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Quebec aparca el debate independentista un 1 de octubre

Las recientes elecciones en Quebec rompen la tradicional polarización entre unionista e independentista abriendo nuevas opciones de futuro para la ‘Belle Province’

Un reportaje de Fabio Gonzalez. Montreal (Canadá) - Lunes, 8 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Momento de la votación, en una mesa electoral, durante las elecciones de Quebec este 1 de octubre

Momento de la votación, en una mesa electoral, durante las elecciones de Quebec este 1 de octubre

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Momento de la votación, en una mesa electoral, durante las elecciones de Quebec este 1 de octubre

françois Legault, empresario de éxito y exministro del histórico Parti Québécois (PQ) que dejó a la provincia francófona de Canadá al borde de la independencia en 1995, pone fin a cinco décadas de alternancia entre el Partido Liberal y el PQ, lleva al poder a una opción conservadora por primera vez desde el año 1966 y anuncia medidas de control de la inmigración en nombre de la lengua francesa y los valores de Quebec. La estela de Donald Trump se expande por Norteamérica y en la Belle province ya nada será igual.

“Quiénes se enfrentaron en el pasado pueden ahora trabajar juntos por un futuro mejor”. Este mensaje de apariencia inofensiva y aglutinadora tiene tras de sí un cálculo milimétrico. La pronunció François Legault en Montreal tras conocer que había hecho historia. Historia consigo mismo, pues cumplía con su ambición de ser primer ministro, y también con su región o su país, según el gusto semántico que él hábilmente esquiva, dado que, por primera vez para toda una generación, un espacio nacionalista no independentista y con vocación conservadora se hacía con las riendas del poder en Quebec.

Feliz pero sereno, un victorioso Legault pronunció estas palabras con la intención indisimulada de poner punto y final a una era. Décadas de alternancia liberal-federalista (pro-Canadá) y socialdemocracia independentista deben llegar a su fin ya que simbolizan una división arcaica de la sociedad quebequesa, según dio a entender.

Se trata, en realidad, de un hostil llamamiento a la unidad. Según Legault el futuro pasa por la CAQ, su movimiento. El conflicto debe quedar atrás. Sus responsables, el viejo Partido Liberal y el exhausto Partido Quebequés, también, argumentó.

El 1 de octubre de 2018, a 6.000 kilómetros del proceso catalán, los partidarios de la secesión pasaron de 28 a 9 escaños, dejando al PQ último en la Asamblea Nacional. Desastre sin precedentes. Esa misma noche, los liberales que en dos ocasiones salvaron la federación canadiense de su resquebrajamiento, perdieron el gobierno y 36 diputados, quedando relegados a la isla de Montreal y al aún fiel electorado anglófono. El Partido Liberal, aquel que hasta perdiendo se preparaba para ganar el siguiente asalto, toca fondo logrando el peor resultado de su historia. Fue fundado en 1867.


Nacimiento de otra alternativa secesionista

Legault y su partido, al que sus rivales acusan de parecerse a un club privado, se dispara de 21 a 74 diputados. Mayoría absoluta. Solo una nueva izquierda alternativa e independentista puede permitirse celebrar a la sombra del ganador al triplicar resultados con 10 parlamentarios, superando al PQ y siendo una fuerza creíble en las ciudades y dando frescura y futuro al viejo independentismo.

El mensaje del novedoso partido Quebec Solidario, aunque en auge, es todavía incapaz de detener el cambio de paradigma propuesto por Legault y su equipo, acompañado de una orientación economicista y reguladora de la inmigración. El mapa se tiñe de azul CAQuista y la magnitud del descalabro de los demás, acostumbrados a perder con dignidad, da a entender que, efectivamente, en Quebec las cosas ya no serán como eran.

La sociedad distinta en el país del ‘neverendum’

Quebec guarda una de las historias contemporáneas más frenéticas y emocionantes del hemisferio norte. En los años sesenta deja atrás décadas de catolicismo practicante y la clase media francófona toma las riendas del territorio, dando comienzo a la denominada Revolución Tranquila. En plena efervescencia social y cultural se produce una toma de conciencia nacional, catalizada por el increíble momento en el que un presidente francés, el general de Charles De Gaulle, proclama desde el balcón del ayuntamiento de Montreal “Vive le Québec libre!”.

