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Mamadou Dia Activista senegalés e inmigrante

“A veces mi mente intenta borrar esa vivencia y pienso que nunca cogí un cayuco y que siempre he vivido en Europa”

Mamadou Dia embarcó en un cayuco en 2006 y tras siete años en España, en 2013 regresó a Senegal convencido de que el futuro de los jóvenes está en África

Iraitz Astarloa - Domingo, 8 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Mamadou Dia, activista senegalés e inmigrante.

Mamadou Dia, activista senegalés e inmigrante.

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Mamadou Dia, activista senegalés e inmigrante.

dakar (senegal)- Su sueño era estudiar en Francia, pero inmigración se lo impidió, por lo que decidió jugarse la vida lanzándose al Atlántico junto a otros 83 compañeros. Pasó ocho días en alta mar, vio morir a uno de sus amigos, pero reconoce que la verdadera supervivencia comienza en tierra, en un continente que recela de los inmigrantes. Tras siete años en distintas zonas de España decidió regresar y canalizar toda su energía y motivación en convencer a los jóvenes de que tienen futuro en África. Para ello creó la asociación Ha Ha Tay, implicando a toda la población de Gandiol en la construcción de un centro cultural que es la envidia de la región. “Para cambiar la situación de África tenemos que motivar a toda la comunidad, hacerles ver que tienen oportunidades”, señala este incansable activista.

Emprendió un viaje en el que se jugó la vida. ¿Por qué tomó esa decisión?

“Se habla del peligro del viaje, pero sobrevivir allí sin papeles es más duro. Tienes que estar justificando siempre que no eres peligroso”

-Nací en Gandiol. En 2002 quería irme a Francia a terminar mis estudios, pero me denegaron el visado hasta dos veces, por lo que al final, en el año 2006 decidí embarcarme en uno de estos cayucos. Quería vivir occidente, lo que llamaban desarrollo, quería ver los que decían de la civilización, todas esas palabras que oíamos en los medios y que no sabemos lo que significan, pero quería vivirlo.

¿Cómo fue ese viaje?

-Muy duro y muy largo, pero fue un momento muy importante en mi vida porque me reforzó y me dio seguridad y confianza en mí mismo. Toda mi vida había pensado que era un chico flojo que no era capaz de hacer nada y cruzar el Atlántico en un cayuco me dio bastante seguridad.

“Pensaba que era un chico flojo que no era capaz de nada y cruzar el Atlántico me reforzó y me dio seguridad y confianza en mí mismo”

Embarcó en mayo de 2012

-Salí el jueves 11 de mayo desde Dakar y llegué a La Gomera el jueves 18 de mayo tras ocho días de viaje. No lo olvidaré nunca. A veces, en esta situación privilegiada que tengo ahora, mi mente intenta borrar esa vivencia. A veces pienso que yo nunca cogí un cayuco, que nunca hice ese viaje, que siempre he vivido en Europa. He tenido la oportunidad de vivir allí y al tener muchos amigos en España, a veces mi mente piensa que soy de allí. Pero no lo olvidaré nunca. Salimos 84 personas y llegamos a la Gomera 83. Un compañero murió durante el viaje.

Dejó atrás a su familia. ¿Cómo vivieron ellos esos días?

“Gastamos energía en viajes clandestinos cuando Europa desarrolla políticas para que no estemos allí. Así participamos en empobrecer nuestro país”

-Preocupados, como es normal. Pero provengo de una familia de pescadores, por lo que el miedo al mar que pueden tener otras familias no ligadas al mar la mía no lo tenía. Se preocuparon, claro, pero la gente puede estar más frustrada cuando sus hijos toman la decisión de ir hacia el desierto, porque es un terreno desconocido para nosotros.

¿Fue víctima de las mafias que organizan estos viajes clandestinos a Europa?

