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Astiñene vuelve a la normalidad

Casi un año después, el puente de Astiñene que une los barrios de Loiola y Egia abrió ayer su acceso a peatones, coches y autobuses urbanos. Los vecinos de la zona pudieron por fin evitar los rodeos de los últimos meses.

Un reportaje de Alex Zubiria. Fotografía Gorka Estrada - Jueves, 19 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Los autobuses urbanos retomaron su ruta habitual desde primera hora de la tarde.

Los autobuses urbanos retomaron su ruta habitual desde primera hora de la tarde.

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Los autobuses urbanos retomaron su ruta habitual desde primera hora de la tarde.

Tras una odisea de casi un año de duración, el puente de Astiñene está desde ayer abierto para peatones, vehículos y autobuses. “¡Por fin!”, fue lo primero que exclamaron numerosos vecinos de Egia y sobre todo de Loiola al atravesarlo. No era para menos, puesto que desde que se detectasen una serie de grietas el 22 de agosto del pasado año, el puente solo había sido accesible para ciudadanos a pie unos pocos meses.

Había mucha expectación ayer por ver las obras de la pasarela completadas. “Yo ayer a la noche -por el martes- ya me acerqué para ver qué habían hecho”, confesaba Luis González, más conocido como El Canuto, que aunque reside en Sagüés, suele desplazarse habitualmente a Loiola en patines a visitar a su ama. “Todos estos meses le decía que al estar cortado el paso por aquí me costaba mucho venir a visitarla”, afirmó entre risas.

En torno a las 15.00 horas, una vez que el asfaltado y las marcas viales se secaron, los primeros coches y peatones atravesaron la vía. Las líneas 24, 27 y 41 de Dbus, que durante los meses que ha estado cerrado han tenido que variar su recorrido, tuvieron que esperar un poco más, hasta las 16.15 horas, para poder pasar.

“El puente une un poco el barrio con la ciudad. Sin él, estamos como apartados. Al final, el puente nos da algo de vida y nos permite hacer vida en el centro”, indicó Borja Guerra, residente en Loiola, y quien todos los días se desplaza andando al Hospital Quirón, en el alto de Egia.

Sin lugar a dudas, los vecinos de Loiola han sido los más necesitados del puente todo este tiempo. “Yo trabajo en un bar de la Parte Vieja, y para no tener que dar tanto rodeo andando por las noches, me he pasado casi un año volviendo en taxi”, apuntó Yolanda Vásquez, quien no las tiene todas consigo con el estado actual del puente. “No sé yo si no se va a tener que cerrar pronto de nuevo”, dudaba al tiempo que dirigía la mirada al suelo.

dudas sobre su buen estadoA pesar de que el puente superó la prueba de carga el miércoles, muchos vecinos dudaban de que estuviera en condiciones. “¿Lo van a dejar así? He pasado por al lado y pensaba que estaba cerrado”, aseguró Claudia Sánchez, vecina de Egia.

Todo aquel que cruzaba ayer la pasarela se fijaba en la pequeña bajada en el asfalto en el centro de la pasarela. “No lo veo muy nuevo, pero está abierto que es lo importante. Hasta ahora tenía que ir por Cristina Enea, lo que hacía que un camino de cinco minutos lo hiciera en 20”, apuntó Begoña Mendizabal, de Loiola.

“Lo que el Ayuntamiento tiene que hacer es olvidarse de este paso provisional que se puede caer en cualquier momento y construir el nuevo que iban a hacer”, indicó Aitor Sutil, en referencia al proyecto de la construcción de una nueva infraestructura con trazado curvo.

Este vecino de Riberas de Loiola estaba preocupado de que la reforma del puente no llegase antes de septiembre, ya que su hijo iba a empezar la temporada en el Club de Fútbol Kostkas, al otro lado del río. “Con el puente puede venir andando o en autobús y no tenemos que dar un rodeo enorme en coche”, afirmó.

Otro vecino de la zona, Edu Núñez, ya piensa en volver a coger su motocicleta, aparcada casi desde el cierre del puente. “Siempre voy con ella, pero sin el puente tenía que dar una vuelta tan grande que no me merecía la pena. Aunque andando más de lo mismo. Tenía que salir con tiempo de casa para llegar bien a los sitios”, expresó.

“Creo que se ha tardado mucho para lo poco que han hecho, esperábamos tener por fin un puente en condiciones”, lamentó Dionisio, un jubilado del barrio de Loiola, mientras que González echó en falta que no se aprovechasen las obras para acondicionar mejor los bidegorris. “En todos los pasos de cebra ponen unas baldosas circulares supuestamente para los invidentes, pero son una trampa no solo para los que vamos en patines, sino también para las personas mayores”, añadió.

El puente de Astiñene se cerró el 22 de agosto de 2017. Un mes después, el Consistorio confirmó los daños estructurales en la base y comenzaron las obras. Ante las quejas de los vecinos, se decidió abrir el paso a peatones en octubre, pero en abril de este año se volvió a cerrar por completo.

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