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La cadena de la moda en Gipuzkoa

La industria de la moda tiene cada vez más importancia en la macro economía, pero también quiere ir ocupando un lugar preeminente en esas cuentas más próximas, las del territorio de Gipuzkoa y sus municipios.


Un reportaje de Arantxa Lopetegi - Domingo, 15 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Fany Alonso, diseñadora de moda, y Karmele Salsamendi, de bolsos;en Tabakalera.

Fany Alonso, diseñadora de moda, y Karmele Salsamendi, de bolsos;en Tabakalera.

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Fany Alonso, diseñadora de moda, y Karmele Salsamendi, de bolsos;en Tabakalera.

“El medio de la moda no está acostumbrado a pagar por estampados exclusivos, que salen muy caros” “Quiero trabajar en la moda sostenible y controlar el proceso incluso desde dónde proviene la tela” “Los turistas compran cada vez más telas, porque a quien le gustan los tejidos los busca por donde va”

es Gipuzkoa un territorio muy activo en el que, cada vez con más fuerza, el mundo de la moda va ocupando su espacio propio. De una forma o de otra, los distintos agentes que intervienen en el proceso se van uniendo, creando clústeres o asociaciones para, en alguna medida, plantarles cara a las grandes marcas.

Pero, mientras, el trabajo no cesa y en Gipuzkoa se puede completar, casi en su totalidad, la cadena de la moda. Uno de los eslabones más débiles, curiosamente, es el de los talleres de confección, pocos y muy solicitados, lo que ha provocado que, incluso, en algunos casos no se comparta información entre diseñadoras sobre dónde se está cosiendo.

Las experiencias para crear un taller de cierta envergadura que trabajara para la ciudad no han salido como se esperaba aunque, según una de las diseñadoras consultadas, “hay rumores de que se va a abrir uno próximamente”.

Sea como fuere, la cadena de la moda tiene numerosos eslabones que empiezan con el diseño de los motivos del tejido. A ello se dedica Gabriela Muñagorri, que con su formación en Bellas Artes, y tras dedicarse un tiempo a la docencia, decidió dar el paso y centrar sus energías en lo que le gusta.

Gabriela dibuja sus estampados “primero a mano”, para después “digitalizarlos” y ver “cómo queda el patrón en el tejido”. Ella, explica, “diseña superficies”, porque un diseño se puede aplicar en distintas superficies, como papel de pared, linóleos y telas.

Pero, en la actualidad, se ha centrado más en diseñar pañuelos que comercializa, entre otros puntos, en tiendas de Donostia, Madrid, Baiona o Biarritz y, desde agosto, en el Museo Balenciaga, aunque quiere llegar a otros lugares del Estado y de Francia. Además, se halla inmersa en la elaboración de su tesis doctoral sobre moda en la UPV/EHU.

Estampa sobre seda para sus pañuelos, que son su “propio producto” que comercializa, aunque no cierra las puertas a los encargos “en exclusiva”. En esos casos es el cliente, normalmente un decorador, el que pide “la versión” de su diseño “acorde a sus necesidades” que se transforma en papel o tapizado. El medio moda, puntualiza, es más complicado, “no está tan acostumbrado” y, además, “una seda pintada para un vestido resulta muy cara”.

Este año ha pensado dar el salto a la realización de dos colecciones anuales, porque la demanda se lo permite. En breve saldrá su nueva colección con “ocho estampados diferentes, en dos tipos de seda”.

No le gusta hablar de “inspiración”, pero al realizar sus diseños el proceso comienza “con la elección de los colores” que quiere utilizar. “Luego vienen los motivos. Siempre meto motivos florales aunque otro que utilizo desde el principio, y que define mi marca, son las nadadoras”.

Vivir de esto, afirma “resulta muy peleado” porque en el año hay momentos en los que se produce y no se vende y otros en “los que te dedicas a la venta”. El de la venta es otro tema complicado para las pequeñas marcas, que “continuamente modifican su productos en función de la demanda. Hace falta muchos reflejos”.

Al igual que Gabriela, la diseñadora Fany Alonso dio algunas vueltas hasta llegar a dedicarse a lo que quiere aunque, en este caso, todavía, no puede vivir de ello. “Esto es un extra “, explica.

Estudió diseño hace ya casi 30 años, y compaginó estos estudios con los de corte y confección. Pero, como se le daba “bien dibujar”, le surgió la oportunidad de adentrarse en el mundo de los “dibujos animados” y aparcó su vocación inicial.

