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A por ellos

El GPS de Riquelme

POR Mikel Recalde - Viernes, 5 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:04h

A por ellos - Mikel Recalde

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A por ellos - Mikel Recalde

Ha tenido que llegar una persona ajena a la obra txuri-urdin para aportar un poco de luz al debate que preside el titubeante inicio de campaña de la Real. Todos recordábamos a Juan Román Riquelme como un futbolista tímido y callado, con poca fluidez verbal y alergia a los micrófonos. Ahora ejerce de comentarista en la prestigiosa Fox y sus apuntes son tan certeros que, por momentos, y pese a su perpetua seriedad, suenan hasta cómicos. Como su reciente análisis de una derrota de su querido Boca ante Gimnasia y La Plata: “En mi época no se hablaba de comer cereales ni aparatitos. No sé para qué sirve el cosito ese que te ponen en la espalda. Si tocaste todas las jugadas bien y corriste poquito, ¿no sirve? Primero hay que saber perfilarse cuando recibís, hay que jugar bien a la pelota y después correr. A mí me molestaba una venda, imaginen si me ponen eso en la espalda”. Se refería al GPS, la especie de pechera con la que juegan ahora todos los futbolistas y que sirve para medir al detalle todo lo que hacen en el campo y en los entrenamientos.

Los cambios drásticos nunca son fáciles. Olabe ha movido el árbol en Zubieta, algo que la gran mayoría considerábamos necesario, y ha intentado implantar una pequeña escuela Aspire de Qatar, donde trabajó, es decir, un elitista centro de tecnificación en versión vasca. El problema es que estaba claro que su revolución iba a encontrar muchos enemigos. Al margen de los incesantes y numerosos rumores que están acompañando el día a día, supongo que en muchas ocasiones alimentados por los citados detractores, el comentario más repetido por Zubieta es que no se necesitaban tantos nuevos técnicos para luego proponer tan poco juego los fines de semana. Incluso si se hubiesen dado una vuelta por la salida de Anoeta después de la decepción ante el Valencia, también hubiesen escuchado la recurrente crítica que se resume en el dicho: “Para este viaje no hacía falta estas alforjas”. Como suele repetir Román, “si vamos a hablar de resultados es una cosa, si vamos a hablar de juego, es otra cosa;esto no es Guardiola”. Olabe buscaba discusión, pero la sensación es que los estilos que ha tratado de ensamblar en el vestuario, por un lado con la corriente de fútbol guipuzcoano de toda la vida compuesta por Garitano, Ansotegi y Llopis, y por otro la de los De la Barrera y nuevos eruditos escogidos a dedo por nuestro director del Fútbol, es comparable a si a un club argentino le hubiese dado por juntar a Menotti y a Bilardo en el mismo vestuario. La consecuencia es que al final somos los aficionados los que nos sentimos un poco perdidos en esta confrontación de criterios diaria. Que, por cierto, al contrario que a Olabe, ni nos atrae ni nos interesa. Es más, nos aburre. En este sentido, aquí hemos sido siempre más de remar en la misma dirección y todo lo que no sea así nos genera conflicto y se convierte en una fuente de problemas. Como así está siendo.

Garitano siempre ha manifestado que él es resultadista. Que no entiende la máxima exigencia profesional sin buenos registros. “Yo estoy haciendo lo que me han pedido que haga”, dijo en Radio Marca. Esto le concede un incuestionable bonus. No podemos discutir ahora que no sea un gran entrenador. Ahí está su currículum desde que dirigía en campos casi de tierra hasta llegar a cumplir el sueño de entrenar a su Real, con equipos de los cuales unos jugaban más al ataque y otros más a la defensiva. Tampoco creo que su Leganés actuara igual en Segunda B que en Primera. Ahora bien, ¿la dirección deportiva le ha dotado de las herramientas y el ambiente de trabajo ideal para que pueda desarrollar la labor como él realmente sabe? ¿Que haya una corriente interna que discrepe con su modelo le ayuda a la hora de convencer a su jugadores? ¿Está contando con la confianza de los medios más influyentes? ¿Por qué no? Esa es la verdadera discusión que debería desviar la atención sobre lo que se ve en el verde, es decir la verdad, aparte del comprensible agobio por la epidemia de lesiones.

Los blanquiazules se han afanado esta semana en desmentir que exista ningún problema serio con Garitano. Y yo les creo. Lo que sí me consta es que en pretemporada hubo intercambio de pareceres sobre el estilo de juego que más le conviene utilizar a esta plantilla. Y la palpable realidad de que muchos de ellos, pesos pesados, no encuentran su sitio en el mismo por ahora. Esto me recuerda a lo que me dijo un entrenador de Primera tras ganar en Anoeta el año pasado cuando le comenté que había jugadores que no estaban con Eusebio: “No me lo puedo creer. No saben lo que hacen. Nunca van a estar tan cómodos con ningún otro entrenador”. Y tenía razón, igual es que Garitano, cuyo trato cercano es exquisito con todos, les está sacando de su zona de confort. Quizá muchos de ellos lo necesitaban. Hay una cosa que me encantó de la entrevista de Oyarzabal, referencia txuri-urdin para este derbi, con la que demostró que su defensa del técnico no era forzada: “Es una persona cercana, de aquí, que siente la Real como la gente que estamos dentro y eso es importante. Se nota tanto en el día a día y en el fin de semana y en sus sensaciones”. Sí, es de los nuestros. Así llega el derbi. El partido en el que importa poco o nada lo que ha pasado antes. En el que una vez más el Athletic nos ha comido la tostada psicológica en la previa, al creer tras su meritorio empate en el Camp Nou que se encuentra en puestos Champions y resulta que en la clasificación aparece un punto por debajo de la horrible y deprimente Real de Garitano. No pasa nada, todos hemos contribuido y estamos acostumbrados. Pero hay una cosa que quiero destacar. Siempre he pensado que la forma realista de plantear los partidos, con posesiones largas y sacando el balón jugado, era una trampa mortal ante la presión adelantada del Athletic. Es cierto que ahora el equipo txuri-urdin juega a otra cosa y, al menos en el campo, y en las disputas, apunta estar a la misma altura del eterno rival. “Por mucho que salgan rumores y que se diga que están pasando cosas, los que estamos aquí dentro sabemos que el cariño que le procesamos al club y los que sentimos realmente este escudo vamos a hacer todo lo posible para que esté lo más alto posible”, dijo Oyarzabal. Estamos en buenas manos. Todo cambia si se gana el derbi. Pero que nadie se olvide de un detalle importante, la Real tiene más fútbol, si no pregúntenle al bueno de Riquelme. Confiamos y creemos en vosotros. ¡A por ellos! 


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