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Colaboración

La renuncia generosa

Por Koldo Aldai Agirretxe - Sábado, 21 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

aquello fue un alarde de civismo y valentía colectivos, de acción no violenta ante un Estado, en aquel contexto, miope, torpe y a menudo demasiado bruto. Aquello demostró el coraje de un pueblo que ama la libertad y que está dispuesto a arriesgar por ella. Hay plazas en Catalunya que bien merecen que se empiecen a llamar Primero de Octubre. Sin embargo, los números que salieron de las tan perseguidas urnas no daban para mucho más. Un poco más de la mitad de población no es suficiente para declarar la independencia. Solo a riesgo de confrontación social se podía ir para adelante.

El referéndum cumplió su objetivo. Sirvió para aclarar la relación de fuerzas, para afirmar la voluntad latente en el alma del pueblo movilizado. Sin embargo, el mayor de los triunfos estribaba seguramente en detenerse en ese triunfo, en renunciar a la República catalana en tanto en cuanto no fuera sostenida por un porcentaje mayor de la población. Tan necesario fue llegar al primero de octubre como pararse en él. Olvidando las siguientes estaciones hacia la independencia, hubieran ganado todos. Primero se hubiera evitado la tan injusta privación de libertad de los políticos presos. Los exiliados no habrían hecho las maletas. La crispación no habría ido en aumento, aún sin olvidar que ha sido la intolerancia del Estado el primer factor desestabilizador.

Crecemos con la renuncia. Es un gesto de generosidad y de altruismo para quien no late como nosotros. En el presente caso es un loable movimiento de acercamiento que permite permanecer más unidos. La renuncia no es ante un Estado que ha manifestado ya demasiados signos y gestos de autoritarismo, la renuncia es ante un importante sector de la población catalana que no desea constituirse en República independiente.

Ya hemos perdido bastante todos, y sobre todo han perdido quienes no gozan de libertad o están lejos de los suyos. Quizás es el momento de empezar en conjunto a ganar, de renunciar a la República en favor de una autonomía más ambiciosa, más a la altura de una demanda mayoritaria de la población catalana. Los socialistas ahora en el poder están más que dispuestos a ello.

Los números no salen holgados para declarar la República y si salen es de manera forzada. No se puede forzar un futuro, so pena de que sea a costa de la convivencia y ese es quizás nuestro bien más sagrado. Ya hemos perdido todos en forma de desgarro, de separación, de muros que hemos levantado de repente… Todos seguimos perdiendo si nos alejamos de los consensos necesarios. Ahora es el momento de la renuncia de las partes confrontadas, para así abrir las vías al reencuentro.

Renunciar es ensayarnos a mirar con los ojos del otro, a sentir con su corazón, a dejar de velar por nuestros exclusivos deseos e intereses. Renunciar, cuánto menos de momento, a la República en aras de la paulatina recuperación de otro clima de más cohesión y armonía. He ahí el alto desafío que ahora tiene por delante el movimiento independentista catalán. Dice la ciencia oculta que el sendero del aspirante está sembrado de renuncias y sacrificios en aras del beneficio colectivo. Lo que es en pequeño, es en grande. Yo creo que los pueblos se encuentran también con tesituras similares. La renuncia a la independencia puede permitir hoy con los socialistas en la Moncloa, avanzar en el autogobierno catalán, puede abrir en el futuro nuevas oportunidades basadas en nuevos consensos.

En Euskadi tuvimos nuestra hora de la renuncia. En enero del 2005 el lehendakari Ibarretxe vino del Congreso de Madrid con la prohibición del referéndum de autodeterminación. Creo honradamente que hemos ganado mucho en convivencia social al no haber echado a correr por la vía unilateral.

Siempre asoma una recompensa detrás de la renuncia momentánea. La renuncia es inherente a la vida. Nos llega cuando menos lo pensamos. La renuncia ennoblece al renunciante. El progreso social conlleva a menudo el sacrificio de una de las partes en favor de un bien más amplio. En este caso que nos ocupa, se trata de una mayor unidad y cohesión social. Puedan alcanzar Quim Torra y el movimiento independentista algo de esa visión más altruista y generosa.


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