La historia se acelera a las orillas del río San Lorenzo. Se funda el Parti Québécois que rápidamente accede al poder, aunque lo perderá periódicamente en favor del Partido Liberal, y consigue organizar no uno, sino dos referéndums de autodeterminación, en 1980 y 1995. En la última ocasión acaricia la separación con los dedos: el 49,5% vota a favor. Montreal y el norte autóctono se interponen en sus planes, el resto de la provincia dice sí.

A pesar del duro golpe el Parti Québécois y su contraparte en el parlamento canadiense, el Bloque Quebequés, nunca abandonarán por completo su apuesta por la secesión y seguirán ganando elecciones hasta 2012 y 2008, respectivamente.

A este proceso de amenaza constante de nuevo plebiscito se le conoce como neverendum.

Por su lado, la consideración de Quebec como sociedad distinta fue el término acuñado a modo de mantra bi ensonante frente a la independencia, y hoy en día es considerado un lugar común en la política canadiense. Vocabulario y acrobacias discursivas que atestiguan el bizantino debate existencial al que la política quebequesa parecía condenada.

La intensidad de estos años, sus profundas consecuencias culturales, sociales, políticas, demográficas y lingüísticas son motivo de estudio y referencia constante a nivel internacional.

El referéndum escocés y el procés catalán dan fe de ello. Los quebequeses, acostumbrados a generar titulares en todo el mundo, miran ahora a su pasado reciente con una mezcla de melancolía y resaca.


Nuevas realidades, otros debates

Pero ¿qué queda en Quebec de todos estos años vividos de forma tan apasionada y dramática?

El eje del debate, simplemente, parece haber cambiado por completo y de forma irreversible. Hoy, a los habitantes del entorno residencial y rural les preocupa que la inestabilidad de los ciclos económicos no acabe con el savoir vivre quebequés. Y eso pasa por no llevarse del todo mal ni con el resto de Canadá, ni con el poderoso vecino del sur, los Estados Unidos. Y si de identidad se trata, no es el pasaporte, sino la inmigración y sus efectos lo que inquieta.

La población urbana y joven está más interesada por cuestiones como la ecología y la igualdad. También hace frente a la retórica antiinmigración: quiere una sociedad abierta. El bilingüismo no es percibido como un drama y el debate identitario suena a antiguo.

La soberanía de Quebec está a la cola de las prioridades y arranca hoy un escaso 25% de apoyos en la más optimista de las encuestas. A diferencia de los casos europeos, entre los jóvenes no llega al 18%. La independencia, opina la mayoría de ellos, era cosa de sus padres y de sus abuelos.

Ante este panorama, entre los votantes soberanistas hay quiénes ahora se preguntan si la estrategia del referendismo no habrá alejado la independencia, en vez de acercarla. Y si ya será demasiado tarde para cambiar de estrategia.


El Québec que se avecina

Expuesto a dinámicas globales que traspasan fronteras, será complicado que la agenda por la independencia vuelva a marcar el paso de la sociedad quebequesa. El cambio generacional se impone, mientras que nuevas realidades y conflictos aparecen en una población cada vez más diversa y compleja.

Aunque el partido de François Legault se llame Coalición Futuro Quebec, la capacidad de la formación para convertirse en hegemónica está aún por comprobar. Y, aun existiendo ciertos paralelismos entre su trayectoria y la de Donald Trump, tampoco está claro a qué visión responderá la acción de gobierno de la CAQ, conservadora clásica, populista o híbrida, ni cómo reaccionará la población ante una u otra.

Las oscilaciones de la política canadiense, que en 2019 celebra elecciones en las que el actual primer ministro Justin Trudeau, original de Montreal, se juega la reelección también tendrán efecto en la configuración del próximo escenario. Mientras tanto, los liberales se lamen las heridas, confiando que el kono sea definitivo y buscando la fórmula que les permita regresar al poder.

La izquierda alternativa se enfrenta a la hora de la verdad y duda si pactar con el PQ o tratar de devorarlo electoralmente.

Montreal amanece activo y vibrante una fresca mañana de octubre. El otoño aún permite disfrutar al aire libre, pero pocos son los que no se han ya plenamente equipado para el inminente invierno. En Quebec, aseguran, siempre hay que estar preparado para lo que pueda venir.


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