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Davis y Johnson dimiten y dejan en el aire la hoja de ruta del ‘brexit’

Los ‘tories’ euroescépticos creen tener los diputados suficientes para provocar la caída de May

Nacho Alarcón / Aquí Europa - Martes, 10 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Boris Johnson, a la izquierda, y David Davis, las dos caras visibles del ‘brexit’ duro, en una imagen de archivo en el Parlamento.

Boris Johnson, a la izquierda, y David Davis, las dos caras visibles del ‘brexit’ duro, en una imagen de archivo en el Parlamento.

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Boris Johnson, a la izquierda, y David Davis, las dos caras visibles del ‘brexit’ duro, en una imagen de archivo en el Parlamento.

Bruselas- El acuerdo de Chequers era una nueva visión del brexit. Seguiría siendo inaceptable para la Unión Europea, pero era un movimiento que sugería una visión más realista de la operación por parte del Reino Unido. Dentro de lo que cabe no hubo demasiado ruido de sables durante las primeras horas y May se sintió lo suficientemente fuerte como para explicar que cesaría a cualquier ministro que pusiera en duda el acuerdo al que habían llegado esa tarde.

La madrugada del lunes se conocía que Davis había presentado su dimisión. La mañana había comenzado con mucho ruido y era sustituido por Dominic Raab. A primera hora de la tarde se suponía que Johnson debía presidir una cumbre entre la UE y los Balcanes Occidentales que se celebraba ayer en Londres. Pero el ministro no aparecía. El representante alemán llegó a quejarse por la red social Twitter. Finalmente Boris Johnson siguió a Davis en una dimisión que se produce en gran parte por la presión de los demás euroescépticos: el ya exministro depende de ellos para cualquier futuro movimiento en su carrera política. Perder su apoyo es perderlo todo. Y finalmente Johnson apostó por dimitir.

No es una sorpresa que Davis, un histórico euroescéptico de 69 años, no estaba contento en el Gobierno. Una de las principales razones es su enfrentamiento en la visión del brexit con May. El exministro opina, como todos los brexiters, que es necesario cortar los lazos con Bruselas para poder sacar partido de la operación. Y de ahí el gran bloqueo que se vivió entre junio y diciembre de 2017. Su falta de autonomía y el hecho de que la primera ministra no aceptara como propia su visión del brexit no gustaban a Davis, pero lo que vino después fue mucho peor. En diciembre de 2017, justo antes del Consejo Europeo de invierno y con el tiempo echado encima, May tomó las riendas de las negociaciones durante una semana y sacó adelante el informe del 8 de diciembre que permitía a los Veintisiete certificar un “progreso suficiente” en las áreas de divorcio, es decir, derechos de los ciudadanos y pago de la factura de liquidación financiera.

La firma de ese documento la realizó May, que fue personalmente a Bruselas a reunirse con Jean-Claude Juncker, presidente del Ejecutivo comunitario. Tras aquel encuentro nada fue lo mismo. La primera ministra convirtió a Olly Robbins, un alto funcionario del Departamento de Salida de la Unión Europea (DExEU) y su asesor de asuntos europeos, en el hombre al timón de las negociaciones.

El plan de Chequers era y es, porque por ahora sigue en pie, el camino hacia un brexit blando. Es un paso necesario para lo que seguramente sean nuevas concesiones de cara al siguiente Consejo Europeo que se celebrará en octubre. Establece lazos más estrechos con la Unión Europea, aceptando que tendrá que seguir participando de alguna forma en el bloque comunitario a través de “reglamentos comunes” para el comercio de bienes y aceptando los estándares y regulaciones europeos. Acepta también que el Reino Unido seguirá contribuyendo al presupuesto europeo en aquellas partidas y programas en los que Londres quiere participar. Acepta también lo que en su día fue una línea roja: los tribunales británicos tendrán que tener en cuenta la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea para los asuntos en los que Londres siga ligado al resto del bloque.

Insuficiente para BruselasY todavía así el acuerdo será insuficiente para Bruselas. Davis lo sabe y lo expresó durante la reunión de Chequers, aunque May, embarcada en otra dirección, no escuchó las advertencias de su ministro del brexit. La dimisión del ya exministro se produce porque Davis cree que es solo el principio y que después llegarán más concesiones. Es ese también el miedo de otros euroescépticos que creen que el Gobierno se acerca cada vez más a un brexit in name only que dejará al Reino Unido fuera de la UE pero atado a ella.

En su carta de dimisión, Davis expresa que cree que finalmente Downing Street no saldrá del Mercado Único y la Unión Aduanera, como ha venido prometiendo desde que Theresa May diera su discurso en Lancaster House a principios de 2017. “La actual tendencia de políticas y tácticas lo hacen más y más improbable”, critica Davis en una dura carta de dimisión dirigida a May en la que también expresa que no se cree que la actual estrategia negociadora no lleve a más concesiones.

“Como dije en el gabinete la política de reglamento común pone grandes partes de nuestra economía en manos de la UE y ciertamente no nos devuelve el control de nuestras leyes de ninguna forma real”, apunta Davis. May respondió en una misiva en la que lamenta que el exministro haya abandonado el cargo cuando solo quedaban meses para lograr un “exitoso brexit”.

El problema de la dimisión de Davis era precisamente el mensaje que envía. Minutos después de su dimisión llegó la de Steve Baker, uno de sus principales hombres dentro del departamento del brexit.

“Un sueño que se está muriendo”Finalmente llegó ayer tarde una de las esperadas, la de Johnson. En su carta el exministro de Exteriores asegura que el brexit“es un sueño que está muriendo” y que no se ve capaz de defender el acuerdo que se alcanzó el viernes porque es como “enviar a la vanguardia a batalla ondeando una bandera blanca”. De hecho Johnson deja caer que el Reino Unido camina hacia el estatus de “colonia”. Lostories euroescépticos ya echan sus cuentas y dicen tener los números suficientes para lanzar un órdago al liderazgo de May del partido Conservador, algo con lo que llevan especulando durante mucho tiempo.


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