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Tribuna abierta

Prevención del islamismo radical: ¿Euskadi en vanguardia?

Por Patxi Lázaro - Miércoles, 18 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Hace poco, el Gobierno Vasco presentó su Programa de Actuación frente al Terrorismo Internacional de Pretexto Religioso. Con esta iniciativa, el Ejecutivo se adelanta a todas las administraciones centrales o locales de Europa. Ni siquiera Alemania ha sido capaz de desarrollar una hoja de ruta de alcance general como la vasca, pese a que allí la presencia de amplios colectivos de inmigrantes musulmanes desde hace décadas y la llegada tumultuosa de más de un millón de refugiados durante los últimos dos años hacen necesaria una medida similar. Este programa es un comienzo que permite vislumbrar apreciables ventajas. En primer lugar, proporciona un entramado conceptual para la comprensión de una problemática de gran complejidad y hace posible que todas las partes implicadas -autoridades, expertos, medios de comunicación y la sociedad en general- sean capaces de dar sus primeros pasos para orientarse en medio de esta terra incognita. Insistiendo en la analogía cartográfica, el Programa de Actuación del Gobierno Vasco sería como uno de aquellos portulanos primitivos trazados en tiempos de Américo Vespucci, que pese a sus imprecisos contornos y sus monstruos marinos dibujados en el margen, hicieron posible la navegación con brújulas y sextantes.

Al igual que una navegación eficaz no fue posible hasta disponer de cartas perfeccionadas, los programas generales requieren ajustes para ser funcionales y rendir el fruto que la sociedad espera de ellos. Un programa de prevención del islamismo radical, como el que el Gobierno Vasco tiene intención de poner en marcha a través de su Secretaría General de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación, debe tener en cuenta la incorporación de capacidades que vayan más allá de la formulación de directrices y la constitución formal de grupos de trabajo.

En primer lugar, debe existir una valoración adecuada del componente religioso. El islam no es solo una creencia, sino una comunidad de fieles. La fe es una de las locomotoras más potentes en el acontecer humano. Aunque ya lo sabemos, esto con frecuencia se olvida. La suposición ingenua de que algo que mueve montañas puede ser encuadrado dentro de enfoques de tratamiento progresista y políticamente correcto como los que gustamos de aplicar a las tradiciones populares y al folklore puede dar origen a serios malentendidos. Si la sociedad occidental halló en la separación entre Iglesia y Estado uno de sus grandes principios históricos, ¿a qué viene hacer excepciones con el islam solo porque lo aconseja un tactismo electoral corto de miras? En esto la postura del Ejecutivo y la Administración ha de ser clara: la integración de cualquier colectivo extranjero en una sociedad occidental de acogida es un proceso laico y aconfesional. Esta regla de juego supone un principio irrenunciable al que todos deben adaptarse, tanto los que llegan como los que ya estaban.

El plan vasco de prevención del islamismo radical debe tener en cuenta la incorporación de capacidades que vayan más allá de las directrices y la constitución formal de grupos de trabajo.

Otro aspecto importante reside en la condición de los interlocutores procedentes de las comunidades islámicas, y que se supone han de formar parte de comisiones o grupos de trabajo. Debería tratarse no de gente seleccionada al azar, o que posea esa peculiar habilidad del aventurero de la vida para surgir de la nada en el momento y lugar adecuados. Lo que se precisa para cualquier negocio serio son representantes autorizados por las mismas organizaciones de las cuales vienen. No deseamos que asuman un inmerecido protagonismo personas que solo buscan salir en la foto, ni espontáneos como el imán granadino Lahsen Al Himer, que desde hace meses es tema en los medios estatales por sus torpes intentos de mercantilizar en su beneficio la actividad proselitista de las mezquitas. Puesto que la credibilidad es la principal divisa vasca, en Euskadi las cosas tienen que hacerse de otra manera.

Todo programa ha de producir resultados reales, concretos y satisfactorios. La cuestión de la eficiencia resulta crucial. Tratándose de proyectos complejos, cualquier modo de trasladarlos a la práctica implica el empleo de herramientas del mismo tipo que las que se utilizan para planificar misiones humanitarias, respuestas ante catástrofes naturales y otras operaciones de envergadura. La matriz de líneas de actuación/secciones críticas permite hacer frente a los desafíos de un mundo complejo, en el que Microsoft Project ha cambiado nuestra forma de pensar. Las líneas de actuación son las que se indican en el propio Programa del Gobierno Vasco: movilización antiterrorista, compromiso con las víctimas, encuentro social, acción exterior y humanitaria, actividades de prevención, etc. Estas líneas de actuación forman el eje horizontal de la cuadrícula. Las secciones críticas son los objetivos en los que se necesita intervenir: mezquitas, asociaciones culturales, barrios, centros de acogida. Todas ellas conforman el eje vertical de la cuadrícula. En los puntos de cruce entre líneas y columnas es donde se evalúa la conveniencia de invertir o no el esfuerzo humano y los recursos económicos. Por ejemplo, no tiene sentido enviar inteligencia policial a las sociedades culturales, pero sí a los oratorios y las calles. El uso planificado de una matriz líneas de actuación/secciones críticas, al reducir la complejidad de una tarea multidisciplinar a un conjunto de correspondencias con sentido, hace posible un incremento espectacular de la eficacia y una reducción de costes en la misma proporción.

Finalmente, todo programa de actuación debe incluir dos elementos clave: liderazgo y proactividad. No basta definir un marco de normas y procedimientos, ni constituir comisiones, organigramas ofocal points. La acción debe ser consciente, sostenida, decisiva, eficaz y, por qué no, también ruidosa, para que todo el mundo se entere de quién es el que lleva la iniciativa. Se trata de ocupar un espacio de maniobra que nos pertenece, para afirmar en él la primacía de las instituciones y unos derechos emanados del mandato público. Nos interesa evitar que se produzca un caos migratorio como el de Catalunya, o sufrir las consecuencias de la incompetencia funcionarial alemana. Si el lehendakari no ocupa el espacio vacío, otros lo harán. Porque la naturaleza aborrece los huecos, sobre todo los de poder. Lo que se pierde al dejarlos desocupados es más que una oportunidad. En política es la propia razón de existir.

Una noticia positiva es que las instituciones y los departamentos de la Administración ya han comenzado a funcionar. Prueba de ello es el eco de la última operación policial que en el territorio de Bizkaia ha llevado al desmantelamiento de una célula de Estado Islámico. Buen momento para ponerse en marcha.


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