pfizer. "Hemos sido bastante atacados, y es cierto que ha habido momentos en los que a alguno se le ha podido ir de las manos, pero la mayor parte actuamos con responsabilidad", corrobora este estudiante de Arquitectura de 23 años. La franja de edad de quienes están aprovechando a última hora para inocularse en Illunbe es muy amplia.

Ya no se organizan grupos por sectores de población como ha venido ocurriendo meses atrás. La gran mayoría son jóvenes como Joseba, y también se ve a algún que otro adulto de entre 40 y 50 años que ha retrasado el pinchazo por diferentes motivos. "Después de los mensajes masivos que enviamos a los más jóvenes para que acudieran cuanto antes, ahora lo que vemos estos últimos días es que vienen, de diferentes edades, de manera esporádica y por voluntad propia", explica la supervisora del centro de vacunación. Tampoco quiere olvidar otro caballo de batalla con el que ha tenido que lidiar: la sobreinformación. "Hay grupos que han venido con miedo y respeto, y otros muy seguros de sí mismos. Pero en todo caso, durante todo este proceso la sobreinformación no ha ayudado nada", observa el equipo directivo. "En otras situaciones no tenemos tantas dudas y vamos a recibir los cuidados con seguridad. En este caso, tener tanta información ha provocado un miedo innecesario".

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