Entre hosteleros y policías

La encrucijada de un sector que vive del bullicio y que tiembla ahora cada vez que se producen aglomeraciones

11.07.2020 | 01:14
Un camarero de un bar de la Parte Vieja de Donostia sirve pintxos durante la fase de desescalada. Foto: Efe

donostia – El foco está puesto en Goierri, y a él se dirigen miradas expectantes desde todos los rincones de Gipuzkoa. El brote de COVID-19 detectado el fin de semana en Ordizia, que ha tomado un curso inexorable, es un aldabonazo que parece marcar el punto de inflexión de una enfermedad que ha dejado de estar presente en las residencias de mayores para dar un salto cualitativo, afectando de lleno a un sector de población menos añosa, cuya salud no se ve tan comprometida pero que se convierte en un vector de contagio al que hace falta poner freno.

Este espejo en el que ningún municipio quiere mirarse, con un número creciente de positivos, ha tenido en el ocio nocturno su caldo de cultivo. La población infectada tiene una edad medida de 32 años, un sector de población con ganas de sacudirse tanta parálisis tras el confinamiento, a pesar de los insistentes llamamientos de las instituciones para actuar con precaución.

Claro que es fácil decirlo en este verano de lo más extraño en el que no hay fiestas, ni grandes eventos. Sí mucha juventud contenida que encuentra en el ocio nocturno el último reducto en el que refugiarse. El inconveniente se llama pandemia, y las aglomeraciones, el roce, y los contactos se sitúan en las antípodas de lo que dictan las autoridades sanitarias. "No es fácil buscar un equilibrio entre salir por la noche y garantizar la seguridad. Es un tema que nos preocupa mucho". Mikel Olabe es de los que tienen la mirada puesta en Goierri, aunque su establecimiento esté a más de 40 kilómetros del epicentro del brote. Regenta el bar Belea de la calle Juan de Bilbao de la Parte Vieja de Donostia, punto de encuentro habitual de centenares de jóvenes veinteañeros a los que frenar con dos tragos de más cuesta lo suyo. "Se ha puesto el foco en ellos pero a decir verdad tras dos gin tonics no solo son jóvenes quienes se olvidan de ponerse la mascarilla. Desde este lado de la barra se ven darse abrazos a todas las edades".

Todos los bares de esta calle, que comparten grupo de WhatsApp, han acordado iniciar una campaña de sensibilización a través de las redes sociales. Va a estar especialmente dirigida a la población más joven para que interiorice que es vital acudir a la barra con mascarilla y cuidar la distancia de seguridad. "Las medidas las cumplimos a rajatabla, ¿pero qué haces con tantas personas que una noche se quedan en la calle, fuera del establecimiento? Hablamos de mucha gente en vías estrechas en las que no se pueden garantizar las distancias. ¿Qué hacemos, vallamos la Parte Vieja para que no entren?".

cadena de contagios Eskoriatza, Itsasondo, Legorreta, Tolosa, Zegama... Una cadena de contagios dispersos va ganando terreno por la geografía guipuzcoana, con la calle Etxezarreta de Ordizia como origen de un foco cuya dimensión real se conocerá pasados unos días. "Lo que no quisiéramos es que se estigmatizase al sector porque los profesionales están actuando con celo en el cumplimiento de lo establecido". Los profesionales entienden que existe un problema con el modo en el que parte de la población vive el ocio nocturno, como si no existiera una pandemia que se ha cobrado la vida de 1.621 personas en Euskadi.

"Entiendo que nuestro trabajo ha sido correcto. Si esto hubiese sido un desmadre, no habríamos tardado nada en ser la primera página de los periódicos. No ha sido así. Hasta ahora los problemas se venían registrando en playas y paseos abarrotados, en sanmarciales, y en el aquelarre de Beasain. No sentimos que el desmadre se haya producido en la hostelería, no lo hemos sentido hasta ahora", admite Kino Martínez, secretario general de la Asociación de Hostelería de Gipuzkoa.

Iñaki Galarza, gerente del Café Irun, no abrirá por el momento la pista de baile de la discoteca de su establecimiento, en la localidad bidasoarra. "Vamos tirando con el bar y el restaurante. Con respecto al ocio nocturno, lo que está claro es que a partir de una hora es muy complicado decir a los clientes que dejen de bailar. Hacer de camarero y de policía al mismo tiempo no es posible", dice este profesional.

En Ordizia el empleo de mascarillas es obligatorio, y los titulares de establecimientos hosteleros "deben garantizar el cumplimiento de esta obligación", según las nuevas directrices establecidas por el Gobierno Vasco. Medidas que comprometen el trabajo de los hosteleros. "Realmente es muy cansino hacer constantemente un trabajo de concienciación social que no nos corresponde exclusivamente a nosotros por el hecho de regentar establecimientos. Es una labor de todos: Guardia Municipal, padres y madres, educadores y, sobre todo, de los propios chavales". El portavoz de la asociación de hosteleros percibe que durante el confinamiento se ha perdido un tiempo de oro para hacer ver "a todos los jóvenes" la verdadera dimensión de esta crisis sanitaria y económica que puede tener repercusiones irreversibles si vuelven a darse pasos atrás. "Si todos hubiésemos sido más conscientes en los entornos educativos, familiares y laborales con los colectivos por debajo de los 35 años, ahora no tendríamos que estar pagando esta situación", sostiene en portavoz.

En el negocio de Galarza la juerga nocturna tendrá que esperar. "Sabemos lo que es la noche. El consumo de alcohol y el volumen de la música siempre incita al cliente. Ante esa tesitura, es difícil encontrar un equilibrio entre animar a la gente y luego decirle que no, que no se puede bailar, que ni se pueden tocar".

A todo ello se une un problema añadido, como es el elevado número de contagiados asintomáticos, con una edad media cada vez más baja. Desde la Parte Vieja de Donostia reconocen que todo este escenario deja un poso amargo en el sector y una honda preocupación. "Hay mucho en juego. Desde luego que lo primero es la salud, en eso no hay dudas que valgan. Pero también hay que tener en cuenta que desde el punto de vista económico otro revés sería la estocada definitiva. Estamos siguiendo lo que ocurre con mucha expectación. Es curioso: vivimos de las aglomeraciones, y siempre las hemos recibido con los brazos abiertos. Ahora es todo lo contrario. Ahora con el bullicio nos ponemos todos muy tensos", reflexiona Olabe.

"Después de dos gin tonics no solo son los jóvenes quienes se olvidan de la mascarilla"

mikel olabe

Bar Belea. Parte Vieja de Donostia

"Es muy cansino hacer un trabajo de concienciación social que no solo nos corresponde a nosotros"

kino martínez

Asociación de Hostelería de Gipuzkoa

"En el trabajo vemos que hacer de camarero y de policía al mismo tiempo no es posible"

iñaki Galarza

Gerente de Café Irun

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