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El amigo vasco de Reagan

Fallece a los 96 años Paul Laxalt, el vascoamericano que más alto llegó en la política de EE UU tras ser gobernador de Nevada, presidente del Partido Republicano y jefe de la campaña que aupó a Ronald Reagan a la Casa Blanca

Un reportaje de Carlos C. Borra - Miércoles, 8 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El lehendakari Ardanza entrega una makila a Reagan en su visita a la Casa Blanca en 1988, en presencia de Cenarrusa y Laxalt.

El lehendakari Ardanza entrega una makila a Reagan en su visita a la Casa Blanca en 1988, en presencia de Cenarrusa y Laxalt. (Foto: N.G.)

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El lehendakari Ardanza entrega una makila a Reagan en su visita a la Casa Blanca en 1988, en presencia de Cenarrusa y Laxalt.Imagen de la web del diario.

De los campos de Zuberoa hasta lo más alto de la política norteamericana, la historia de los Laxalt ejemplifica a la perfección el Sueño Americano desde que el matrimonio formado por Dominique Laxalt y Therese Alpetxe partió desde Iparralde hasta el Estado de Nevada donde, prácticamente como pioneros del Oeste, hicieron fortuna, él como pastor y después ranchero, y ella como regente de un hotel. Sus hijos pudieron formarse, por tanto, en la universidad y así Paul Laxalt llegó a ser gobernador de Nevada entre 1967 y 1971, senador republicano de 1975 a 1987, presidente de dicho partido, amigo personal, jefe de campaña y principal asesor del presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, e incluso pudo aspirar a la Casa Blanca. Pero “nunca perdió su identidad y su sentimiento de pertenencia a Euskadi”, recordó ayer el lehendakari José Antonio Ardanza de quien fue su principal anfitrión en una histórica visita a EEUU en 1988. Paul Laxalt falleció por causas naturales el pasado lunes a los 96 años de edad en una residencia de Virginia.

Nacido en 1922 en Carson City, capital de Nevada, prestó servicio en el ejército como sanitario en el Pacífico Sur. Licenciado en derecho en 1949, llegó a ejercer como abogado, aunque pronto se centró en la política cuando fue elegido gobernador de Nevada. Su vida pública estuvo marcada a fuego por su estrecha relación con Ronald Reagan, que se forjó cuando ambos eran gobernadores de Estados vecinos, California en el caso del actor retirado. “Eran amigos íntimos desde siempre, Reagan les visitaba los fines de semana en la cabaña que los Laxalt tenían en la montaña”, explicaba a este periódico el director del Centro de Estudios Vascos de la Universidad de Nevada, Xabier Irujo.

Su trayectoria posterior incluye ser designado jefe de campaña de Reagan en las presidenciales de 1976 y 1980 y ejercer como su principal asesor durante sus mandatos (entre 1981 y 1989). “Si Ronald Reagan necesitaba un consejo sincero, acudía a Paul”, apuntaba ayer un antiguo senador. Laxalt lideró en 1978 la resistencia a los intentos de devolver el Canal de Panamá a dicho país centroamericano, un conflicto en el que, a diferencia de muchos de sus aliados, mostró empatía con el sentimiento de opresión de los panameños y no arremetió contra ellos de forma personal. “¿Cómo podría, siendo vascofrancés?”, dijo al respecto en una entrevista concedida en 2006.

Destaca especialmente el papel que desempeñó en el conflicto que estalló en Filipinas, país al que viajó en 1985, después de que el presidente Ferdinand Marcos se rebelara contra el resultado de las elecciones que perdió frente a Corazon Aquino. “Evitamos una guerra civil con solo una llamada de teléfono”, explicó Paul Laxalt en referencia a la conversación que mantuvo con Marcos en 1986, en la que le convenció de abandonar el país. De no haber accedido a ello, “una gran cantidad de filipinos habrían muerto en Manila ese día”, agregó.

En la Casa BlancaOtro ejemplo de lo apegado que estaba a sus orígenes en Iparralde se encuentra en el papel que desempeñó en la visita que el lehendakari Ardanza cursó a Estados Unidos en marzo de 1988, donde se entrevistó con Ronald Reagan en la Casa Blanca. “El presidente ha estado rodeado de vascos”, declaró entonces Laxalt a El País. El propio Ardanza recordó ayer en declaraciones a este periódico la fuerte oposición del Gobierno español de Felipe González a que se celebrara dicho encuentro, un rechazo que el propio Laxalt se sacudió afirmando que “lo que diga el Gobierno español y la embajada española nos trae sin cuidado, quiero que mi presidente nacional vasco y que el presidente de EEUU se conozcan, se saluden y se vean”, según Ardanza. “Siempre tuvo una conciencia muy clara de su doble condición de norteamericano y de originario de Iparralde”, insistió el lehendakari, y desde esa condición fue “un gran aliado”.

El historiador Xabier Irujo aportó que Laxalt se dedicó más a la política de EEUU que a la vasca pero “estuvo muy cerca de personas implicadas en los procesos de pacificación en Euskadi como Pete Cenarrusa y Bill Douglas”. Resaltó a su vez su presencia en la visita que el lehendakari Juan José Ibarretxe cursó a su país en 2006, año en que ETA declaró una tregua. Si Paul se dedicó a la política, su hermano Robert, candidato al Pulitzer, sobresalió en el ámbito cultural como autor del clásico Sweet Promised Land, en el que narraba de forma novelada la historia de su familia.

‘The New York Times’

Obituario. Buena prueba de la talla política de Paul Laxalt fue el amplio artículo que el influyente diario ‘The New York Times’ publicó ayer con motivo de su fallecimiento. Aparte de repasar su carrera, destaca sus orígenes vascos, al apuntar que “sus padres eran inmigrantes de la región vasca de Francia”.

El mayor logro. El texto recuerda que, según el propio Laxart, su “principal contribución” a la actividad pública fue apoyar a Reagan, elegido presidente “pese a que partió de una clara posición de desventaja”.


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