La víctima del Infierno no tuvo “posibilidad” de salir

Agentes de la Ertzaintza declaran en el juicio que “el fuego devoró la casi totalidad del pabellón” impidiéndole escapar

05.11.2020 | 01:01

donostia – "La propagación fue muy rápida, las llamas eran muy altas y enseguida el fuego devoró la casi totalidad del pabellón". En estas circunstancias la víctima mortal del crimen del Infierno, que dormía en la buhardilla, no tuvo "posibilidad" de alcanzar la puerta principal de la nave y murió en las escaleras. Así lo mantuvieron ayer los cuatro miembros de la Ertzaintza que realizaron la inspección ocular de lo sucedido la madrugada del 1 de marzo de 2019 en este edificio ocupado, conocido como La fábrica, donde pernoctaban tres hombres, uno de los cuales murió, otro sufrió graves quemaduras y un tercero resultó con importantes lesiones al descolgarse por el balcón para evitar las llamas.

Estos agentes declararon en la quinta jornada del juicio con jurado que se sigue en la Sección Primera de la Audiencia contra el presunto autor del incendio, quien habría dado fuego al edificio con ánimo de venganza, en la creencia de que allí dormía el nuevo novio de su excompañera sentimental, quien lo había denunciado por violencia machista.

No obstante, el hombre contra el que supuestamente iba dirigido el ataque resultó ileso porque aquella noche no se encontraba allí.

Durante la sesión del juicio de ayer, los ertzainas, que realizaron inspecciones oculares antes y después del desescombro del edificio, comentaron que el origen del fuego tuvo lugar en las proximidades de la puerta de acceso peatonal situada en la fachada sur, atendiendo a las muestras de una "mayor carga térmica" e intensidad del fuego en este lugar.

Los policías detectaron un "acusado deterioro" del suelo por efecto de las llamas, así como la existencia de unas "marcas características", de color "acaramelado", indicadoras del posible uso de algún elemento "acelerante" en el incendio, como la gasolina. Según las acusaciones, aquella madrugada el procesado habría derramado unos cinco litros de este combustible, que portaba en una garrafa y que presuntamente había mandado comprar a un conocido en una gasolinera la tarde anterior.

Las escaleras actuaron como una chimenea porque, como describieron los agentes, "en cuanto la cubierta cedió, se produjo un efecto de tiro por el aporte de oxígeno por la parte de arriba" y esta zona, en la que luego se encontró el cadáver "carbonizado", quedó además "llena de cascotes y de trozos de madera".