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Crónica

Feliz melancolía

Por J. J. Forcada - Viernes, 27 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Caetano Veloso, junto a sus tres hijos, en el concierto de ayer en el Kursaal. Fotos: Esti Veintemillas

Caetano Veloso, junto a sus tres hijos, en el concierto de ayer en el Kursaal. Fotos: Esti Veintemillas

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Caetano Veloso, junto a sus tres hijos, en el concierto de ayer en el Kursaal. Fotos: Esti VeintemillasEl músico brasileño, en plena actuación.

teníamos un muy buen recuerdo de la última vez que estuvo Caetano Veloso en el Jazzaldia. Fue en 2006 y sobre el mismo escenario, el Kursaal. En aquella ocasión ofreció un concierto en solitario y, en este caso, acompañado de sus tres hijos, Moreno, Tom y Zeca. Parece que los tropicalistas han puesto de moda girar con la familia. Así lo esta haciendo también Gilberto Gil, al que acompañan tres o cuatro miembros de su familia en la actual gira. Concierto íntimo en todo caso, a pesar de ser cuatro sobre el escenario. Concierto que mantiene en todo momento un tono amable, en la línea de la extensa discografía de Caetano. Sus hijos no se limitan a ser meros acompañantes. En muchos momentos de la velada son los verdaderos protagonistas y el padre disfruta y los mira con satisfacción. El mayor de los hijos, Moreno (45 años), estuvo en 2004 actuando en el Guardetxe de Donostia con una propuesta musicalmente arriesgada, realmente lejos de lo que hace ahora, por lo menos con su padre delante. Es un Moreno mucho más domesticado pero con un refinamiento digno de mención.

Nada menos que 26 canciones sonaron en la hora y media larga que duró el concierto, basado en las canciones del reciente disco en directo Ofertorio.

Fueron sonando Alegría, Alegría con los hijos haciendo los coros, O seu amor, de Gilberto Gil, con ese tono melancólico, un tanto tristón, que fue apareciendo a lo largo de todo el concierto. En Boas Vindas se despertó el ritmo y Moreno se acompañó con un plato de cocina. Según Caetano, una de las canciones que más aclamada está resultando de este disco es Todo Homem, compuesta por Zeca (26 años) y cantada por él mismo con un falsete un tanto excesivo. Dedicó también un tema Genipapo absoluto, a la ciudad donde nació, Santo Amaro. En Um passo a frente, cantada por Moreno, Caetano se atrevió a hacer un amago de bailar sin levantarse de la silla. Es un tema cimbreante y que contagia cierta felicidad, y que terminó con la primera gran ovación de la tarde. Tom (21 años), el más joven de los hermanos, se atrevió con un tema, Clarao, muy clásico, muy sentido, lleno de fragilidad y melancolía.

Aunque se nombra la palabra sofisticado, la sensación es la contraria, todo fluye sencillo, ligero, con mucha finura. En Trem das Cores, Caetano se atrevió a silbar, con muy buen resultado. Um so lugar es una canción de Tom, melancólica, delicada, aterciopelada incluso, con la que el concierto trasmitió relajación. Llegó la electrónica al concierto, unas bases pregrabadas nos sorprendieron con guiños al hip hop.

A BAILAR El aparentemente tímido Tom salió a bailar, en un cambio inesperado que levantó pasiones. Oraçao ao tempo nos confirmó el gusto que tiene Caetano cantando, y la facilidad con la que lo hace. Alguem cantando nos volvió a mostrar las capacidades vocales de Zeca y su falsete. Caetano contó algunas anécdotas sobre las canciones, una dedicada a cuando su madre cumplió 90 años. Se declaró no religioso pero se animó hablando de la religiosidad de sus hijos. Reconvexo es un tema que ofrece el lado más hedonista del espectáculo, rítmico y divertido, con el público se sintió parte de la fiesta. Voce me deu nos devolvió al Zeca más dulzón, es música que te abraza, cálida, confortable, con poder terapéutico. Te envuelve, nada molesta, y trasmite serenidad y comodidad. O Leaozinho se la dedicó Moreno a sus hijos, presentes en la sala, y fue recibida con entusiasmo. Las canciones se fueron sucediendo prácticamente en el mismo orden que aparecen en el disco. Dedicó Caetano sendas canciones a las madres de Moreno (Andrea Gadelha) y la de Zeca y Tom (Paula Lavigne), canciones serias en un tono grave y con cierto aire tribal en algún momento. Recordaron la primera colaboración musical que tuvieron Caetano y Moreno, cuando este último tenía 9 años con Um canto de afoxé para o bloco do Ilê. Forçca extranha sonó maravillosa, con las cuatro voces empastadas en el mismo tono, y con How beatiful Could a being be se montaron una pequeña fiesta bailando Moreno y su padre. El público, puesto en pie. Y llegó el bis, con el clásico Noche de Ronda, de Agustín Lara, y una samba carioca repleta de encanto. El público despidió en pie a la familia Veloso y, sobre todo, a este hombre que ha sido una de las grandes figuras de la música brasileña y sigue en un gran estado de forma creativo e interpretativo. Sabemos que hay grandes artistas jóvenes en Brasil pero, porque ya no trascienden como lo hacían antes. 


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