“Lo que tenemos que hacer es acompañar a los jóvenes en la motivación y dibujarles caminos para que se impliquen en el desarrollo local”

-En Senegal no hay este tipo de mafias, eso ocurre más en el norte, en Marruecos, en Libia, pero no aquí. Senegal es un país que siempre ha tenido un fondo marítimo muy rico. Barcos gallegos y vascos han venido a pescar aquí y esta pesca sin control acabó con el fondo marítimo senegalés. Toda mi familia son pescadores. Antes mis abuelos faenaban aquí, pero cada vez tenían que ir más lejos para encontrar peces, hasta que un día llegaron a ver las luces de Canarias en esta búsqueda de la pesa. Así nació el viaje hacia el norte. Son los pescadores, los dueños de los cayucos, los que viajan en ellos. Yo, por ejemplo, al venir de familia de pescadores, no tuve que pagar por mi viaje a España. En Libia existe mucha mafia de tráfico humano que los políticos europeos incrementan poniendo las barreras. Los países del norte crean barreras y son estas las que crean las mafias. En vez de eso, deberían promover un desarrollo local e implicar a los jóvenes. Los viajes por el norte son difíciles, siempre habrá gente que se lucre con ellos.

Su experiencia en España no fue sencilla, pero se involucró en numerosos proyectos culturales.

-Estuve 15 días en La Gomera y viajé a Madrid. Luego estuve en Alicante, Murcia, Barcelona… Me impliqué en proyectos de desarrollo en España, trabajé en muchas iniciativas culturales y juveniles. Hice mucha vida allí y al final publiqué mi primer libro, 3052, contando mi experiencia personal.

Entonces regresó a Senegal.

-En 2012 regresé por primera vez y en 2013 volví definitivamente. Me di cuenta de que las personas que viajan son los que más cambios quieren ver en la sociedad senegalesa. Desean trabajar y actuar. Estamos gastando toda la fuerza, la seguridad y la energía en estos viajes clandestinos, cuando Europa está desarrollando políticas para que no estemos allí. Creo que de esta forma estamos participando en el empobrecimiento de nuestros países. Por eso, una vez de vuelta en Senegal, en 2013 creé la asociación cultural Ha Ha Tay, que significa carcajada en castellano, para trabajar el desarrollo comunitario de Gandiol, implicar a los jóvenes y acompañar su motivación.

Sin embargo, hasta llegar a esa reflexión, pasó por muchos momentos en España que le llevaron a adoptar la decisión de regresar.

-Sí. Es el resultado de todas esas frustraciones, pensamientos, impotencia que sentí. Cosas que no entendido y nunca entenderé. He vivido situaciones muy duras. Se habla solo del peligro del viaje yendo a España, pero la experiencia de sobrevivir en un país europeo siendo inmigrante para mí es muy duro. Tienes que sobrevivir sin papeles, no puedes conseguir un trabajo digno, pueden meterte en el calabozo aunque no hayas hecho nada… Es un viaje muy duro y hay mucha injusticia. El viaje en cayuco puede durar diez días, pero sobrevivir en territorio europeo pueden ser 10 años sin papeles, siempre justificando que no eres peligroso, que no vas a atentar contra la vida de los demás… Todas esas reflexiones me empujaron a crear este proyecto. Es una lección que podemos darle a la política europea. Ellos nos han cerrado las fronteras, pero nosotros creamos un espacio de encuentro en Gandiol e invitamos a vuestros hijos a que vengan a conocer a nuestros jóvenes y compartan sus experiencias con ellos. Desde Gandiol queremos promover el pensamiento de que este mundo esta para convivir y que podemos cambiarlo. La respuesta no tiene que venir del norte, ni del sur, sino que tiene que ser algo entre todos.

¿Cómo se puede frenar este éxodo masivo de jóvenes africanos hacia un futuro incierto en Europa?

-No podemos decir que nuestros jóvenes no están motivados, porque si no lo estuvieran no estarían dispuestos a coger cayucos y jugarse la vida. Lo que tenemos que hacer es acompañarlos en esa motivación, centrarlos y dibujarles caminos para que se impliquen en el desarrollo local, para que vean que aquí también tienen oportunidades de tener un trabajo digno, de disfrutar del ocio… En Ha Ha Tay trabajamos en ello desde 2013.


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