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Una obra titánica sin final feliz

Dos errores de Rulli en tres minutos fatídicos condenan a una Real valiente y con garra que había hecho lo más difícil al ponerse por delante

Domingo, 16 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Rulli no acertó a despejar bien el balón en esta acción, ante Umtiti, Héctor Moreno, Busquets, Rubén Pardo y Zaldua, que significó el primer gol blaugrana.

Rulli no acertó a despejar bien el balón en esta acción, ante Umtiti, Héctor Moreno, Busquets, Rubén Pardo y Zaldua, que significó el primer gol blaugrana.

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Rulli no acertó a despejar bien el balón en esta acción, ante Umtiti, Héctor Moreno, Busquets, Rubén Pardo y Zaldua, que significó el primer gol blaugrana.

Una pena. Lo decía Garitano la víspera, “contra un rival como el Barcelona muchas veces no te vale con hacer un buen partido;necesitas algo más”. Y puso el ejemplo del año pasado, cuando los realistas se llegaron a poner 2-0, aunque acabaron sucumbiendo por 2-4. Un año más, ante probablemente el mejor equipo de Europa, la Real volvió a demostrar que no le tiene miedo, que le recibe en su guarida sin complejos, que se ha creído hace tiempo que puede hacerle daño, pero que... No es fácil. Da rabia explicar que en un duelo con unas diferencias tan abismales en presupuestos y en calidad, en fichajes y en número de canteranos en el campo (siete en la Real y dos que salieron desde el banquillo), en población de las comunidades en las que residen ambos conjuntos, se decidió en acciones a balón parado y por la desigual actuación de sus respectivos porteros. Uno acreditó que en los dos últimos años se ha situado entre los tres mejores del mundo con dos paradas excepcionales en sendas oportunidades que hubieran significado un 2-0 con tintes definitivos mediada la segunda parte y el otro, el local, probablemente no sea ni el mejor de su equipo.

No es cuestión de cargar las tintas con Rulli, pero dos errores suyos en saques de esquina condenaron a su equipo. Así de triste y de cruel para los arqueros, pero es la realidad. En el primer centro no salió cuando Piqué cabeceó en el segundo palo un centro bastante bombeado en el que pudo y debió hacerlo. Y tres minutos después, justificó los motivos por los que se había quedado antes bajo palos, al fallar de forma calamitosa en su intento de despeje. Ante el Barcelona esos errores se pagan. De forma muy cara además, con una derrota injusta y que aguó una fiesta que apuntaba a ser completa en Anoeta.

No lo mereció una combativa y valiente Real, que acreditó que en casa va a ofrecer mucho más fútbol de lo que venía demostrando en este dubitativo inicio de campaña con la singularidad de los tres encuentros seguidos a domicilio, ni tampoco el club. Un esfuerzo coral de esa magnitud para lograr que el odioso estadio de atletismo se convirtiese en uno de los campos más bonitos de Primera en un tiempo récord, con una grada de animación que puso los pelos de punta hasta media hora después de la conclusión del encuentro homenajeando a Agirretxe, merecía una alegría inolvidable. Una de esas gestas que tantas veces repite la Real a lo largo de su historia, sobre todo ante un Barcelona al que hace tiempo que se le ha perdido el miedo a orillas de La Concha. Es para sentirse orgulloso de los nuestros, que no quisieron poner ninguna excusa pese a su grave y larga lista de bajas. “Somos los que somos y en esta plantillas hay jugadores suficientes para plantar cara al Barcelona”. Y así fue. Una Real de centrocampistas, como la definió Olabe, combativa, con agallas, dignidad y garra, se quedó cerca de volver a ser la envidia de la Liga imponiéndose al flamante vigente campeón. Aunque perdió, fue capaz de ser superior en varias fases del choque y, sobre todo, de no dejar jugar a un visitante plagado de estrellas que, sobre el papel, debería pasearse en Donostia sin despeinarse. Una derrota como la de ayer, no seremos nosotros los que hablemos de victorias morales, por respeto a la gloriosa historia txuri-urdin, pone en valor el extraordinario mérito de la racha más increíble que se recuerda entre los terrenales de la Liga ante el mejor Barcelona de nunca y un ser superior, como es su figura Messi que acabó con la derrota del curso pasado.

