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La alerta por acoso sexual en institutos y universidades vascas llega al Parlamento

Una tesis desvela las “preocupantes” dificultades de alumnos de entre 15 y 17 años para pedir ayuda en el ámbito educativo
Estudiantes de la UPV/EHU han presentado siete denuncias por violencia física, otras tres por intimidación psicológica y cuatro por acoso sexual

Jorge Napal Ruben Plaza - Martes, 9 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Alumnos universitarios toman apuntes en su primer día de clase.

Alumnos universitarios toman apuntes en su primer día de clase.

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Alumnos universitarios toman apuntes en su primer día de clase.

“Las estudiantes no denuncian por miedo a represalias. Se conoce la punta del iceberg” “Toda universidad busca convertirse en Harvard, pero eso pasa por ganar en transparencia” “Hay chicas que acaban siendo repudiadas y se tienen que ir del instituto y a veces del pueblo”

donostia- Puede haber desidia, desmotivación o falta de constancia, pero “en ningún caso” las instituciones vascas ni la comunidad educativa pueden permitirse que el acoso sexual o sexista se convierta en una piedra en el camino que frene la trayectoria académica de un estudiante. Así quedó de manifiesto ayer en el Parlamento Vasco, donde se abordó un problema que afecta a edades cada vez más tempranas. La mayoría de los institutos vascos registran hoy en día casos de ciberacoso sexual, que afloran de modo preocupante a partir de cuarto de la ESO y primero de Bachiller. Son abusos que persisten en la universidad.

El acoso está presente en más de la mitad de los campus del Estado. En la UPV/EHU, en concreto, se han registrado catorce casos, siete por violencia física, tres psicológica, y cuatro por acoso sexual.

La Comisión de Educación del Parlamento Vasco acogió ayer dos comparecencias que permiten visibilizar esta realidad emergente. Supone, como concluyeron los ponentes, un motivo de reflexión para la comunidad educativa y la sociedad en su conjunto. Hay chicas que aseguran recibir mensajes anónimos referentes a sus cuerpos. En ocasiones, la presión se torna tan insoportable que “acaban siendo repudiadas, y tienen que irse del instituto y a veces del pueblo”. La investigadora Estíbaliz Linares puso ayer negro sobre blanco las desigualdades de género que se dan entre los adolescentes en Internet, cuyas consecuencias trascienden las cuatro paredes de la escuela.

Ocho de cada diez estudiantes adolescentes aseguran leer comentarios machistas en la red. Ese mismo porcentaje de estudiantes recibe continuamente por estos medios fotos de chicas desnudas, sobre todo por WhatsApp, “en los que se trata a las mujeres como un mero objeto”. Son algunos de los resultados de la tesis doctoral El iceberg digital machista, que culminó en el mes de marzo en la Universidad de Deusto y que fue presentada ayer por la investigadora. El estudio se basa en los cuestionarios respondidos por 778 alumnos de once institutos vascos.

La creciente sensibilidad de los centros escolares y la aparente eficacia de programas contra el acoso, como el finlandés KiVa de las ikastolas, o Bizikasi, en las escuelas públicas, parece encontrar un nuevo reto en el uso que hacen los alumnos de las redes sociales. Hay, de hecho, un realidad virtual que cada vez está más alejada del control del profesorado.

relaciones de controlRespecto al uso de las nuevas tecnologías y las relaciones de pareja que se establecen, las chicas que dicen “controlar” a sus novios a través de WhatsApp, en realidad lo hacen “por inseguridad y miedo a que se vayan con otra chica porque no se creen suficiente para él”. Cuando son ellos quienes ejercen el control, esta actitud se corresponde con “una relación tóxica o violenta hacia su pareja”, alertó Linares.

