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Viejos amigos de la mar

Donostia homenajea a los 370 arrantzales jubilados de Gipuzkoa en la festividad del Carmen y dibuja escenas de reencuentro entre los que un día compartieron oficio, barco y muchas horas en la mar.

Un reportaje de Marta Hidalgo Fotografía Ruben Plaza - Martes, 17 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Los arrantzales homenajeados salen de la iglesia de San Pedro bajo el arco de los dantzaris.

Los arrantzales homenajeados salen de la iglesia de San Pedro bajo el arco de los dantzaris.

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Los arrantzales homenajeados salen de la iglesia de San Pedro bajo el arco de los dantzaris.

dedicaron su vida a la pesca, pasaron toda ella en la mar, de puerto en puerto hasta su jubilación y ayer se reencontraron en el día del homenaje a la vejez del marino en Donostia. Llegaron 140 marineros jubilados de todos los puertos del territorio (en nombre de los más de 300 que siguen vivos) y en la puerta del Ayuntamiento, antes del acto oficial en su honor, se vieron caras de emoción, alegría y sorpresa, pero, sobre todo, se escucharon muchos “cuánto tiempo”. Las viejas amistades forjadas en la mar se volvieron a encontrar.

Jon Etxaburu, de Hondarribia, y José María García Zubiaurre, donostiarra, recordaron las veces que faenaron juntos. “Siempre hemos trabajado juntos”, mencionó García, y se volvieron a encontrar “gracias al homenaje”. Etxaburu bromeó diciendo que el día de ayer era el apropiado para “reencontrarse con viejos amigos, preguntar qué tal va y comprobar que se sigue vivo”.

Etxaburu recordó la dureza de la vida en el mar y reflexionó sobre cómo era vivir “cinco meses sin vino y sin la familia”. García añadió que en muchas ocasiones, los meses de faena “la familia se los pasaba llorando” hasta que ellos volvían a casa. Mientras esperaban en el salón de plenos del consistorio, coincidían en que no volverían a la vida en el mar.

“Dediqué toda la vida al mar, desde los 14 años, cuando me mandó mi madre, hasta jubilarme” Juanito Altuna

Iñaki Perdiguero, de Hondarribia, no comparte, en cambio, la idea de no volver a la mar y con un punto de nostalgia pasea cada mañana con su barca por la costa, “aunque ya de otra manera”. También para él era un día especial por reencontrarse con los marineros de otros puertos con los que hace años coincidió.

La jornada de homenaje fue una mirada al pasado para los que “construyeron el sector de la pesca como se conoce hoy”. Así lo describió el viceconsejero del Gobierno Vasco, Bittor Oroz, en el acto de bienvenida. El alcalde de Donostia, Eneko Goia, añadió que por mucho que el sector haya cambiado, recordar a los veteranos arrantzales es “recordar de dónde venimos”.

El recibimiento tuvo algunos protagonistas que destacaron, como es el caso de Juanito Altuna, que a sus 85 años fue obsequiado como el arran-tzale más veterano de la cofradía de Hondarribia.

la rederaEn medio de los arrantzales una figura femenina también fue protagonista. Una mujer que dijo haber dedicado tantos años a las redes que “no se pueden ni contar”. Con 91 años, María Teresa Irigoien representó a todas las mujeres que arreglaban las redes para los arrantzales, sin las cuales, manifestó, “no había opción para la pesca”.

“Es un día para encontrarte sobre todo con los arrantzales de otros puertos” Iñaki Perdiguero

Al salir del acto oficial, los arrantzales se dirigieron a la iglesia de San Pedro donde se ofició una misa en su honor. En ese momento la Virgen del Carmen llegaba, por primera vez en barco al muelle donostiarra bajo la atenta mirada de locales y turistas. En medio de los curiosos, a la salida de la misa los dantzaris bailaron para los homenajeados y abrieron un pasillo por el que los marineros salieron y se dirigieron a la Parte Vieja para comer todos juntos.

Antes de sentarse en la mesa, los reencuentros siguieron siendo los protagonistas de sus charlas. El oriotarra Antonio González Etxebarri, con toda su vida dedicada a la mar, mencionó que eso era lo mejor del día. “Yo fui muy conocido en Gipuzkoa”, aseguró González, quien con 90 años recordó sus hazañas en la mar.

González llegó a ser presidente de la federación de las cofradías y acudió como asesor a Bruselas cuando se implementó la regulación para la pesca en el Cantábrico. Después de su jubilación vendió el barco “y todo lo relacionado con la mar”, porque no quiso que sus hijos se dedicasen a este sector. “Es una vida muy dura, mejor que se queden en tierra”, dijo.

No de la misma forma, pero sí con el mismo fondo, trabaja su hijo Mauro González. Su ocupación (“en tierra”, tal y como quiso su padre) es la de técnico de Pesca del Gobierno Vasco y comentó que el “cambio generacional” cortó la tradición de muchas familias arrantzales de heredar el oficio. “Hoy en día tenemos los medios y los permisos para poder pescar en el Cantábrico, pero no hay gente que lo haga”, lamentó.

“Fui un arrantzale muy conocido en Gipuzkoa, nadie conoce como yo la costa del Cantábrico” Antonio González Etxebarri

La jornada estuvo acompañada de música tradicional y bertsos que recordaron que la mar estuvo durante muchos años en manos de quienes ayer fueron protagonistas.

etiquetas: donostia, mar, arrantzales


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