Un año más, ante probablemente el mejor equipo de Europa, la Real volvió a demostrar que no le tiene miedo, pero perdió

Anoeta y la Real estuvieron a la altura de las expectativas. El campo de fútbol lució esplendoroso pese a encontrarse en obras para todo el año. Es precioso y deja con pocos argumentos a los más quisquillosos, porque recuerda a un escenario de la Premier, de esos que ganan muchos partidos solo con su aliento y su presión. Al tiempo. Y el equipo, porque muchos vaticinaban una goleada y se encontraron con una Real valiente, de pie, fuerte, de hombres con bigote y con las ideas claras sobre cuál era el plan que debía seguir para alcanzar una misión a día de hoy casi imposible. Muchas veces echamos en cara al equipo su falta de carácter, ahora vamos a poder comprobar en los próximos meses si la frialdad del estadio olímpico tenía mucho que ver en este asunto.

ocasionesTras el breve pero emocionante homenaje a un Agirretxe que ya ha entrado por méritos propios en el Olimpo txuri-urdin y después de que la megafonía cortara de forma imperdonable a los 27.000 espectadores cantando a capela el himno, comenzó un partido bajo un guion más que previsible.

Garitano apostó por un 4-2-3-1, con Pardo y Zurutuza como novedades y Juanmi solo arriba, para esperar e incomodar a un Barcelona que confirmó que le está costando arrancar. Sin duda, mejor recibirle siempre pronto a un gigante que empieza siempre perezoso. El plan realista estaba claro, un partido de pocas ocasiones, en el que había que aprovechar las pocas de las que dispusiera. No pudo comenzar su estrategia, ya que, en la primera vez que pisó el área catalana, Moreno peleó un salto por arriba y Aritz conectó con la zurda y a botepronto un disparo letal que sorprendió a Ter Stegen por el primer palo.

A partir de ahí, el Barça se adueñó de la situación, pero se topó una y otra vez con un muro, en el que destacaba el trabajo del trío de centrocampistas con label de Zubieta (núcleo duro) Zubeldia, Illarra y Zurutuza. La realidad es que a los locales les costó mucho generar más peligro en forma de oportunidades antes del descanso, aunque el Barça solo dispuso de dos opciones en sendos cabezazos de Piqué y Rakitic a la salida de córners en los que reveló el punto flaco de los blanquiazules. En la reanudación, Valverde fue sacando a su artillería pesada en vista de que, una vez más, se le había torcido una visita a Donostia y el duelo se decidió en el único cuarto de hora en el que ambos equipos lo arriesgaron casi todo y se enzarzaron a golpes directos. Con el Barça arriesgando más y liderados por un Pardo incomensurable e incansable, la Real conectó tres contras eléctricas que no pudieron culminar ni Theo, ni Oyarzabal (que disparó alto), ni, sobre todo, Juanmi, después de una asistencia que firmaría el mejor Messi del propio Oyarzabal, por la respuesta de un extraordinario Ter Stegen. La sensación que recorrió la grada es que ahí estuvo la victoria. Y así fue. Lo malo es que, en lugar de caer ante un coloso como el azulgrana por acciones de sus galácticos, lo hizo por dos errores de su portero. De esta forma escuece más. Pese a los dos mazazos, la Real incluso se rehizo, volvió a ponerse en pie y dispuso de una opción muy clara en un servicio de Merino, que pudo y debió salir antes, que Juanmi cabeceó rozando la madera.

La fiesta no tuvo un final feliz. No fue completa. Pero la derrota era más que previsible. Por las bajas y por la diferencia con el rival. No desesperen. Ayer solo se vivió la primera piedra de la nueva dimensión en la que ha entrado nuestro club con un estadio acorde a sus necesidades y a las de sus aficionados. Lo de ayer podía pasar, estaba claro, pero en decepciones previsibles como estas subyacen las oportunidades perdonadas en encuentros como en Leganés y en Eibar. La Real mejoró y gustó. Ahora tiene la obligación de volver a ser resultadista y sumar puntos. Para eso necesita convertirse en fiable, sobre todo en defensa. A falta de los lesionados, estaría bien que no concediera facilidades y tratase de jugar siempre con los mejores de su plantilla. Eso sí que está en su mano.


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