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Tribuna abierta

Pedro Sánchez, primer mes como presidente

Por Josu Montalban - Miércoles, 25 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Aún a riesgo de que pueda ser un balance algo prematuro, creo que es bueno analizar cuanto ha venido ocurriendo desde que el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez está en ejercicio. Lo que sigue son reflexiones en ese sentido, además de ofrecer mi visión en torno al tiempo nuevo que ya estamos viviendo. Aún no ha pasado un mes pero cabe sacar conclusiones porque la moción de censura triunfadora supuso un soplo de aire fresco que alentaba las esperanzas y abría las puertas a un nuevo tiempo en el que la mayoría aplastante de los españoles y españolas veían rayos de luz avanzando, aunque fuera de forma remisa, entre las tinieblas. Los últimos tiempos del Gobierno Rajoy estuvieron llenos de borrones, de claroscuros, de sombras y de incertidumbres. La corrupción, además, fue eclipsando uno a uno todos los eventos algo positivos que el Gobierno del PP ponía en el escenario, hasta tal punto que la Economía, saliente de su letargo y anunciadora de un futuro algo más halagüeño, no sirvió para templar los ánimos contrariados de los ciudadanos.

Los ánimos ciudadanos han estado soliviantados, principalmente porque Mariano Rajoy se convirtió en el rey de la pasividad: ni mudaba su semblante ni modificaba sus actitudes. El Gobierno del PP se sintió seguro con solo aprobar los Presupuestos Generales para los que, con buen criterio, el PNV le había ofrecido sus apoyos a cambio de inversiones y promesas de actuación en el ámbito de la Comunidad Autónoma Vasca. Pero aquella seguridad siempre me pareció demasiado quebradiza porque ningún apoyo puntual, por más compensaciones parciales que tuviera, sería capaz de resistir los empujones que la corrupción le estaba dando al PP hacia las afueras del Gobierno… Y la corrupción arremetió con fuerza, abrió la puerta de las cárceles para muchos, -demasiados-, miembros incondicionales o vinculados al PP. El ambiente no permitía condescendencias ni permitía poner paños calientes sobre heridas tan excesivamente profundas.

El nuevo presidente del Gobierno inició su camino al mando de un equipo diferente e imprevisto. Lo que Pedro Sánchez prometió en su moción de censura solo fue pergeñar un nuevo tiempo para el que eran precisas nuevas visiones e intenciones. Aunque es verdad que la corrupción fue el gran detonante, es necesario subrayar que los últimos años de gobierno del PP han constituido un fracaso cuyas consecuencias han desatado protestas ciudadanas en todos los órdenes. Asidas al descontento provocado por el enriquecimiento desmedido de los peperos, que convirtieron las Instituciones públicas en entidades de ahorro a su servicio, los colectivos de españoles más desfavorecidos han salido a la calle reclamando respuestas útiles, pero no han encontrado ni siquiera comprensión.

Mientras ocurría todo esto, y las gentes se manifestaban, y se llenaban las calles de descontentos profiriendo voces, gritos y esloganes diversos, el PP exhibía su sordera, cuando no su incomprensión y su abandono. Los pensionistas han reclamado lo que les corresponde como financiadores de un sistema de pensiones dignas mediante sus cotizaciones;las mujeres igualmente han llenado las calles para recordar que tienen, o deben tener, idénticos derechos y deberes que los hombres;los pobres y menesterosos han perdido el miedo a mostrar su miseria a la vez que reclaman unas condiciones de vida suficientes para considerarse dignos;los migrantes se han armado de osadía para atravesar los océanos, o para saltar las alambradas fronterizas, para vivir allí donde pueda hacerse con solvencia, aunque sea con un esfuerzo denodado… El PP ha asistido a las protestas callejeras con la desidia propia de los que piensan que los problemas sufridos no han ido con ellos… Y no les faltaban razones, o disculpas, porque cuanto ha venido dificultando nuestras vidas y las ha hecho más costosas y duras, ha afectado con mucha menor crudeza a los acomodados que, tradicionalmente, han estado adscritos a la derecha social y política, es decir al PP.

Lo que Pedro Sánchez prometió en su moción de censura solo fue pergeñar un nuevo tiempo para el que eran precisas nuevas visiones e intenciones

El socialismo español únicamente alcanza su máxima eficacia cuando coinciden en la misma persona la

Pero la política es complicada, y los políticos que la ejercen y desarrollan suelen ser remisos y pacatos. El PP depositó su fortuna en el azar, y en el hecho de que la Economía, siempre fluctuante y cíclica, regalase a la sociedad española un nuevo tiempo de esplendor y resurgimiento. En su silencio cómplice Rajoy mostró siempre una sonrisa que denotaba inquietud mientras los demás líderes políticos permanecían atentos, a la expectativa. La decisión de Pedro Sánchez de presentar la moción de censura ha obedecido a un impulso personal derivado de la circunstancia de que el máximo líder, y responsable del socialismo español -segunda fuerza política por detrás del censurado PP-, no estaba ocupando ningún sillón en el Congreso de los Diputados.

El socialismo español únicamente alcanza su máxima eficacia cuando coinciden en la misma persona las dos máximas responsabilidades: la Secretaría General del PSOE y la Presidencia del Gobierno. Pedro Sánchez lo ha entendido de ese modo, igual que en otro tiempo lo entendieron Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. No solo ha aprovechado su oportunidad, sino que ha actuado con maestría, ofreciendo para el nuevo tiempo un programa político que nadie ha podido rechazar. Salvo el PP, como máximo afectado, y Ciudadanos (C’s), que ha jugado a suplantar o impostar a la vieja derecha, nadie ha rechazado la propuesta de Pedro Sánchez, en unos casos convencidos del valor del nuevo Presidente y, en todo caso, esperanzados con un futuro que, en manos del PP, empezaba a ser catastrófico.

El discurso pronunciado por Pedro Sánchez con motivo de su moción de censura fue contundente. Casi treinta proposiciones nuevas, a añadir a los asuntos y propuestas pendientes de resolver, que Rajoy había dejado abandonadas en los cajones. Una a una fueron golpeando las conciencias para demostrar fehacientemente que el descontento y la desesperación se estaban apoderando de los españoles. Cierto es que hay medidas prioritarias y urgentes (políticas de igualdad, lucha contra la pobreza, reactivación del diálogo social, recuperación del Pacto de Toledo para regular las pensiones, pacto contra la violencia de género, mejora de las condiciones del empleo, ley del cambio climático, derogación de la ley Mordaza, recuperación de la concordia con el Gobierno catalán, etc…). Pero hay otras medidas o actitudes que, pareciendo a priori testimoniales, (acogida de inmigrantes, acuerdos para el acercamiento de los presos de diversos tipos y condición a sus lugares de origen o de residencia, exhumación de los restos de Franco, liberación del Valle de los Caídos, etc…), definen al nuevo Gobierno.

Pedro Sánchez ha sido el impulsor y artífice del cambio actual. Ya es la tercera vez, en la Democracia, que el PSOE ha tenido que acudir a despertar a España y a los españoles. Primero fue Felipe González el que ilusionó a los españoles después de que Suárez agotara sus expectativas. Después fue Rodríguez Zapatero el que llegó para restaurar a la sociedad española, engañada vilmente por José María Aznar. Y ahora ha sido Pedro Sánchez el que ha llegado para devolver las esperanzas que el melancólico Rajoy nos había inoculado. Así ha venido siendo…

Como diría, con entusiasmo, mi viejo amigo socialista de Ortuella Alejandro Pérez: ¡Otra vez ha tenido que ser el PSOE el que ha dado la talla…!


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