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Patxi Goñi alpinista

“Me hubiese avergonzado regresar con una foto en la cima del Manaslu metido en una procesión de turistas”

Patxi Goñi Lobera (Lumbier, 06/07/64) volvió del Manaslu sin hacer cumbre y apenado al descubir que su pasión se había convertido en una salvaje forma de turismo

Jon Viedma Carrera - Jueves, 11 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Patxi (i), con su amigo catalán Barraca, en el Campo 1 del Manaslu. Fotos: Patxi Goñi (patxigoni.wordpress.com)

Patxi (i), con su amigo catalán Barraca, en el Campo 1 del Manaslu. Fotos: Patxi Goñi (patxigoni.wordpress.com)

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Patxi (i), con su amigo catalán Barraca, en el Campo 1 del Manaslu. Fotos: Patxi Goñi (patxigoni.wordpress.com)Una mujer sube el Manaslu con un abrigo de vestir.Las numerosas tiendas del Campo 1.

Donostia- Pasados unos días desde su vuelta del Manaslu, ¿se arrepiente o se reafirma en su decisión?

-Cómo me voy a arrepentir... (risas). Estoy más convencido. Cuanto más veo las imágenes, más me doy cuenta de la locura que era aquello.

Para quien no haya visto su famoso vídeo, ¿qué es lo que se encontró?

-El campo base era una auténtica ciudad de montaña, de las grandes. No acertaría cuántas tiendas había, pero había una gran cantidad de expediciones. Sabíamos que nos íbamos a encontrar eso, más o menos era asumible, pero con lo que no contaba era con encontrarnos prácticamente lo mismo en los campos de altura. Esto sí que ya era absolutamente insoportable. Estar en el Campo 1, a más de 5.800 metros, unas cien tiendas de campaña... no era ni gobernable, ni práctico, ni éticamente asumible, ni para mí ni para mi compañero.

Una ciudad entera de tiendas.

-Sí, y porque no da para más... El Campo 1 es un serac -bloque de hielo de formas irregulares producto de la fragmentación de un glaciar- que hace como una cima un poco llana y todo el territorio “habitable” estaba lleno. Como no había sitio, había tiendas de campañas al lado de grietas, buscando el mínimo resquicio que quedaba. Todo lo que se podía ocupar estaba ocupado, era delirante.

Un ‘resort de hielo a casi 6.000 metros. Incomprensible.

-No lo asumes, no lo asimilas, cada vez que salíamos de la tienda y mirábamos a la montaña solo veías tiendas de colores y gente andando. Era un caos.

Y todo por 22.000 euros.

“Había tiendas al lado de grietas, buscando el mínimo resquicio. Todo estaba ocupado. Era delirante”

-Unos eso, y otros seguramente más. Como la inmensa mayoría eran expediciones comerciales, con todo incluido, la media de dinero sería esa.

Y un sherpa como asistente, tratado como animal de carga para suministrar todo lo necesario.

-Los sherpas siempre portean muchísimo peso porque es su trabajo y es con lo que se ganan la vida, pero han alcanzado otro nivel. Son auténticas bestias de carga. Tienen que subir desde abajo las tiendas, las mochilas, todo el oxígeno, el equipo... La gente sube con las manos en los bolsillos o con bastones y lo demás recae en los porteadores, por lo que el peso que llevaban antes se ha duplicado.

¿Y quién gana dinero con esto?

-Seguir el rastro a este dinero sería bucear en terrenos procelosos. Los permisos de ascensión y entrada a parques nacionales se pagan al Gobierno. Hay muchos millones que entran a Nepal y Pakistán por este motivo. Gana mucho el Gobierno, algunas manos ocultas también bajo manga, las agencias, los sherpas (aunque no el que se merecen...) Se mueve muchísimo dinero.

Un ambiente en el que es difícil abstraerse para hacer una ascensión clásica y por placer.

-Tienes que poner en la balanza qué es lo que está en juego y qué es lo que más te satisface. Si eres capaz de inhibirte de esto, asumirlo y que una cima en estas condiciones te satisfaga, pues adelante. Si no, esta manera de subir la montaña, si la cumbre no vale cualquier manera de hacerla, no puedes tragar con esto y no queda otra que darle la espalda y optar por otros objetivos o por otras maneras de hacerlo. Pero así no. Esa cumbre, de haberla conseguido, no me hubiera venido satisfecho a casa. Me hubiese avergonzado estar en fotografías metido en estas procesiones de nuevos turistas de la montaña.

¿Esto solo pasa en el Manaslu o también con otras cimas?

-Con el Everest hace muchos años que está pasando. Afortunadamente, cuando lo subí en el 2001 todavía no había llegado este boomturístico y lo pude hacer en relativa intimidad, en muchas ocasiones en soledad, disfrutando. El K2 está ya infectado. El Manaslu muchísimo, porque es gente que antes iba al Cho Oyu o al Shisha Pangma, pero las agencias chinas han subido los precios en esas dos montañas y esa gente ha recalado en el Manaslu, que se ha puesto de moda. Aunque habrá otros ochomiles sin esta masificación. He estado en el Kanchenjunga y el Makalu solo y supongo que esas montañas siguen en este ambiente, pero hay varios ochomiles que, si tienes ética alpinística, es imposible recalar allí.

