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“Construimos un euskal satélite: fuerte y fiable”

Axular Lizeoa ha introducido en su programa educativo un método para que los alumnos se tomen la ciencia como si fuera un deporte. Gracias a ello, cinco estudiantes han competido durante estos meses en varios concursos de CanSat

Un reportaje de Gorka Martinez - Domingo, 19 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El equipo CanSat Axular Lizeoa preparando una de las competiciones en las que participaron.

El equipo CanSat Axular Lizeoa preparando una de las competiciones en las que participaron.

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El equipo CanSat Axular Lizeoa preparando una de las competiciones en las que participaron.

muchas veces se ha escuchado la frase de que los jóvenes están muy preparados, pero a veces se echan en falta ejemplos que lo corroboren. En Donostia se puede encontrar uno de ellos y lo protagonizan cinco alumnos de la ikastola Axular Lizeoa. Estos chavales han participado en tres concursos de CanSat en los últimos meses, unas pruebas que consisten en construir un satélite del tamaño y peso de una lata de refrescos y lanzarlo desde 1.000 metros de altura y han conseguido muy buenos resultados.

El equipo CanSat Axular Lizeoa está formado por estudiantes de diferentes cursos de la ikastola: Ane Eguren y Mara Ibarburu (segundo de ESO), Aitor Alberdi (cuarto de ESO) y Mikel Segurola y June Irurzun (primero de Bachiller). A esta cuadrilla la dirigía Mikel Eguren, promotor de la iniciativa, entrenador del equipo, presidente del centro escolar y padre.

“En la ikastola estamos impulsando que los alumnos se tomen la ciencia como si fuera un deporte”, explica un entusiasmado Eguren, que también es empresario e ingeniero. Para poder llevar a cabo ese objetivo, el centro decidió que era el momento de modificar su programa educativo. Relata Eguren que la ikastola “introdujo el método STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics), es decir, Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática” y por eso decidió participar en los concursos CanSat.

La decisión ya estaba tomada y solo faltaba que los alumnos se apuntaran. June Irurzun, alumna de primero de Bachiller, no se decidía a participar aunque le impresionara el proyecto. “Al principio del curso vinieron de clase en clase a presentarnos el proyecto y cuando acabó la presentación, me quedé muy impresionada con lo que nos habían expuesto”. Pero un día recibió una llamada que le hizo replanteárselo: “Estaba estudiando en la biblioteca y de repente empezó a sonar el teléfono. Era Mikel (Eguren) y me dijo que le habían comentado que me había gustado el proyecto y me pidió que me apuntara”. “El hecho de que el proyecto exigiera trabajar en varios campos, como hablar en público, el apartado tecnológico (electrónica mecánica, software...) o la originalidad me convencieron definitivamente”, añade.

Competiciones

Los donostiarras decidieron competir en el concurso principal de Euskal Herria y los buenos resultados les llevaron a participar en otros dos. “En el mes de abril competimos en la Euskal Herriko Txapelketa de CanSat, que celebraba su primera edición en colaboración con la iniciativa Etorkizuna Eraikiz de la Diputación de Gipuzkoa, y el primer premio nos llevó a participar en el campeonato estatal que se celebró al mes siguiente en Zaragoza, donde también obtuvimos el primer puesto”, cuenta Eguren.

Ambas victorias les permitieron competir en la octava edición del Campeonato Europeo organizado por la ESA (Agencia Espacial Europea). La prueba se celebró en la isla Santa María de las Azores (Portugal), entre el 27 de junio y el 1 de julio, y participaron 19 países: Polonia, República Checa, Hungría, Austria, Alemania, Bélgica, Países Bajos, Reino Unido, Irlanda, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Noruega, Rumania, Grecia, Italia, Portugal, España y Japón como invitada.

