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Celebración radiante

En un día marcado por el buen ambiente, el Alarde tradicional congregó a 8.227 soldados y 19 cantineras en sus 20 compañías y unidades, muy aplaudidos por miles de personas a lo largo de toda la jornada.

Un reportaje de Xabier Sagarzazu. Fotografía Gorka Estrada - Domingo, 1 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Un Alarde multitudinario.

Un Alarde multitudinario.

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Un Alarde multitudinario.Paco Carrillo, en u tercer año como General.La cantinera de la Tamborrada, Juncal Fernández Casadevante.

El 30 de junio es un día de costumbres y rituales en Irun. Es el día de San Marcial, el más grande del año, en el que la ciudad cumple con el voto al santo que se renueva desde aquella victoria en la peña Aldabe en el año 1522. El de ayer fue también un día de emociones, de sentimientos y de costumbres. Siempre iguales pero a la vez, cada año, distintos.

Es un día de madrugar. Mucho. O prácticamente de trasnochar, como hicieron ayer muchos irundarras para coger sitio en la calle San Marcial, donde a las 7.40 horas tenía que arrancar el Alarde tradicional.

A pocos metros de la plaza Urdanibia, esperaban con paciencia y buen humor Toñi Rubio, irundarra de 58 años, y Maider Ibañez, “donostiarra pero afincada en Irun desde hace ocho años”.

“Mi hija y yo llevamos aquí desde las 2.15 horas y la espera se hace bastante llevadera, porque cada año acabamos juntándonos casi las mismas personas y pasamos el tiempo de charla. Las amigas de mi hija han venido un poco más tarde y ahora ya no queda nada para el momento más increíble del año. Yo llevo viniendo desde hace 28 años, recuerdo que mi hijo era un bebé entonces. Hoy, desfila en la compañía de Behobia junto a su novia, que es cantinera. O sea que va a ser un día muy especial y que vamos a vivir con muchísima intensidad y con mucha alegría y sentimiento, tanto o incluso más que cualquier otro año”, confesaba Toñi Rubio.

A su lado, la donostiarra Maider Ibáñez, casada con un irundarra, confesaba que “al principio, hace doce años, no entendía muy bien toda esta locura y esta pasión que los irundarras tienen por el Alarde;era algo que me descolocaba bastante”.

Con el tiempo, decía Ibáñez, ella misma ha acabado “como ellos, como una irundarra más, disfrutando de un día que es muy especial y único, como lo puede ser la Tamborrada para los donostiarras”.

Eso sí, teniendo como tiene un hijo, Unax, de sólo cinco años, ella es de las que viene “algo más tarde, aunque mi hijo se ha levantado enseguida, cuando le he recordado que teníamos que venir a la Arrancada”, contaba Maider Ibáñez.

un silencio únicoY la larga espera de cientos de irundarras que atestaban la calle San Marcial tenía su recompensa, la de ese momento de silencio sepulcral y único. Dos minutos antes de las 7.40 horas, el bullicio previo desaparece y empieza la espera del instante mágico, el del toque de corneta que marca el inicio de la Arrancada, cuando toda la calle estalla en un aplauso que emociona a todos y la Escuadra de Hacheros inicia el recorrido del Alarde tradicional desde la plaza de Urdanibia hasta la plaza San Juan.

Ayer, el desfile contó, según las cifras facilitadas por su organizadores, con “8.226 soldados, alrededor de 600 más que el año pasado”, un aumento que suele ser habitual cuando el día de San Marcial, como fue el caso, coincide en sábado o domingo, días no laborables.

En las filas del Alarde tradicional, compuesto por un total de 20 unidades y compañías, estaban también 19 mujeres en el rol de cantineras, que vivían ayer uno de los días más emocionantes de sus vidas.

Ya en la plaza San Juan, y pasados los nervios y la emoción de la Arrancada, Miren Sánchez, cantinera de la Banda de Música, decía que ese primer momento del día había sido para ella “una auténtica pasada”.

“No hay palabras para describir lo que se siente en la Arrancada, hay que vivirlo para contarlo. Me he emocionado mucho, porque otros años yo estoy ahí, apoyando el Alarde y disfrutándolo también. Toda esa gente que nos aplaude y nos anima es la que hace más grande y único el Alarde”, afirmaba Miren Sánchez, quien aunque llevaba “en pie desde las 3.00 horas”, decía que “en un día de San Marcial, y más de cantinera, no hay cansancio, sólo ganas de vivirlo y de disfrutarlo a tope”.

Ainara López, cantinera de la compañía de Behobia, confesaba que “la Arrancada ha sido muy rápida y muy emocionante;es como si la gente te llevara en volandas calle San Marcial arriba, con todo su ánimo”.

“He dormido apenas tres horas y llevo en pie desde las 2.30 horas, pero hoy toca disfrutarlo a tope. Es el día más grande de toda mi vida, y descansar, ya descansaré mañana”, decía, feliz, la cantinera de Behobia.

desde el balcónYa con todo el batallón en la plaza San Juan, llegaba Paco Carrillo, quien cumplió ayer su tercer año al frente del Alarde tradicional. Carrillo saludó al balcón consistorial, donde recibían al desfile tradicional el alcalde de la ciudad, el socialista José Antonio Santano, y ediles de otros grupos políticos, como Xabier Iridoy (PNV), Juana de Bengoechea (PP) o Lina Lorenzo (Sí Se Puede Irun-Podemos).

Después, llegaba el momento en el que la compañía Bidasoa acogía en su seno la Bandera de Irun, de la mano de José Antonio Apalategi, presidente de la Junta de Mandos del Alarde tradicional. A continuación, el General ordenó tres descargas de fusilería y artillería, antes de emprender el resto de la jornada.

Un Paco Carrillo que se mostró “emocionado en un día que cumple los mismos rituales pero que es, a la vez, distinto y mágico cada año”.

“Este pueblo se vuelca con su Alarde y esto es lo que quieren los irundarras, para los que solo tengo palabras de agradecimiento, porque son los que hacen grande todo esto”, decía Carrillo en su tercer año al frente del Alarde tradicional, respecto del calor recibido del público.

Tras el desfile, en el monte San Marcial, la Corporación cumplió con la renovación del voto que los irundarras hicieron a este santo tras aquella victoria de 1522, en un día que, una vez más, se prolongó a lo largo de la tarde, con tormentas, y la noche.

etiquetas: irun, alarde


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