Pero, hace unos ocho años, se aproximó al mundo de la artesanía y, casi si querer, le ofrecieron hacer un desfile. Y lo hizo. A partir de ese momento fue introduciéndose en el mundo de la moda y haciendo “pequeñas colecciones”. “Funcionaba por encargo. Las clientes veían uno de los modelos, me lo encargaban y se lo hacía a medida”. Porque Fany, de momento, cose su ropa, aunque a futuro necesitará disponer de un taller, propósito difícil de lograr.

Actualmente trabaja desde la Fábrica de Tabakalera, y quiere hacer una colección que vendería online -va a encargar una página web- o en comercios.

Está ilusionada con su “pequeña colección de botas con suela de alpargatas realizada con neumáticos reciclados, y con tela”, y con seguir trabajando en “moda sostenible”. En breve expondrá su trabajo en los locales de Emaus.

Ya viene trabajando con “telas africanas 100% algodón”, con tejidos que se han adquirido a productores que “tengo garantías de que no han sido explotados”, porque se compran directamente. “Sé la historia de cada tela, conozco su significado”, expone.

Ve con claridad que el principal escollo para salir adelante es “comercializar el producto cuando las grandes marcas venden tan barato”.

No le gusta definir su moda. “A veces hago una colección súper rara y otra una súper sencilla. Ahora tengo en mente hacer algo de líneas muy rectas, cuando la anterior era todo color, todo África”.

Tiene intención de presentarse a las becas de Tabakalera y seguir luchando, aunque descarta abrir un local propio. “El precio es prohibitivo en toda Gipuzkoa y además te ponen muchas pegas”, asegura,

Cerca de Fany trabaja Karmele Salsamendi, que diseña sus bolsos bajo la marca Koöl. Vino de Madrid, donde también se centraba en moda sostenible. “Tras volver, empecé a diseñar como para mi, pero gusto a la gente y me animé”, explica.

Con tejidos naturales, sus bolsos los ha vendido “por encargos personalizados y en tiendas de la ciudad, aunque me quiero dedicar más al online”.

Su propuesta se basa en “bolsos grandes, para cuando viajas pero, sobre todo, dedicados a las amatxos”. Bolsos XL, que “son los que más se venden”. Su objetivo: “Tener una web en el que cada persona pueda personalizar su bolso”.

Y en esta cadena ocupa también un lugar de gran importancia la venta de telas. Pilar Jiménez, del comercio Muchas Telas, asegura que la gente ha vuelto a coser, “aunque no se cosa como antes”. Según ha constatado, a los jóvenes “les gusta customizar, personalizar, hacer cosas que se empiezan y se acaban ya”.

También sigue teniendo sus clientas de siempre, las mujeres de entre 55 y 65 años “que cosen mucho”.

“Ha cambiado la forma de coser, pero se está cosiendo más que hace unos años”, asegura Pilar, que recuerda “que siempre la costura ha ido de la mano del tema social, de reunirse para coser”. “Luego está la gente a que le da igual coser que grapar para carnavales”.

Un detalle curioso. Pilar ha observado un aumento importante de la venta a turistas, “porque a quien le gustan las telas las compra donde las ve”. Esta mujer, que se apunta a un bombardeo, tiene claro que “el mercado va cambiando” y que hay que “aprender y estar informada”.

Al “98%” sabe lo que tiene en la tienda, aunque cuente con cientos de referencias. A la hora de elegir, no atiende a modas: “Compro lo que me gusta”. Y así cubre áreas distintas como “hogar, infantil y vestir, aunque de fiesta tengo poco porque es la que menos me gusta”. Hay telas que “son recurrentes y cuando se acaban se vuelven a traer y otras que cuando se acaban, se acaban”.

En la actualidad, viendo la demanda, compra “piezas pensando en que valen para confeccionar un bolso, que está de moda”. También tienen mucha demanda las telas para trajes de baserritarra, aunque ella apuesta por “lo que dicta la tradición, con los colores que se usaban y que eran los que les daba la tierra”.

Para comprar las telas cuenta con dos áreas: los representantes que se acercan al comercio y las que adquiere viajando a Alemania, Italia y otros lugares. Con las diseñadoras de moda tiene una relación de ida y vuelta. “Al principio me compran, cuando necesitan para un traje, pero cuando ya realizan colecciones van directamente al proveedor”. Y entonces es Pilar la que les compra “los restos” de los tejidos que no van a utilizar y ella sí puede vender.

Mientras compra y vende Pilar organiza talleres gratuitos para fomentar “el talento de la ciudad”. El próximo será de alpargatas, con Fany Alonso, y ha colgado el cartel de completo. Además, vincula su actividad con eventos de importancia en la ciudad, como el Zinemaldia o el Festival de Jazz. Aunque con los actos que organiza, en ocasiones, pierde dinero, siempre sirven, dice, “para que me conozcan” y para “seguir apasionada” por su trabajo.

etiquetas: moda gipuzkoa


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