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Iñaki Sagarzazu burgomaestre del alarde de hondarribia

“En Hondarribia se han enconado dos sensibilidades y no se percibe una solución a corto plazo”

Iñaki Sagarzazu, burgomaestre del Alarde de Hondarribia, condena “toda expresión de violencia”, pero solicita respeto “al sentir mayoritario del pueblo”

Jorge Napal Javi Colmenero - Domingo, 7 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Iñaki Sagarzazu.

Iñaki Sagarzazu.

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Iñaki Sagarzazu.

hondarribia- No se ve un alma a estas horas de sobremesa en el bello empedrado de la calle Mayor de Hondarribia, en cuyo ascenso se aprecian los aleros de las casas, con sus escudos y balcones de hierro forjado. En este escenario casi de cuento, ahora tan recogido y deshabitado, se vivió hace unas semanas un ambiente de crispación que no se conocía en años. Ya a la altura del Parador, un guía ofrece explicaciones a varios turistas sobre las marcas de los cañonazos que aún conserva el castillo de Carlos V. Frente a la fortificación aguarda Sagarzazu. “Se han enconado dos sensibilidades. Hay además muchos factores externos que están alimentando esta alimaña”, advierte la máxima autoridad del Alarde.

¿Qué espera de esta entrevista?

-Aclarar posiciones. Que quede clara la postura de Alarde Fundazioa.

¿Por qué se presta ahora una vez que ha cesado el ruido mediático?

-Porque vemos que sigue latente el debate en los medios, y queremos aportar un granito de arena para aclarar la situación.

¿Por qué no aceptó preguntas en la rueda de prensa que ofreció para dar su versión de lo ocurrido en el Alarde?

-Teníamos claro cuáles eran los temas sobre los que queríamos incidir, y abriendo el turno de preguntas corríamos el riesgo de conseguir el efecto contrario, desvirtuando el contenido de lo que queríamos decir, de manera que el debate se desviara hacia otros términos.

Por esa regla de tres, puede querer utilizar esta misma entrevista con el mismo fin...

-No, no. Estamos abiertos a aclarar cualquier término, a responder a cualquier pregunta...

Este periodista no es de Hondarribia. ¿Lo percibe como una injerencia?

-No se trata de eso. Lo que molesta es que la gente emita juicios sin tener toda la información, o teniéndola sesgada. Tengo muchos amigos que no son de aquí, a quienes les explico cómo y por qué se hace el Alarde, y por supuesto que a partir de ahí cada uno puede emitir las opiniones que quiera. Pero primero hay que tener una información. Nos molesta especialmente que los medios audiovisuales hagan coberturas emitiendo juicios y opiniones sesgadas.

¿Qué opiniones sesgadas?

-Parece que es un conflicto de hombres contra mujeres, de derechos fundamentales, y eso no es cierto. Hay sentencias del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) y del Tribunal Supremo que lo dejan bien claro. No se menoscaba el derecho a la Igualdad, al que hace referencia el artículo 14 de la Constitución, ni tampoco la normativa al respecto en el País Vasco, de 2005. A pesar de esas sentencias judiciales que dejan claro que el Alarde no es discriminatorio, nadie se hace eco de ellas.

La tensión de este año no se había vivido desde hace tiempo. El alcalde de Hondarribia ha reconocido que se ha dado un paso atrás en la convivencia. Como máxima autoridad del Alarde, ¿comparte esa lectura?

-Efectivamente, algo se había conseguido durante estos veinte años. Salvo el día 8 de septiembre, la gente hacía una vida más o menos normal, y es verdad que este año ha habido más tensión que otros años. Pero de todo el recorrido que se hace, el único punto conflictivo es la calle Mayor, y extraer conclusiones en clave de convivencia por lo que ocurre en 50 metros es, cuando menos, un poco exagerado.

¿Pero acaso no le parece exagerado lo que ocurre en esos 50 metros, con plásticos negros, pitidos, insultos y agresiones?

