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tour de francia

Nielsen, otro palo para Ion

El poderoso danés bate a Ion Izagirre, de nuevo segundo, en Carcasona, donde los favoritos no se separan antes del día de reposo

César Ortuzar - Lunes, 23 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Magnus Cort Nielsen derrotó a Ion Izagirre en Carcasona en la antesala de la segunda jornada de descanso.

Magnus Cort Nielsen derrotó a Ion Izagirre en Carcasona en la antesala de la segunda jornada de descanso. (Foto: Efe)

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Magnus Cort Nielsen derrotó a Ion Izagirre en Carcasona en la antesala de la segunda jornada de descanso.

donostia- Rubio, vikingo, veloz y musculoso, a Cort Nielsen le describe su nombre. Magnus. Grande. El danés fue un gigante para Ion Izagirre, un David sin onda ni piedra frente a Goliath en la ciudad fortificada de Carcasona. El danés la conquistó a las bravas. Con un sprint salvaje. Sin levantarse del sillín. Coceando. Izagirre, que cumplió punto por punto con el manual, -abrigado a la rueda de Cort Nielsen antes del impacto final-, nada pudo hacer ante la estampida de bisonte del corredor del Astana, que recolectó otro festejo tras la alegría de Omar Fraile en el aeródromo de Mende. El de Santurtzi inspiró a Cort Nielsen, otro avión. “La victoria de Omar Fraile en Mende me dio confianza y vi que es posible ganar en el Tour”, concedió el vencedor. En Carcasona, un museo guarda uno de los catalejos que empleó Napoleón. Con ese instrumento observó el pequeño de los Izagirre a Nielsen. “Hoy (por ayer) era imposible porque Nielsen era el más rápido”, resumió el de Ormaiztegi para pintar la realidad sin un ápice de poesía. “De nuevo al poste y ya van dos porque siempre hay alguno que va más rápido, que sube o baja más que tú”, analizó Ion, otra vez segundo tras su serlo en Le Grand-Bornand. Peor lo pasó Calmejane, que solo acertaba a decir: désolé. Desolado. El lenguaje de la realidad del Tour. En el de las redes sociales, Cort Nielsen posa en su cuenta de Twitter con el torso desnudo, a modo de un espartano que defiende las Termópilas.

Nielsen se sacudió a Izagirre de un sopetón y a Mollema le aplicó el mismo método. Trituró los pedales con rabia. Ira y fuego. Se rindió a sus pies Carcasona, la ciudad encastillada por la muralla. El muro no resistió el ariete de Nielsen, que mostró músculo y plegó a Ion Izagirre en dos actos. El de Ormaiztegi, que es rápido, pero no posee la pólvora de Cort Nielsen, trató de enredar al danés en el último kilómetro. Nielsen, que no quitaba el ojo al guipuzcoano, le leyó las intenciones y se encoló a su dorsal. Después, resolvió en un final sin incertidumbre. No hubo tensión ni thrilleren la victoria de Nielsen, aséptica y pulcra porque ni Izagirre ni Mollema, al que metió un par de segundos en la arrancada, pudieron toserle. Nielsen se encaró y tiró la puerta de la ciudad a cabezazos. Un ariete para atravesar la muralla de Carcasona.

A la ciudad que ha dado nombre a un juego de estrategia y construcción, los favoritos llegaron sin discusiones, salvo por la rebeldía y el inconformismo de Dan Martin, que se adentró en el terreno de los valientes antes de que acallaran su revuelta. El irlandés trató de sisarle algo de tiempo a sus rivales con un ataque en el Pic Nore, la cumbre en la que se removieron los cimientos de la travesía entre viñedos y viento de costado. Martin no tuvo el empuje del Muro de Bretaña y claudicó después de enfatizarse en el Pequeño Mont Ventoux bajo la mirada de los aerogeneradores, los gigantes de los quijotes modernos. Con la jornada de descanso en la bisagra, los favoritos tamborilearon los dedos acodados en la sala de espera, haciendo tiempo para los Pirineos.

No hubo prisas salvo para quienes miran al reloj angustioso del día a día, como en la economía de guerra, donde no sobra nada y la gente se alimenta con los olores para recordar el sabor de la comida que no hay. En el Tour es larga la lista de los hambrientos que saben que una migaja de la Grande Boucle tiene el valor de un menú degustación de alta cocina. Se alistaron 29 comensales a la aventura con el beneplácito del Sky, que reparte pasaportes. Se desatendió la formación británica, solo con ojos para lo cercano: la protección de Geraint Thomas, el líder de la carrera, y el jefe del Tour, Chris Froome. Su misión era posarlos sin arañazos hasta el amanecer del barbecho. Siguieron con prismáticos a los escapados.

expulsión de mosconEn las faldas del observatorio de Pic Noire, la escapada perdió grasa. Quedó lo magro. Domenico Pozzovivo, Magnus Cort Nielsen, Michael Valgren, Bauke Mollema y Ion Izagirre perseguían a Rafal Majka, que se destacó en la ascensión en la misma medida que Grellier y Bernard claudicaban. Majka coronó la montaña entre el viento que soplaba airado, pero el viento se lo llevó entre los viñedos. Uva seca. Martin, irlandés corajudo, seguía con la mala uva, con el orgullo como alimento. Tuvo un minuto de ventaja hasta que la inercia lo devolvió al redil que pastoreó la vara del Sky. Gianni Moscon se pasó y fue expulsado de carrera por una “agresión particularmente grave” contra un corredor del Fortuneo. No es la primera vez que el italiano es protagonista de broncas. El incidente se produjo durante el Tour de Romandía, cuando Moscon se dirigió a Reza, de raza negra, con insultos racistas. A finales del curso pasado fue acusado por Sébastien Reichenbach, que había apoyado a Reza, de haber provocado su caída en los Tres Valles Varesinos.

Con el viento de cara y con Carcasona a siete kilómetros empezó el ritual, el juego táctico que antecede al baile por la victoria. Izagirre, que sabía que podía esperar, al final del final, lanzó su órdago a 1.500 metros de meta. Solo le siguieron Nielsen y Mollema. El danés era el coco. El hombre del saco. No iba de farol. Cauterizó de inmediato el corte que pretendió Izagirre y se sentó con él, en el vis a vis del sprint, toda vez que Mollema, un diésel, lo descartaron ambos con un solo gesto. En el duelo, Cort Nielsen no tuvo piedad de Ion Izagirre, que arrugó los hombros cuando vio que el danés coceó con rabia. Nielsen fue un terremoto. Se tambaleó la muralla de Carcasona, donde Izagirre se estrelló contra Nielsen. Un muro danés. Otro palo para Ion.


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