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Mikel Mazkiaran secretario de la federación estatal de sos racismo

“El flujo de migrantes se mantendrá en el tiempo y el Gobierno Vasco debe crear los recursos necesarios”

Mazkiaran critica que las instituciones no han sabido prever el aumento de llegadas de personas en tránsito que “ya colapsan la primera asistencia en el sur de la península”

Una entrevista de Jorge Napal Fotografía Gorka Estrada - Jueves, 2 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Mikel Mazkiaran, secretario de la Federación Estatal de SOS Racismo.

Mikel Mazkiaran, secretario de la Federación Estatal de SOS Racismo.

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Mikel Mazkiaran, secretario de la Federación Estatal de SOS Racismo.

donostia- “Quienes intentan cruzar la frontera y son rechazados precisan un lugar donde descansar”, defiende Mikel Mazkiaran, secretario de la Federación estatal de SOS Racismo.

¿Qué lectura hace de lo ocurrido el viernes pasado en Irun con la protesta de migrantes?

-Nos encontramos con unas quince personas que estaban deambulando por Irun. Llevaban ya una semana durmiendo en la calle. Dos compañeras de SOS Racismo se interesaron por su situación, y a partir de ahí se empezaron a sondear las posibilidades que había de ofrecerles un lugar donde descansar. De ahí nació el desayuno solidario que acabó provocando esa reacción.

Las instituciones han habilitado un centro de atención. ¿Lo habrían hecho de no presentarse estas personas ante el ayuntamiento?

-Si esta situación no hubiera trascendido a los medios de comunicación, probablemente, no se habría adoptado una medida así. Al menos con la urgencia con la que se ha tomado. En todo caso, no queremos volver a lo ocurrido y nos quedamos con el resultado. El Ayuntamiento ha habilitado ese recurso para personas en situación de itinerancia, y es algo por lo que nos tenemos que felicitar. Agradecemos al Consistorio de Irun la rapidez y la eficacia con la que ha resuelto el problema. Eso sí, habrá que ver a partir de ahora cuál es la capacidad de este nuevo recurso y si es capaz de atender a toda la demanda.

¿Cuál es la demanda actual?

-Está por debajo de la disponibilidad de camas. El Ayuntamiento ha acordado abrir el albergue que hasta ahora solo era utilizado en invierno. Por el momento las 20 camas son suficientes, pero la demanda de recursos es imprevisible porque viene de la mano de un grupo con una gran movilidad. Las personas que consiguen cruzar la frontera dejan de hacer uso del recurso, pero vienen otras. Por eso creemos que va a haber siempre un grupo de unas quince a veinte personas demandantes, y nos preocupa que un posible aumento del grupo no permita su alojamiento en el recurso de Irun.

¿Va a aumentar el número de migrantes en tránsito?

-Es un pronóstico difícil de hacer. Todo apunta a que se va a mantener un flujo intenso desde el sur, al menos durante unos meses, y esas personas son las que pasan por Irun.

Piden que se flexibilicen las condiciones. ¿Cómo se materializará la atención a estas personas en Irun?

-El albergue va a ser gestionado por Cruz Roja, que recibe fondos en virtud del acuerdo alcanzado en la mesa interinstitucional entre el Gobierno Vasco, la Diputación y los ayuntamientos. Estamos pendientes de saber hasta qué punto este nuevo centro va a servir de complemento al de Zorroaga, que será sustituido por el de Riberas de Loiola.

¿En este nuevo centro van a ser atendidas las personas que hasta ahora no han podido acreditar documentación alguna?

-Más allá de la documentación, en este albergue van a ser atendidas personas que no provienen de una gestión directa de Cruz Roja. Hace falta dar una respuesta a las personas que tras intentar cruzar la frontera son rechazadas y precisan un lugar donde descansar.

¿Cómo cruzan la frontera?

-Sorteando el control fronterizo. Se trata de cruzar el puente de Santiago. Cada uno tiene su estrategia.

¿Qué ocurre con los retenidos?

-Cuando una persona extranjera es sorprendida pasando la frontera de manera irregular y se le intercepta en el plazo de cuatro horas desde el momento en el que cruza la frontera de España es devuelta por la Policía francesa, en virtud del acuerdo hispano-francés de readmisión.

¿Devuelta adónde?

-A la Policía española.

¿A la comisaría de Irun?

-Sí, y es ahí donde se incoa un expediente de expulsión.

¿Cuántos migrantes son interceptados cada día?

-Los letrados del turno de extranjería prestan de cinco a diez asistencias diarias. Estos procedimientos se pueden llevar a cabo, por ejemplo, a las diez de la noche, y una vez que salen de la comisaría de Irun necesitan un lugar donde descansar.

