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Colaboración

Larra resucitado: ¡Vuelva usted mañana!

Por Xosé Estévez - Martes, 24 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

En los últimos días, en un estrecho margen de tres jornadas sucesivas he padecido en mi carne y su correspondiente envoltorio anímico, tres punzantes episodios a cargo de diferentes administraciones públicas. Con ello se rompía una larga y fructífera racha temporal de excelentes relaciones y concepción positiva hacia su buen funcionamiento en general.

El jueves día 5 del corriente mes de julio, ante el silencio administrativo para realizar una resonancia magnética, que debía presentar al especialista el 9 de julio en consultas externas del Hospital Donostia, llamé a la citada sección de radiodiagnóstico con el fin de saber la causa de la tardanza en la llamada para realización de la prueba. En tono displicente una trabajadora me contestó que la prueba no se efectuaría debido a que estaban desbordados y mi caso había sido considerado no prioritario por el galeno de la sección. Mi insistencia en la necesidad perentoria de presentarla para el lunes siguiente, día 9, no obtuvo el resultado positivo apetecido. La prueba había sido solicitada el 11 de diciembre del 2017 por el excelente especialista, que trató y trata mi caso, de la sección hepatobiliopancreática del Hospital Donostia, para compulsar la situación del páncreas, todavía afectado por secuelas derivadas de haber sufrido una pancreatitis aguda en septiembre del 2016 y después de haberme extirpado la vesícula el 3 de enero del 2017. La visita al citado especialista debía haberse efectuado el 25 de junio, pero, a su debido tiempo y en forma escrita suficientemente anticipada, me fue notificado el retraso para el 9 de julio. Había oído algunos comentarios peyorativos sobre la paulatina degradación del sistema sanitario en Euskadi, pero los achacaba a los resabiados agoreros, que inhalan vinagre matutino y lo esparcen con ácido rencor a lo largo de la jornada. Siempre he tenido y tengo en alta estima a los profesionales sanitarios, como cualquier lector podrá comprobar con la lectura de mis colaboraciones periodísticas, e incluso poesías, sinceramente laudatorias de su ingente y humanitaria tarea, en la hemeroteca de los diversos medios en los que he colaborado más de cuarenta años. Son unos héroes que cargan con una ardua e impagable labor, en ocasiones no reconocida y en circunstancias a veces límite.

Me abordan serias dudas sobre la capacidad de eliminar viejos defectos y de renovar las estructuras enmohecidas y me deprimen los sinsabores de la inoperancia burocrática

Al día siguiente, viernes 6 de julio, leo la alarmante noticia de la retirada de numerosos lotes de un medicamento para hipertensos, Valsartán, a causa de la contaminación por un producto cancerígeno. Al ojear la lista de los lotes en la nota remitida por el Ministerio de Sanidad observo con estupor que la caja del producto que tomo desde hace tiempo está incluida en ella. Después de efectuar varias gestiones en farmacia y ambulatorio, el sábado, día 7, en la botica me sustituyen el medicamento contaminado por otro correcto, habiéndolo sellado, previo pago de la cantidad completa para reintegrarme el abono restante, cuando el médico de cabecera me haga la correspondiente receta.

El mismo día, sábado, 7 de julio, por la tarde, acudí, acompañado de la responsable del recluso, al centro donostiarra penitenciario de Martutene para recibir a un amigo interno, que disfrutaría del primer permiso carcelario después de cinco meses de internamiento. En la visita realizada el sábado anterior nos había enseñado alborozado el permiso firmado y sellado, reflejando su cara la inmensa alegría de un pájaro que fue libre durante 70 años y por un aciago error fue condenado a 6 meses de enjaulamiento. ¡Pero nuestro gozo en un pozo! ¡Cuál sería nuestra sorpresa cuando el funcionario de turno nos dijo, con modales educados, eso sí, que no tenían constancia de ese permiso! En la visita subsiguiente el propio recluso nos confirmó, contrariado y cariacontecido, que faltaba la firma de un chupatintas o manzanillo ineficiente y, por tanto, el permiso no podía concederse. El amigo interno no mostró excesivo enfado por mor de su lógica situación carcelaria, proclive al desvalimiento psicológico y a posibles represalias, en caso de colérica desmesura.

Hoy se han removido los posos del adormecido y senil espíritu crítico, renacido de mis impulsos juveniles y aventado al socaire de los hechos reseñados. He releído el artículo del insigne escritor romántico Mariano José de Larra, bajo el título Vuelva usted mañana, publicado en el periódico El Pobrecito hablador, nº 11, en enero de 1833. Sugiero a los electores que relean esas páginas gloriosas de Larra. Existe una falsa creencia de que las generaciones actuales hemos inventado la pólvora y el progreso funciona siempre hacia adelante. Si nos retrotraemos a la historia, magistra vitae, a veces nos damos de bruces con episodios, personajes y pensamientos que nos sacan los colores y enrojecen nuestra altanera visión del pasado como una oscura etapa a sepultar en el mar tenebroso del olvido. Y no es así.

Han pasado 175 años y, a pesar de mi innato optimismo y fe rousseauniana en la bondad natural del hombre, han surgido estas rápidas reflexiones. Me abordan serias dudas sobre la capacidad de eliminar viejos defectos y de renovar las estructuras enmohecidas y me deprimen los sinsabores de la inoperancia burocrática.


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