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Una hazaña inolvidable

Gran victoria Una Real legendaria se impone en San Mamés con once bajas y un equipo de nueve canteranos, gracias a una gran exhibición de varios de sus actores secundarios

MIKEL RECALDE - Sábado, 6 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Los jugadores realistas celebran el triunfo ante el Athletic al final de partido, con Illarramendi, con los brazos en alto, dirigiéndose a la afición que acudió ayer a San Mamés.

Los jugadores realistas celebran el triunfo ante el Athletic al final de partido, con Illarramendi, con los brazos en alto, dirigiéndose a la afición que acudió ayer a San Mamés. (Ruben Plaza)

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Los jugadores realistas celebran el triunfo ante el Athletic al final de partido, con Illarramendi, con los brazos en alto, dirigiéndose a la afición que acudió ayer a San Mamés.Emocionante piña de los jugadores de la Real en la celebración de uno de los goles que dieron la victoria ante el Athletic.

BILBAO. Los derbis tienen estas cosas. El día menos pensado, un equipo plagado de bajas, con nueve jugadores de su vivero, que casi todos han declinado ofertas del Athletic, tomó San Mamés con una gesta inolvidable. De las que perduran en el tiempo. Por fin algunos comenzamos a entender los motivos por los que se le conoce a este estadio como la catedral. Suponemos que será por el silencio sepulcral que se respiró desde que la Real anotó el 1-3 a falta de 18 minutos para el final. No dejen nunca de creer. Ese fue el mensaje que nos enviaron ayer los héroes realistas. Cuando peor pintaba la cosa, cuando muchos nos temíamos lo peor, sacaron su casta y su orgullo para dejar en todo lo alto a un escudo que representa a todo un territorio, que ayer durmió feliz gracias a su hazaña.

No tuvo nada que ver con un sueño. Fue una heroicidad muy real. De carne y hueso. De hombres con bigote. De futbolistas que sienten sus colores como sus aficionados. Que sabían que tenían que sacar como fuese lo mejor de sí para evitar que su hinchada se llevase otro disgusto. Y estas odiseas, las que menos se esperan, son sin duda las que mejor saben. No pasa nada, todos sabemos que solo fueron tres puntos más, pero el triunfo fue tan emocionante que era difícil aguantar la lágrima. Señores y señoras, con ustedes la Real Sociedad. La que soporta las embestidas de su rival directo, que trata de esquilmar su vivero, el bien más valioso de la entidad, y que, pese a ser muchísimos menos habitantes, es capaz de presentarse en un escenario con nueve de casa y llevarse los tres puntos. Porque nunca van a poder con ella por mucho que se propongan descuartizarle y que desaparezca en pos de su bien deportivo. La Real resiste y resistirá siempre. Y cuando tengamos miedo, recordaremos aquella noche de ese viernes en la que volvimos a dar una lección al abusón del eterno rival.

no acusaron las bajasSolo son tres puntos. Solo es un derbi más. Seguro que muchos dirán que exageramos e intentarán desprestigiar la valía del triunfo con las habituales frases de que “parece que han ganado un título”. Ladran, luego cabalgamos. Y rasca, que pica. Las victorias se celebran como se sienten. Una Real con un equipo de bajas claramente superior en el papel que el que salió aguantó como una jabata en defensa, luchó todos los balones y como si le fuera la vida en ello, y por si fuera poco fue capaz de hilvanar buenas acciones con varios futbolistas cuyos nombres conocieron ayer por primera vez muchos en San Mamés.

Y honor y gloria para Garitano. Por su planteamiento táctico excelso, por saber leer el encuentro como ninguno y darle una paliza táctica en la pizarra a un técnico de prestigio como Berizzo. Guipuzcoano y de la Real. Héroe de aquella noche en San Mamés a la altura de sus jugadores. Su gran éxito fue convencer a sus hombres de que podían hacerlo. De que viniendo con cara de derrotados y sin hacer ruido podían acallar el estadio bilbaino. La Real tiene un gran entrenador, vamos a cuidarlo entre todos. Merece una oportunidad. Ya tiene el aval de una noche para el recuerdo. Su bonus vuelve a estar lleno.

No era normal la plaga de bajas con la que se presentó la Real en San Mamés. No era cuestión de llorar más o menos, es que, como repitió Garitano en la previa, habría que ver al Athletic alineando un once en Anoeta compuesto por Unai Simón;Capa, Unai Núñez, Ganea;Dani, Beñat, Raúl García;Williams, Guruceta y Córdoba. Así, más o menos. Como para no mandar un camión de kleenex. Pero a la Real no le venía mal ponerse la piel de cordero en la guarida del eterno rival. Normalmente, no le ha ido mal y cuando se ha presentado en Bilbao un poco crecido, la caída ha sido de las que escuecen. Su entrenador tenía un plan y, sobre todo, una confianza total en su plantilla, demostrada por su valentía a la hora de poner en liza un once compuesto por nueve jugadores salidos de Zubieta (Kevin fichó para el Sanse), Moyá y Navas, que se recuperó ayer de unas molestias en la rodilla que iban a provocar que Zubeldia retrasara su posición al eje de la zaga.