¿Qué ocurre una vez que se incoa el expediente de expulsión?

-A partir de ahí se abre un plazo de 48 horas para presentar alegaciones. Con ese fin, se nombra al letrado que esté en el turno.

¿Pero qué ocurre durante ese compás de espera? Porque los migrantes lo intentan una y otra vez...

-El expediente de expulsión no es un impedimento para continuar con su objetivo de llegar a Francia o donde tengan sus lazos familiares. La gran mayoría de personas que salen de la comisaría de Irun con el expediente de expulsión van a seguir adelante con su proyecto migratorio.

¿Que salgan adelante quiere decir que consiguen cruzar la frontera?

-Sí. Aquí no hay una valla como en Melilla, pero hay una frontera. En virtud de los acuerdos del espacio Schengen no hay un control policial, pero en la práctica todos sabemos que existe y, por tanto, es difícil de cruzar esa frontera interior.

Las instituciones apelan a la discreción para “evitar comentarios y noticias sensacionalistas”. ¿Informar sobre el deambular de estas personas es alarmista?

-Las instituciones son conocedoras, al igual que la ciudadanía, de un hecho que no se estaba dando durante los meses anteriores. Es necesario contextualizar por qué está ocurriendo, y en ese intento, hay aspectos muy importantes que conviene trasladar a la ciudadanía.

¿Por ejemplo?

-Que este flujo se ha dado siempre. Llevamos años con la migración que viene de la frontera sur y que se dirige al norte de Europa. La diferencia ahora es de escala. Es decir, nos estamos encontrando más llegadas de las habituales, lo que provoca el colapso de la primera asistencia en la parte sur de la península. Esa situación tiene un efecto directo: que dejen esos lugares y vengan al paso fronterizo. Así, nos encontramos, por ejemplo, con decenas de migrantes que llegan a Donostia en autobús.

¿Por qué ha crecido el número?

-Los flujos migratorios deben analizarse desde una óptica amplia. Si la llegada a Italia se dificulta y la frontera de Grecia con Turquía está cortada, surge de todo ello un sistema de vasos comunicantes que convierte el sur de España en un paso cada vez más habitual.

Ante esta situación, ¿se cuenta con los recursos suficientes?

-El primer análisis a hacer es si este aumento era o no previsible. Que iba a haber un aumento por la frontera sur era previsible, aunque es verdad que se trata de un flujo cambiante. El año 2010 fue el que registró menos entradas. A partir de ahí el número fue ascendiendo y los datos de 2016 y 2017 ya apuntaban que el paso del Estrecho estaba siendo cada vez más utilizado. Las instituciones tenían que haber previsto que iba a haber un aumento de llegadas.

¿Pero cómo se articula una atención ordenada a personas con unas vidas en las que reina el caos?

-Las características del colectivo a atender son muy especiales, y no encajan con el diseño de la prestación de los recursos sociales que puede ofrecer hoy en día cualquiera de las administraciones. No encajan en la cartera de servicios sociales, que es la herramienta que ordena a cada Administración qué recursos debe ofrecer. Todo ello obliga a articular mecanismos con cierta urgencia e improvisación. Ahora bien, tampoco debe ser un impedimento para ofrecer una determinada atención. Por encima de diseños o carteras sociales está la realidad. Es sencillo atender a personas que piden un alojamiento donde descansar, un enchufe y zona wifi.

¿El wifi tiene tanta importancia como la manutención?

-De hecho, lo primero que piden es un enchufe para cargar el móvil y wifi para comunicarse con sus familiares. Para ellos es fundamental, como lo sería para nosotros cuando emprendemos viajes de miles de kilómetros.

¿Qué escenario plantea a futuro?

-El flujo de la zona sur hacia el norte se va a mantener, quizá no en la escala actual, pero va a continuar. Si hacemos ese ejercicio de realismo, hace falta crear todos los recursos necesarios que sean permanentes y atiendan esa demanda. El Gobierno Vasco, si bien en un primer momento ha adoptado medidas de urgencia, debería tener en cuenta que no se trata de un problema coyuntural.

¿Hay dotación presupuestaria?

-El problema actual es que los recursos durarán hasta que se agote el presupuesto, pero ese es un criterio que ya no es válido. Puede servir para frenar el choque, pero se deben adoptar medidas permanentes.

¿Crear este nuevo recurso en Irun aviva el efecto llamada?

-Teniendo en cuenta el trayecto migratorio que siguen estas personas, hablar de efecto llamada no tiene sentido. La prueba más evidente es que la inmensa mayoría de estas personas está de paso. Por el hecho de que se les atienda no se van a quedar aquí. Es una cuestión básica de derecho humanitario.


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