La experiencia que tuvieron los alumnos en este último campeonato fue muy buena. Irurzun expresa que “fue una experiencia muy enriquecedora participar en estas tres competiciones”. “Sobre todo aprendimos muchísimo en esta última, ya que pudimos conocer otras culturas”, apunta. De lo vivido en las Azores, subraya el trato que tuvieron con la gente de otros países y la acogida que les hicieron, ya que pasaban mucho tiempo con ellos.

La competición europea fue mucho más exigente que las anteriores, por el hecho de que tenían rivales de escala internacional. “En este tipo de competiciones tenemos que construir un satélite, con un paracaídas impregnado, que tiene que caer desde 1.000 metros de altura en 120 segundos de una manera controlada”, detalla Eguren. Y, por otra parte, añade que “no solo se valora el satélite, sino que también tienen en cuenta el trabajo en equipo, el análisis científico, cuál es su valor humanístico, las aptitudes del grupo y si se han utilizado los recursos del entorno”.

Construir un satélite no parece ser una tarea nada sencilla y menos cuando se trata de unos alumnos que aún se están formando. “No fue fácil, pero menos mal que teníamos a Mikel (Eguren) como entrenador, ya que nos ayudó mucho y cuando él no dominaba algo, hablaba con profesionales para que nos lo explicaran”, cuenta Irurzun. La alumna asevera que “desde fuera decir que hay que hacer un satélite da algo de miedo, pero al final uno se da cuenta de que es algo que se puede sacar para adelante”. Para obtener un óptimo resultado hace falta realizar el trabajo con bastante antelación: “Es muy importante informar cada dos meses a la ESA sobre las evoluciones del proyecto”.

Los equipos tuvieron que cumplir dos misiones. La primera, que es igual para todos y es la misma todos los años, consistió en lanzar el satélite para medir la presión y la temperatura cada segundo de toda su trayectoria y enviar los resultados a un ordenador para que los registre. La segunda misión era opcional y Eguren explica que fueron los alumnos los que decidieron cuál iba a ser: “Consistió en que el satélite midiera la dureza del terreno donde iba a caer, con el fin de conocer mejor el punto de aterrizaje”.

“Tuvimos que crear un instrumento para poder medirlo y en este caso utilizamos una pelota que guardaba dentro un acelerómetro, por lo que cuanto más tiempo duraban los botes, más duro era el terreno y cuanto menos, más blando”, explica. “No había ninguna segunda misión como la nuestra ni en Euskadi ni en España ni en Europa”, señala Irurzun.

“El día de la competición hay que tener en cuenta que los satélites se introducen dentro de un cohete que asciende 1.000 metros de altura en seis segundos y, debido a la gravedad, sufren mucho ahí dentro”, continúa Eguren. Pero pese a ello, los donostiarras encontraron una solución: “Nosotros, para que nuestro satélite aguantara, hicimos un euskal satélite: fuerte y fiable”.

Buena experiencia

Los guipuzcoanos, pese no poder repetir la misma posición que en las otras dos competiciones (obtuvieron el tercer puesto tras Irlanda y Portugal), sacaron conclusiones muy positivas de la experiencia. Eguren expresa el valor de lo obtenido reseñando que “de los 19 participantes, trece no consiguieron que sus satélites funcionaran debidamente”.

Para Irurzun, ganar o perder no fue lo mas importante: “La importancia del trabajo en equipo es con lo que me quedo. Ganar o perder es lo de menos. He aprendido a trabajar en equipo y he visto también cómo han trabajado los demás grupos”. Los alumnos de Axular, al haber sido los primeros en participar en este evento, pueden servir de inspiración para otros centros. “Nuestro objetivo es que más gente, más centros y más alumnos participen en este proyecto”, afirma Eguren.

las claves

“De los 19 participantes, trece no consiguieron que sus satélites funcionaran”

mikel eguren

Entrenador del equipo

“Cuando vinieron

a clase a presentarnos

el proyecto me quedé muy impresionada”

June irurzun

Alumna de Axular Lizeoa


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