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Las exigencias del PP en el estatus amenazan el diálogo “cordial” sobre los presupuestos

Alonso mantiene una reunión larga con Azpiazu, pero la negociación está abocada a la ruptura por su condición previa

Míriam Vázquez - Jueves, 11 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:03h

El líder del PP de la comunidad autónoma, Alfonso Alonso, cruza con gesto serio delante de Erkoreka y Urkullu en un Pleno.

El líder del PP de la comunidad autónoma, Alfonso Alonso, cruza con gesto serio delante de Erkoreka y Urkullu en un Pleno.

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El líder del PP de la comunidad autónoma, Alfonso Alonso, cruza con gesto serio delante de Erkoreka y Urkullu en un Pleno.

Donostia- La opción de pactar los presupuestos autonómicos del próximo año con el PP y dar continuidad de ese modo a los acuerdos de los dos últimos años se está topando con un muro infranqueable. Formalmente, el Gobierno Vasco está hablando sobre las cuentas con el PP, y ayer por la tarde mantuvieron un primer encuentro de alto nivel en el que estuvieron presentes el consejero Pedro Azpiazu y el líder de los populares, Alfonso Alonso, y donde se debatió sobre asuntos económicos largo y tendido y en tono cordial, según pudo saber este periódico. Se emplazaron a un nuevo encuentro tras esa “extensa” reunión. No obstante, fuentes del PP consultadas por este diario aclaran que, aunque están dispuestos a hablar, no tiene sentido entrar en una negociación propiamente dicha si no se cumple una condición previa de tipo político que nada tiene que ver con los presupuestos: que el PNV rompa su acuerdo sobre las bases del nuevo estatus de autogobierno con EH Bildu.

Esa condición es “inexcusable” y “previa”, de manera que, salvo que el PP revise su posición, el diálogo está abocado a la ruptura tarde o temprano, una auténtica paradoja cuando parece que, en términos estrictamente presupuestarios y económicos, hay sintonía. La exigencia sobre el estatus abre un choque absoluto con el Gobierno Vasco, porque el lehendakari ha delimitado con claridad el terreno de las cesiones a los asuntos económicos, y no tendrá en cuenta ningún planteamiento político en las cuentas. A finales de este mes se podría producir un momento crítico. En concreto, la condición del PP se plasma en la práctica en su exigencia de que el PNV respalde la proposición no de ley que ha registrado en el Parlamento, donde se pide que la Ponencia de Autogobierno “detenga el procedimiento en marcha y continúe reuniéndose hasta obtener un mayor grado de consenso y articular las bases dentro del ordenamiento jurídico vigente”. Rechaza el derecho a decidir y la nacionalidad vasca. El plazo de enmiendas termina el miércoles, y el PP quiere llevar el debate de la proposición a Pleno a finales de mes. El PNV votará en contra.

como eh bilduEl único resquicio que queda es que el PP revise su posición y module su condición previa sobre el estatus. No sería una extravagancia, porque EH Bildu ha hecho algo muy parecido: comenzó pidiendo al PNV que rompiera su Gobierno con los socialistas, y ahora ha aparcado ese planteamiento y está hablando de complementos de pensiones, brecha salarial y empleo juvenil.

Los jeltzales ven muy complicado llegar a un acuerdo con el PP, y creen que le está superando su deseo de tomar represalias contra el PNV por el desalojo de Mariano Rajoy de La Moncloa, aunque ello suponga sacrificar su influencia política en suelo vasco.

El Gobierno Vasco y el PP no quisieron entrar a valorar el contenido de la reunión de ayer ni las propuestas que pueden estar sobre la mesa. El PP realizará su primer balance la próxima semana. La discreción dentro del departamento de Hacienda es máxima y sigue defendiendo que puede haber diálogo, pero en ámbitos jeltzales las previsiones son negras y ven extremadamente difícil el acuerdo con los populares.

Al PNV ni se le ha pasado por la cabeza paralizar los trabajos de la Ponencia de Autogobierno y, en cualquier caso, ya es tarde porque los juristas han sido designados y han recibido el encargo parlamentario. El Gobierno Vasco es de coalición con los socialistas, pero tampoco ahí va a rascar nada el PP con este planteamiento porque el lehendakari ha fijado con claridad la directriz de ceñirse a las cifras que están sobre la mesa de las conversaciones.

Esta condición, que es inasumible para el Gobierno Vasco, supone que el PP renuncie a ejercer su influencia política en estos presupuestos. El PP, que no gobierna ninguna de las principales instituciones de la comunidad autónoma, tiene en la negociación presupuestaria su única atalaya para tener protagonismo en la política vasca. El año pasado se anotó una victoria importante cuando provocó una rebaja en el Impuesto de Sociedades, cuando ese debate se daba ya por zanjado y había provocado algunas tensiones entre el PNV y el PSE. En ese momento, pidió abordar cara al futuro una revisión en el IRPF a la que ahora renunciaría si diera un portazo.

El Gobierno Vasco necesita al menos la abstención de un grupo de la oposición o, ajustando al mínimo, la abstención de dos parlamentarios, como ha ofrecido EH Bildu a comienzos de esta semana. La coalición ha modulado propuestas como el complemento de pensiones, porque ya no exige garantizar la prestación de 1.080 euros sino “tender a esa cifra”.

No obstante, su propuesta por escrito no llegará hasta después del Consejo Vasco de Finanzas que tendrá lugar hoy, y existe el riesgo de que las buenas previsiones de la recaudación espoleen sus reivindicaciones y suba su precio por encima de lo que puede asumir el Gobierno Vasco.

La cautela es la nota dominante, sobre todo después de que el PNV interpretara como un síntoma de desgana su apuesta por ofrecer solo dos abstenciones.

En cualquier caso, EH Bildu podría decantarse por dar su respaldo tras años de enfrentamiento si lo vincula con su acuerdo en el nuevo estatus de autogobierno. Por otro lado, el pacto con Elkarrekin Podemos es ahora mismo inviable porque su propuesta supone un desembolso de 1.500 millones e incluye el rescate público a La Naval, que sería penalizado por Bruselas.

las medidas del ejecutivoEl Gobierno Vasco no ha cerrado de manera oficial la puerta a ningún partido ni ha dado por rota ninguna negociación, pero el juego se sitúa claramente entre EH Bildu (a la espera de que concrete sus propuestas) y el PP (salvo que mantenga hasta el final su condición previa sobre el estatus). El lehendakari ya matizó que no sería ningún drama prorrogar las cuentas porque, a diferencia de lo que sucedió en 2013, el escenario actual es de crecimiento económico y el margen para gestionar la situación es mayor.

Eso sí, Urkullu ha colocado toda la presión sobre los grupos de la oposición y, muy en concreto, sobre la izquierda, concretando en cifras lo que está en juego en esta negociación. Ha puesto en valor que el gasto social superará por primera vez los 7.000 millones de euros, y prevé una subida del 2,25% en la Renta de Garantía de Ingresos y el salario a los funcionarios. Urkullu se encuentra en una situación frustrante. Precisamente el año en que tenía mayor margen económico para hacer cesiones, se está encontrando con condiciones políticas.


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