Se avecina tormenta. El calendario de transferencias que prometió el Gobierno español para cumplir el Estatuto de Gernika y para que las instituciones vascas asuman las competencias que les corresponden se ha convertido en algo similar a los propósitos de año nuevo, que se escriben en un papel en un puro ejercicio de voluntarismo y que rara vez se cumplen. Hace ya un año que el calendario con una treintena de materias no se mueve un ápice. El pasado martes día 10 de mayo se cumplió un año desde el Gobierno español firmó con el vasco el último paquete de este cronograma. La situación se asoma a un punto crítico.

Desde entonces, solo se ha firmado la transferencia del Ingreso Mínimo Vital pero es una cuestión que no figuraba en el plan, porque es una ayuda social de nueva creación en el Estado y surgió sobre la marcha. El último movimiento de Sánchez para cumplir la palabra dada con el calendario se remonta a un año atrás, cuando la Comisión Mixta de Transferencias se reunió en Bilbao, con la consejera Olatz Garamendi y el ministro Miquel Iceta a ambos lados de la mesa, para firmar el histórico traspaso de la gestión de las prisiones, además del transporte por carretera, el edificio sede del Distrito Marítimo de Ondarroa y el código bibliográfico ISSN.

En ese sentido, la consejera Garamendi ha culminado una semana de advertencias públicas que son un síntoma de que este problema está tensionando las relaciones. El incumplimiento de un Estatuto que es ley, que lleva más de cuatro décadas soportando retrasos, y cuyos traspasos forman parte del acuerdo de investidura entre Sánchez y el PNV es una amenaza real para la salud de las relaciones entre ambas partes.

El Gobierno español argumenta que existen problemas técnicos y hay dificultades, algo que nunca ha negado la parte vasca, muy consciente de las resistencias entre los funcionarios estatales. Pero da la sensación de que hay algo más. Algo que tiene que ver con las prioridades de La Moncloa o con el criterio de oportunidad política, y que además podría sostenerse en el tiempo hasta el fin de la legislatura.

ANDALUCÍA Y LAS "CESIONES A LOS VASCOS"

La proximidad de las elecciones andaluzas de junio, en una de las comunidades donde circulan más los mensajes centralistas y donde se agita el discurso de las cesiones a los vascos y los catalanes, puede ser un factor que frene la mano de Sánchez. Pero la perspectiva podría ser aún peor en los próximos meses porque habrá un goteo constante de comicios. En mayo del próximo año tendrán lugar las elecciones en varias comunidades autónomas, las municipales en todo el Estado, las forales en Euskadi, y poco después, en torno a noviembre, tendrían lugar las generales. Se da la paradoja de que, echando tierra sobre las transferencias, Sánchez provoca una situación muy incómoda a sus propios compañeros de filas del socialismo vasco en precampaña.

Lo que puede constatarse es un cambio evidente de discurso en Sánchez, donde a la hora de hacer frente a la ultraderecha ha perdido peso el argumento del Estado autonómico, y pone el foco en las prestaciones sociales y el perfil de izquierdas para confrontar con Vox. Parece que la segunda y última mitad de su legislatura la quiere enfocar con esas prioridades y no con otras.

Antes de este movimiento, Sánchez ya había dejado ver que no termina de dar con la tecla o con el rumbo para el Ministerio de Política Territorial, por donde han pasado ya cinco responsables: Batet, Planas, Darias, Iceta y la actual ministra Isabel Rodríguez, quien además es portavoz y tiene la agenda desbordada de compromisos. A todo esto se le suma que los sucesivos gobiernos españoles, no solo el de Sánchez, han utilizado las transferencias como contrapartida para tratar de ablandar la posición del PNV en negociaciones duras y determinantes como las de los Presupuestos. Esa tentación está ahí y podría resurgir este otoño.

EL ANTES Y EL DESPUÉS

Hasta hace poco, se había atribuido el frenazo a los grandes esfuerzos que estaba exigiendo la transferencia del Ingreso Mínimo Vital. La negociación provocó una crisis sin precedentes en la relación entre Sánchez y el PNV y hubo que realizar mucha cocina para superar las resistencias del ministro de la Seguridad Social, José Luis Escrivá. Pero parecía asumido que, una vez superado ese traspaso, como si fuera un tapón, el resto podrían fluir con mayor agilidad. No ha sido así. La tramitación de los Presupuestos, el repunte de la pandemia, el proceso de vacunación e incluso la guerra de Ucrania han servido como argumento al Gobierno español para demorar este debate. Incluso se ha llegado a un punto en el que no hay respuesta a las ofertas del Gobierno vasco.

La consejera Garamendi ha enviado cuatro documentos para abrir el diálogo sobre los permisos de trabajo en inmigración, la gestión del litoral, meteorología y el fondo de protección a la cinematografía. Además, envió alegaciones sobre los trenes de cercanías que tampoco han tenido respuesta. De hecho, ha revelado que el primer documento del Gobierno español supone un retroceso con respecto a los planteamientos que defendía en 2019. Se da la circunstancia de que ese mismo traspaso tendría que haber llegado el año pasado y se prometió que formaría parte del mismo paquete que el IMV.

SÁNCHEZ EN BARAKALDO

En los primeros compases de su etapa, Pedro Sánchez se presentaba no solo como el garante de la plurinacionalidad, sino que, en un discurso en Barakaldo en 2019, prometió dar cauce a las transferencias necesitara o no los votos del PNV, y dijo que el Estado autonómico es "una bandera" del PSOE, un modelo que está "puesto en cuestión por la derecha y la ultraderecha".

Los socialistas recurren con frecuencia a la comparación con Rajoy y dicen que con él no se produjo un solo traspaso, pero lo que no recuerdan es que su compromiso se ha incumplido. Con Sánchez en Moncloa, solo se han transferido dos líneas de tren por sentencia del Tribunal Constitucional, la AP-68, el seguro escolar, productos farmacéuticos, ayudas previas a la jubilación en empresas en ERE, la gestión de las cárceles, transporte por carretera, ISSN, el edificio del Distrito Marítimo de Ondarroa y, fuera del calendario, el IMV. Con este balance, el Gobierno español redondea por lo alto y habla de once traspasos.

LOS DEBATES PENDIENTES

Además de que quedan una treintena de traspasos, el Ejecutivo español ha tratado de enfriar en público algunos de ellos, como el de los aeropuertos. Tampoco parece muy proclive a tratar los puertos porque le parecen de interés general. Y, aunque el IMV haya abierto camino para seguir firmando convenios y transferir prestaciones no contributivas de la Seguridad Social relacionadas con los hijos o el cáncer, es una materia que Madrid quiere dejar para el final y que, de hecho, aparece en solitario en el último bloque del cronograma del Gobierno español. Con los trenes de cercanías, han surgido fricciones a la hora de transferir la infraestructura, las líneas que salen de la CAV en algún momento del trazado o las que llevan a infraestructuras de interés general.