Se quiera o no, las nuevas tecnologías son parte indispensable de la vida de estos chavales, el modo de relacionarse con el mundo, pero se advierten desigualdades. A este respecto, el estudio indica que se produce “una segunda brecha digital de género”, ya que el 75% de los chicos dicen que quieren ser informáticos o youtubers y solo dos de cada diez chicas aspiran a serlo. Linares consideró “preocupantes” las dificultades que encuentra este alumnado para pedir ayuda porque en el ámbito educativo “los profesores muchas veces carecen de habilidades personales y sociales, y en las familias hay una distancia generacional y tecnológica que lo dificulta”. La tesis apunta a la necesidad de trabajar con estos jóvenes con sus herramientas y desde las redes sociales. “Hace falta que se pongan en marcha protocolos para tratar estos temas en los centros, y que se fomenten estos valores de forma transversal desde edades más tempranas, teniendo en cuenta la importancia que tiene la educación dentro de las familias”.

De no ponerse remedio a tiempo, las cosas no hacen sino complicarse con el tiempo, según avanza la trayectoria académica. La revista feminista Pikara Magazine ha creado una base de datos que recoge las denuncias de violencia física, psíquica y acoso sexual en las universidades públicas del Estado. El resultado de este informe, que investiga las formas de lucha contra el acoso sexual y laboral, es demoledor. Más de la mitad de las 50 universidades evaluadas registran algún episodio de este tipo.

A las oficinas de Igualdad llegan todo tipo de avisos: frases hirientes, vejaciones, humillaciones, denigraciones a las mujeres durante las explicaciones en clase, espionajes en los lavabos, propuestas de sexo indebidas… Los datos recuperados por este medio sobre las universidades públicas del Estado han sido obtenidos a través de las Unidades de Igualdad de cada centro universitario.

A ningún centro académico le gusta airear este tipo de episodios, y no lo ponen fácil cuando alguien se propone hacerlo. Los investigadores revelaron ayer durante la Comisión en el Parlamento Vasco que han tenido que apelar a la Ley de Transparencia para conocer los datos. Así han podido conocer que en la UPV/EHU se han registrado catorce denuncias por acoso sexual, por las diez en la Pompeu Fabra, ocho en la Autónoma de Barcelona (UAB) y cuatro en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), entre otras.

En total, en todos lo campus se han registrado 236 casos. Según alertó ayer la periodista Yuly Jara, autora de la investigación junto a Miguel Egea, “estos casos son tan solo la punta del iceberg” tiendo en cuenta que un 24% de las estudiantes manifiesta sufrir acoso sexual en el ámbito universitario, según el estudio Las violencias sexuales en las universidades: cuando lo que se denuncia no existe.

Jara expuso que muy pocas veces la persona afectada denuncia, ya sea por vergüenza, por el estigma el miedo a no ser creída, por el temor a sentirse aislada o a que la respuesta policial o legal no sirva de nada. Resulta elocuente la declaración que recoge la investigación de una de las alumnas. “No denunciamos por miedo a represalias”, asegura una estudiante testigo de una supuesta agresión física por parte de un profesor a dos compañeras.

En otro de los supuestos que recoge la investigación, se da cuenta de un episodio ocurrido en la Facultad de Ciencias de la UPV/EHU, cuando un profesor al entrar a clase vio en la pizarra escrito un llamamiento a la asamblea feminista. El comentario del profesor fue el siguiente: “Ya vais a dejar que ellas os manden”. Su tono fue amenazador. “Uno de tantos”. “Hay comentarios de profesores fuera de lugar, como decir que las mujeres son unas putas o cosas por el estilo”, incide otra alumna de la Facultad de Bellas Artes.

Según la misma investigación, pudo constatarse que un estudiante de este campus contactaba con sus compañeras para hacerles fotos desnudas y, supuestamente, acosarlas después, tanto dentro como fuera de la universidad”. Se trata de un caso que ha llegado a los tribunales. “Oí cómo algunas amigas habían tenido malos rollos con este chico y nos dimos cuenta de que, a todas o a casi todas, nos había hablado y había historias muy raras”, explica una de las chicas al otro lado del teléfono.

Tras percatarse de lo sucedido, decidieron avisar al resto de compañeras escribiéndose en el cuarto del baño de la facultad para contactar entre ellas. Cuando comenzaron a aflorar las denuncias, se sumaron más y más víctimas que habían sufrido agresiones del mismo chico. Se llegó a organizar una manifestación contra el estudiante, lo que desencadenó la expulsión del alumno de la universidad.


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