En la víspera del choque, Garitano esquivó con habilidad la pregunta de que le condicionaba en su elección los que más vivían el derbi por ser de casa o los de fuera. La verdad es que las circunstancias le obligaron a prescindir de los foráneos que marcan la diferencia, salvo Moyá. El técnico siempre defiende que está haciendo “lo que le dijeron que hiciera”. Y tiene toda la razón en ese sentido. Querían un cambio de juego y la Real tiene un estilo distinto. Y le pidieron que siempre tuviera en cuenta el prolífico vivero del club y, salvo el lesionado Januzaj, ya han tenido minutos todos los integrantes de su plantilla cuando solo llevamos ocho jornadas. A partir de esos dos temas, que cada uno interprete y critique lo que quiera, pero en estas dos cuestiones su mérito y valor son indiscutibles.

inicio preocupanteNo fue sencillo el primer tiempo. Cuando solo habían pasado diez minutos, parecía que se llevaban 40. El Athletic arrancó muy fuerte, imprimiéndole un ritmo trepidante como el marcaje hombre por hombre al estilo Bielsa, y con una presión asfixiante que no permitía a los realistas hilvanar más de tres pases seguidos. Los blanquiazules perdían la pelota demasiado fácil y esta volvía muy rápida a los aledaños del área guipuzcoana. Justo lo que no quería de antemano Garitano. Pero la Real compitió bien. Con el paso de los minutos sus futbolistas se fueron asentando en el campo y ganando en confianza. Era un ejército de canteranos en una batalla ante el eterno rival. Muchos de ellos no sabían lo que era jugar un derbi y sus ganas y motivación eran extraordinarias. Y vaya que si se notó. Porque a este equipo le está faltando fútbol en este inicio de campaña, pero también es justo resaltar el paso adelante que ha dado en la agresividad y contundencia en todas las disputas. Tienen mucho mérito y hay que resaltarlo.

El Athletic dominaba con nitidez, pero apenas generaba peligro. Solo una falta de Beñat que desvío Moyá. La confirmación de la crecida donostiarra llegó en una falta provocada por un inconmensurable Sangalli que se le escapó fuera a Pardo. Los locales empujaban y la Real amenazaba cuando llegaba. Un centro espectacular de Oyarzabal no pudo dirigirlo en un acrobático remate con vuelo incluido Bautista.

En el minuto 28 Iñigo Martínez cometió un penalti de libro sobre Sangalli al darle una patada en el cuello. En ese momento descubrimos el mejor fichaje de la Real para los derbis en San Mamés, el VAR. Hernández Hernández no pitó nada, pero desde la sala de Las Rozas, imagino que escandalizados, le llamaron para avisarle de que revisara la acción porque había un claro contacto. Al canario le costó mucho pitarlo en mitad de un clima de máxima locura, pero no tuvo más remedio.

Y a partir de ahí, lo nunca visto. Los rojiblancos protestando como si el trencilla no hubiera visto repeticiones en una pantalla. Y una bronca en la grada ensordecedora. Qué mal lo van a pasar algunos con el VAR. Estaban demasiado bien acostumbrados. Oyarzabal, la estrella de la Real, lo transformó como lo que es. Un jugadorazo. Por eso alguno está dispuesto a pagar lo que sea para que cruce la A-8.

La Real era un equipo inexperto y se notó en la siguiente jugada. Muniain arrancó desde el centro del campo en línea recta hacia la portería en plan “a mí, que los arrollo”, nadie le frenó en falta, el balón acabó en los pies de Susaeta y su centro, tras una desafortunada carambola entre Aritz Elustondo e Illarramendi, lo empujó a la red el navarro. Empate. Momento clave. Cuando volvíamos a temer lo peor, el Athletic no atacó más.

Zubeldia, claveEn la reanudación, Garitano acertó al cambiar de puesto a Sangalli y Zubeldia. Una jugada de este por la banda, disfrazado de extremo y con centro incluido, lo dejó pasar Pardo y Sangalli anotó el segundo. La Real se replegó sin conceder apenas ocasiones. Con un sufrimiento más de sensación que de realidad. En una acción aislada, Bautista persiguió un balón que muchos darían por imposible y provocó el penalti de Simón, que lo materializó Oyarzabal.

Y así hasta la victoria final. No olviden este 1-3 de San Mamés, porque los canteranos txuri-urdin nos dieron una lección a todos. En ellos está el futuro. Y el presente. Por triunfos así la Real es un club legendario. Perdón por no creer y por dudar. Eskerrik asko! Inolvidable.


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