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Perico está de cumpleaños

El segoviano celebra el 30º aniversario de su triunfo en el Tour

Un reportaje de Nagore Marcos - Jueves, 19 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Rooks, Delgado y Parra, en el podio final del Tour de 1988.

Rooks, Delgado y Parra, en el podio final del Tour de 1988. (Foto: N.G.)

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Rooks, Delgado y Parra, en el podio final del Tour de 1988.

Fue entonces cuando abandonó los estudios y, centrado ya solamente en la bicicleta, empezó a destacar. Tanto que en 1983, a los 23 años, ya estaba debutando en el Tour de Francia. Una pájara marcó su carrera. En la edición del 84 se rompió la clavícula. En la del 85, ya en el Orbea, quedó lastrado por una pésima contrarreloj por equipos. Y en la del 86, fichado por el PDM, falleció su madre. Un inesperado derrame cerebral. Aunque al día siguiente decidió tomar la salida. De nuevo, el Alpe d’Huez le esperaba y coronarlo era el mejor homenaje. Pero la realidad se abrió paso en plena subida. Era un chaval de 26 años que había perdido a su progenitora. Y se acababa de dar cuenta. La tristeza le paralizó las piernas, así que se bajó de la bicicleta y se echó a llorar. Sus lágrimas abrieron los telediarios. Perico había abandonado el Tour. Hijo antes que ciclista. Así que en el 87 reapareció con más ganas que nunca y, tras superar las 21 curvas de la famosa estación de esquí, se hizo líder de la general. “Dicen que quien sale de amarillo de Alpe d’Huez gana el Tour, pero yo rompí esa tradición”, recuerda el propio Perico. Porque el irlandés Stephen Roche le arrebató la victoria en la última contrarreloj.

Así que tras cuatro Tours y cuatro adversidades, llegó 1988. El año de Perico. Regresó al Reynolds y dejó de lado la Vuelta. La ronda gala era su obsesión y el Alpe d’Huez le debía una. Así que era la duodécima etapa y gracias a la labor de sus gregarios, sobre todo de un joven Miguel Indurain, consiguió ser líder de nuevo en la mítica estación de esquí. Solo que esta vez no soltaría el amarillo ni aunque se lo pidieran. Que lo hicieron.

La sombra del dopaje El reflejo de Perico Delgado en julio de 1988 era amarillo. Pero la filtración de un posible positivo en la última semana de la ronda sacudió la tranquilidad y atrajo los rumores. El pelotón pasaba por Burdeos y la organización del Tour lanzó un comunicado oficial: el líder había dado positivo en un control por probenecid, un diurético que podía enmascarar los anabolizantes. Sin embargo, aunque era una sustancia prohibida por el Comité Olímpico Internacional, no lo consideraba así la Unión Ciclista Internacional. Así que Perico evitó la sanción, aunque la dirección de la Grande Bouclé intentó su abandono. “Nos dijeron que teníamos que retirar a Perico porque a París no se podía llegar con dudas. Me negué”, explicó Echavarri. El segoviano continuó, cruzó el Arco del Triunfo de amarillo y logró, por fin, su primer y único Tour: “Estar en lo más alto de podio en los Campos Elíseos es un momento maravilloso”.


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