-Sí, puede considerarse que sí.

¿Puede considerarse? ¿No lo es para usted?

-Nadie quiere que haya protestas. Nadie quiere que haya plásticos negros ni protestas. Pero hay que entender lo que dice el colectivo Hondarribiko Emakumeak: que es libertad de expresión, y que es la única manera que tienen de protestar.

¿Han hecho en Alarde Fundazioa autocrítica de lo ocurrido?

-Permíteme que te lleve por otro lado. El colectivo Hondarribiko Emakumeak siempre lo dice: se trata de una imposición y de una humillación. Las aceras de la calle Mayor tienen un metro de anchura, y se empiezan a ocupar a las 3 de la madrugada del día 7. El desfile es casi a las 9.00 horas del día 8. Es decir, estamos hablando de mujeres que han cogido su sitio 30 horas antes, a quienes se les humilla porque se les obliga a presenciar lo que técnicamente es una manifestación, que va contra lo que quieren y defienden esas mujeres que aguardan el Alarde. Es una manifestación en la medida que consiguen el permiso acudiendo a la Ertzaintza a entregar su escrito, y es el director de Seguridad del Gobierno Vasco el que dicta una resolución y marca los horarios para ambas partes. El Alarde, en cambio, cuenta con el visto bueno del Ayuntamiento, al tratarse de una competencia municipal en virtud de la Ley de Juegos y Espectáculos.

Bien, pero no ha contestado a la pregunta. ¿Han hecho alguna autocrítica en Alarde Fundazioa con respecto a lo ocurrido este año?

-No tenemos que hacer ninguna autocrítica. Nuestro cometido es organizar el Alarde, y lo que ocurre fuera de él no es de nuestra competencia. Es el pueblo en general el que se organiza y hace lo que entiende que tiene que hacer.

Al margen de competencias, ¿asistir a semejantes escenas de violencia no les interpela?

-Como Alarde Fundazioa siempre hemos condenado todo acto de agresión, de insulto, vejación y humillación. Siempre lo hemos dicho. Pero parece que los medios se fijan más en las supuestas agresiones de un lado hacia otro. Digo supuestas porque muchas veces luego no quedan acreditadas. Parece que las que agreden son las mujeres del Alarde tradicional contra los hombres y mujeres del desfile de Jaizkibel. Pero si nos remitimos a los vídeos, las realmente agredidas son las mujeres que están entre el público.

¿Esas supuestas agresiones no cree que pudieron surgir como respuesta al caldo de cultivo previo de plásticos negros, pitidos e insultos?

-El caldo de cultivo es la imposición de los horarios. Nos podemos preguntar por qué en Irun no ocurre lo que pasa en Hondarribia. El que tiene la potestad para ello es el director de la Ertzaintza, que es el que dicta los horarios de los dos desfiles. Las mujeres que aguardan tantas horas para ver el Alarde, viven como una humillación tener que presenciar la manifestación.

Habla de humillación, la misma que sienten las integrantes del desfile de Jaizkibel. ¿No hay manera de llegar a un acuerdo?

-En Irun vemos claramente que no pasa lo mismo, y es porque desfila primero el Alarde tradicional.

¿La solución pasa porque ustedes desfilen primero?

-La solución pasa porque la ponga sobre la mesa quien tiene potestad para hacerlo, y es el director de la Ertzaintza el que establece los horarios...

¿La culpa es de la Ertzaintza? Se van a enfadar con usted...

-(sonríe) No se trata de buscar culpables. Pero es verdad que mientras persiste esta situación molesta el ataque sistemático que recibimos en las redes sociales, cuando somos mucho más tolerantes de lo que la gente cree. Si mi hija desfilara en la otra parte, por ejemplo, yo le iba a seguir queriendo igual...

¿Seguro?

-Segurísimo. Me llevo muy bien con vecinos que opinan diferente.

