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Más allá de la tradición

La familia popularmente conocida como los ‘Paxo’, que debe su mote al antiguo paso a nivel de Zarautz, se ha visto homenajeada con una placa que, desde ahora, luce en el nuevo paso inferior.

Un reportaje de Nagore Odriozola - Martes, 9 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Los ‘Paxo’, en la inauguración del paso inferior de Zarautz que lleva una placa en su nombre. Fotos: N.G.

Los ‘Paxo’, en la inauguración del paso inferior de Zarautz que lleva una placa en su nombre. Fotos: N.G.

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Los ‘Paxo’, en la inauguración del paso inferior de Zarautz que lleva una placa en su nombre. Fotos: N.G.

Zarautz es un pueblo que siempre ha convivido en más o menos armonía con el tren que lo cruza de pleno. Casi como si de una tradición se tratase, es realmente común ver a niños de corta edad saludándolo al pasar. Agitan la mano y gritan, generalmente acompañados de la persona que los lleva en brazos, un “agur trena!” que, a la larga, probablemente les traiga recuerdos gratos de su infancia. Pero, a la par que querido, el tren siempre ha sido como esa bestia a la que se debe respeto en las historias de ficción, ya que también ha traído desgracias al pueblo. Aunque no hayan sido muy comunes, sí ha habido algún accidente mortal en el ya histórico paso a nivel entre Santa Clara y San Francisco.

Precisamente ese tramo que conecta ambas calles ha sido testigo durante 20 meses de las obras que han culminado recientemente y que han servido para sustituir aquel paso a nivel por un paso inferior “mucho más seguro y cómodo”, aseguraban en su presentación los dirigentes del Ayuntamiento de Zarautz. Tal ha sido la expectación durante estos últimos meses por parte del pueblo en torno a estas obras, que era de esperar la resonancia que ha tenido la placa colocada justo en la parte superior de la boca del túnel. En ella se lee Paxo y es un homenaje a la familia popularmente conocida de esa manera.

Libe Olazabal es una de las bisnietas de Joxe Olazabal y Eulali Iruretagoiena. Ambos fueron quienes en su día se encargaban de subir y bajar la barrera para proteger a los vecinos cuando el tren pasaba por el “pasonivel”. De ahí el apodo Paxo. Al parecer, cuenta Olazabal, siempre se creyó que fue su bisabuelo quien se hacía responsable de la tarea, “porque fue un hombre que se encargaba del mantenimiento de las vías”, pero, en realidad, hace poco han descubierto que de esta tarea concreta se encargaba sobre todo su bisabuela.

Al principio, en lugar de una barrera, Iruretagoiena “utilizaba una cadena para cerrar el paso”, cuentan varios familiares. Después llegaron las barreras manuales pero según afirman sus descendientes “lo hacía todo de forma gratuita”. Años después este oficio fue regulado y remunerado, y así continuó hasta que se implantaron las barreras automáticas. Durante ese periodo de tiempo sus hijos y su marido siempre estaban ahí para colaborar con ella pero Olazabal también tenía que encargarse del mantenimiento de las vías. Su bisnieta, Libe, recuerda también haber escuchado a su padre contar en alguna ocasión cómo su abuelo “solía caminar desde Zarautz hasta Oikia para asegurarse del buen estado de las vías del tren”.

En tiempos en los que “parte del beneficio obtenido de los cerdos debía ser entregado a la Guardia Civil”, cuenta la zarauztarra, “al parecer llegaron a un acuerdo con el maquinista del tren para que tocara la bocina lo más fuerte posible al pasar por el pueblo”. Así “aprovechaban para matar a los animales y no tener que perder parte de sus ganancias injustamente”, relata Olazabal recordando una anécdota que también escuchó contar a su padre.

Los relatos han ido pasando de generación en generación en el seno familiar de los Olazabal. Sobre todo aquel que les convirtió en los Paxo prácticamente de por vida. Tal fue la transcendencia de aquel antiguo oficio y de las personas que en su día lo llevaron a cabo que resulta ser uno de los pocos motes que ha perdurado en el pueblo durante tantos años. “La familia siempre ha tratado de inculcar a las próximas generaciones lo que supone este legado”, afirman desde el seno familiar que, conscientes de que “es complicado” que algo así sea recordado toda la vida;celebran que el Ayuntamiento de Zarautz aceptase poner una placa en el nuevo paso inferior a modo de pequeño homenaje.

Tras varios años contemplando la necesidad de hacer desaparecer el paso a nivel del centro del pueblo zarauztarra, la noticia de las obras inminentes “nos pilló a tiempo” asegura Libe Olazabal. “Mi padre y sus primos decidieron reunir a toda la familia en ese tramo que conecta Santa Clara y San Francisco, y nos hicimos una foto para la posteridad”. La historia no se debe olvidar jamás y qué mejor forma de no hacerlo que dejándola retratada.


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