¿De qué nacionalidades son los que pagan por este turismo?

“La gente sube con las manos en los bolsillos y el oxígeno, las tiendas y el equipo recae en los sherpas”

-De todo el mundo, pero principalmente chinos. En el Campo 1 subieron un buen montón de sherpas a montar una de las tiendas-comedor grandes, que solo se suelen montar en el Campo Base, para una expedición de 30 chinos que iba a subir. Suelen ser los que ocupan todas estas montañas de forma masiva, pero nadie se libra de este boom.

¿Y qué les queda a los que, como usted, quieren evitar este tipo de compañía en la montaña?

-Anda que no hay montañas en el mundo para subirlas con intimidad (risas). En cuanto la cima tiene menos de 8.000 metros, no hay ningún problema. Hay seismiles preciosos prácticamente vírgenes, sigue habiendo zonas inexploradas... y sietemiles de gran envergadura en los que no va a haber nadie. El año pasado estuve en el Chogolisa -7.665 metros- con cuatro compañeros y estábamos absolutamente solos. Siempre va a haber este tipo de montañas y hacia ahí es donde habrá que ir ahora.

Ese hecho de que en cuanto la altitud baja de 8.000 metros no hay problemas de masificación, refuerza todavía más el ‘postureo’ de este turismo, que solo busca una imagen en la cima. Un ‘vertedero’ de ambiciones, según lo define usted.

-Así es. Solo es una foto en la cima de un ochomil. No importa cómo se ha hecho, de qué manera, el cuándo o el por qué. Es la imagen, colgarla en las redes y que se sepa que se ha estado ahí, supongo que para el ego personal. Lo que realmente importa es la cima a cualquier precio.

Y depreciando el valor de hacer esa cima, los turistas ni huelen el peligro. Cuenta en su blog que cayó un alud cerca de un grupo y nadie se inmutó.

-La inconsciencia es total y absoluta, y la falta de respeto también. La gente cuando va en manada, no piensa individualmente y tiene esa falsa sensación de seguridad. Les cayó una avalancha y no vi correr a nadie ni apartarse, todo el mundo estático esperando a que parase. Afortunadamente paró a metros, pero si hubiese seguido se hubiese llevado a 30.

Y el peligro no es solo para ellos, sino también para los que les siguen, sean alpinistas o turistas.

-Por supuesto. No es lo mismo estar pasando durante diez minutos que durante tres horas por un lugar delicado donde normalmente caen avalanchas, como es el caso del Manaslu. Cuando hay 100 o 150 personas colgando de la misma cuerda, las posibilidades se multiplican exponencialmente, y el riesgo es enorme. La gente se piensa que habiendo sherpas no va a pasar nada.

Además de correr riesgo y hacérselo correr a otros, esta gente se pierde mucho de lo que es la montaña al ver la cima como un objetivo y no como un camino, una parte esencial.

“Cayó una avalancha y no vi correr a nadie. Por fortuna paró a metros. La inconsciencia es total”

-Es que el trekking para mí es una parte consustancial en una expedición. Me lo quitas y no voy a una montaña. Me gusta subir y regresar andando, y gran parte de la gente ha eliminado esto. Va en helicóptero desde Katmandú -capital de Nepal- hasta Samagaon, ya para subir al Campo Base directamente en un día. Entonces este proceso de aclimatación, de acercarte a la montaña, está olvidado. La gente llega en helicóptero, sube al Campo Base y ahí tiene su arsenal de bombonas de oxígeno para llegar a la cima. Nada de aclimatación. ¿Para qué estar un mes aclimatándose si en una semana puedo hacer cumbre? Esa es la filosofía que hay ahora.

Una filosofía que pierde totalmente la esencia del alpinismo.

-No es alpinismo, es otra cosa. El alpinismo ha sido desterrado y sustituido por puro turismo, del que no estoy ni a favor ni en contra, pero este turismo tan irrespetuoso no lo puedo asumir. No me queda otra que poner los pies en polvorosa e irme a otro lugar.

Además de lo que es la propia montaña, esa gente se pierde los pueblos y las culturas de la zona, algo que a usted le gusta conocer.

-Encima en un trekking tan largo y bonito como éste, en el que estás ocho días recorriendo los valles y aldeas conviviendo con la gente de Nepal, que es una riqueza increíble y que la gente lo anula por no saber, por ver una foto de una cima colgando en casa o en un despacho pasando por alto todo lo demás. Es una inconsciencia. Ese no saber dónde están les incita a perderse una parte esencial de lo que es una expedición de montaña, que es conocer el país y la cultura en la que te mueves. Es absurdo.

Cuando vuelve de una expedición, suele proyectar un documental de lo que filma en sus expediciones. ¿Tiene ganas de hacer uno ahora, aunque sea de denuncia?

-He vuelto un poco desilusionado en cuanto a hacer una película porque he filmado poco en montaña, del Campo Base al Campo 1, pero sí que he grabado el regreso por los valles, la selva, las gentes... Probablemente sí que haga una película para dejar constancia de que existe esta realidad en el Himalaya, y que la gente asuma cómo se está echando a perder un mundo que me ha proporcionado años y años de felicidad y que ahora veo con tristeza como se está yendo a la mierda.

etiquetas: manaslu, patxi goñi


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