¿Pero cómo casa esa animadversión con una vida aparentemente tan normalizada?

-Es que estamos hablando de ese momento puntual, de ese día en concreto. En los ensayos no hay ningún problema. Hay respeto. Hay dos maneras de entender el acto histórico, la gran mayoría está a favor de una parte, y hay otros que lo entienden de otra manera. Ambos desfiles son lícitos, respetamos a las diferentes sensibilidades, pero que nos respeten también a nosotros.

Antes ha dicho que no hacen autocrítica...

-A ver, a ver... Hacemos autocrítica de lo que hacemos nosotros, no de lo que hacen otros...

Bien...

-No, no me lo enfoques por ahí, porque no es que queramos eludir responsabilidad... En el caso de las agresiones, las condenamos rotundamente. Hay una línea roja que no se debe traspasar. Ante todo estamos las personas. Tiene que prevalecer el respeto, otra cosa es la libertad de expresión cuando no estás de acuerdo.

¿Y en el seno del Alarde no han surgido miradas diferentes, o voces discrepantes, tras un año tan especial como ha sido este, con el salto cualitativo y cuantitativo que ha supuesto el 8 de marzo?

-Mira los asientos que hay aquí (apunta con el índice de su mano derecha a la mesa alargada donde tiene lugar la entrevista y las reuniones). Ocho o diez asientos son ocupados por mujeres. Buena parte del patronato de Alarde Fundazioa Hondarribia está compuesto por mujeres. Aquí hay tres partes implicadas: no está solo el Alarde y Jaizkibel, sino que está el colectivo Hondarribiko Emakumeak, que representa a las mujeres de Hondarribia. Este colectivo celebra el 8 de marzo...

¿Un Alarde paritario es imposible?

-¿Qué quieres decir con un Alarde paritario? Al principio se planteó Alarde paritario, luego Alarde feminista izango da edo ez da izango... En todos estos planteamientos existen muchas contradicciones. Por ejemplo, desfilamos con armas, y aquí la gente lo defiende, a pesar de que estamos en una época en la que se echa pestes de todo lo que tenga que ver con lo militar. Habría que preguntar a otras partes por sus contradicciones. Las mujeres de Hondarribia no son unas analfabetas. Estamos hablando de universitarias conscientes de que, como dice la sentencia, el Alarde no menoscaba los derechos de las mujeres.

¿No reconocen por tanto la existencia de un conflicto?

-Son dos sensibilidades muy marcadas, y la sentencia del Supremo deja bien claro que no se puede obligar a ninguna de las dos partes a desnaturalizar el sentido de lo que está celebrando.

Euskal Herria tiene a sus espaldas una dura historia con heridas abiertas todavía sin cicatrizar. ¿No cabe la posibilidad de diálogo para tender puentes en este conflicto?

-Todo surge del colectivo Juana Mugarrietakoa, el embrión de Jaizkibel, que solicitó la participación de Jaizkibel en el Alarde o, de lo contrario, se prohibiera el acto del desfile tradicional. De ahí surgió todo el contencioso que acabó en el Tribunal Supremo. La gente se olvida que lo que se planteó era o con ellos o no había Alarde, y para el que es de aquí, el desfile tradicional es algo sagrado. El que es de aquí sabe lo que ha ocurrido durante estos últimos años.

¿La imagen de Hondarribia no está dañada?

-Hechos como los que se han dado en los medios, con el enfoque que han tenido, desde luego que no ayudan en nada.

El párroco de Hondarribia hace un llamamiento a la convivencia y se tiene que marchar del pueblo. ¿Qué lectura hace de lo ocurrido?

-Estuve presente en la misa. Sé lo que dijo, y lo que la gente pudo entender de lo que dijo.

Seamos claros. ¿Qué dijo que pudo ser malinterpretado?

-Dios me libre de entrar en ese asunto, pero hubo ciertas reflexiones que la gente entendió mal...

¿Qué quiere decir? ¿El cura metió la pata?

-No. Lo que digo es que la gente no entendió lo que el cura quiso transmitir.

Insisto. ¿Qué es lo que no entendió la gente y qué quiso decir el cura?

-Hay lecturas diferentes. Es una cuestión de interpretación...

¿De modo que no es cierto que se haya tenido que marchar del pueblo tras hacer un llamamiento infructuoso a la convivencia?

-No, no fue así. Vino a decir que llevábamos veinte años con este problema, y que había sido bochornoso el día 8. Todos podemos estar de acuerdo en ello, pero a continuación dijo otras cosas que la gente malinterpretó.

¿Pero por qué se muestra tan remiso a decir qué no se entendió?

-Él mismo no ha querido entrar al detalle en las últimas entrevistas que ha dado. Por eso no lo vamos a hacer nosotros tampoco.

Hace dos décadas se decía que en veinte años todo se habría normalizado...

-Nadie ha dicho eso...

Lo comentan vecinos de la zona...

-No dejan de ser comentarios de la calle. He hablado con personas que tienen otras sensibilidades, representantes políticos que defienden otras sensibilidades y ocupan puestos de responsabilidad en el Ayuntamiento, y nos lo hemos llegado a plantear: ¿esto tiene solución a corto plazo? Dicen que no, es algo que me han dicho en petit comité. El enfrentamiento, las dos sensibilidades se han enconado, y hay además muchos factores externos que están alimentando la alimaña. No se dan cuenta que alimentan todavía más este enfrentamiento entre las dos sensibilidades.

¿Cuáles son esos factores externos?

-Las declaraciones de algún político antes del día 8...

¿Qué político?

-Denis Itxaso, por ejemplo. Mi deseo es que no haya ningún tipo de incidente. Pero cuando se viene aquí diciendo que el plástico supone una agresión, favorece el clima de crispación.

Las instituciones muestran un posicionamiento claro en favor de la participación de la mujer en la celebración...

-Bien, pero en Hondarribia, la Corporación tiene el respaldo del pueblo, y entiende la sensibilidad del pueblo. Eso es algo que vemos desde dentro. Otra cosa es que fuera del municipio haya falta de entendimiento.

Hay quienes dicen: “mira, si es un problema interno y nadie puede opinar, que se arreglen ellos mismos...”

-Ahí está el problema, que es un problema nuestro...

Pero el problema es que no se arreglan...

-Estamos sometidos a una enorme presión mediática en contra del Alarde tradicional.

Jaizkibel denuncia que las instituciones no actúan. Ustedes dicen que lo hacen en su contra... ¿No entiende que de puertas afuera la gente acabe cansada?

-Lo que nos molesta es que se hable de un tipo de agresión, pero no de todas las que sufre el público que está esperando en las aceras.

¿No hay grises? ¿Aquí todo es blanco o negro?

-No, hay un montón de matices. Por eso hay que entender bien lo que está pasando aquí.

¿Las mujeres nunca serán escopeteras?

-El día que quiera cambiar el pueblo el modelo, se hará, pero no aceptamos una imposición, y ahora mismo se entiende que hay una imposición. El Alarde será lo que quiera el pueblo, porque es una tradición de 380 años que defiende la mayoría de las mujeres de Hondarribia. El día que quiera la mayoría, se cambiará, y asumiremos el resultado deportivamente.

¿Se ha convocado algún plebiscito para conocer el sentir del pueblo?

-El plebiscito real es el clamor popular del pueblo. Es lo que vemos en las calles, en las aceras.

las claves

“Nadie quiere que haya plásticos negros pero es la única manera que tiene de protestar el colectivo de mujeres de Hondarribia”

“Las agresiones las condenamos rotundamente. Hay una raya roja que no se debe pasar y tiene que prevalecer el respeto”

“El día que el pueblo quiera cambiar el modelo se hará, pero no aceptamos una imposición, y ahora se vive como una imposición”


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