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20 años de un camino tortuoso

Dos mujeres recuerdan el violento primer Alarde mixto de 1998, el miedo que pasaron, los insultos que recibieron y cómo se rompió la convivencia en la ciudad. Miran al futuro con ilusión y confían en que Irun esté preparada para el Alarde único.

Un reportaje de Ruth Gabilondo. Fotografía Gorka Estrada - Viernes, 29 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Imagen del primer Alarde mixto en Irun, cuyos participantes fueron escoltados por la Ertzaintza

Imagen del primer Alarde mixto en Irun, cuyos participantes fueron escoltados por la Ertzaintza

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Imagen del primer Alarde mixto en Irun, cuyos participantes fueron escoltados por la Ertzaintza

un pasado de “miedo, terror, violencia y decepción”, un presente aún complicado, y un futuro con esperanzas de lograr la igualdad real y de unir en un solo desfile a toda una ciudad. Este es el objetivo de las mujeres que participan desde 1998 en el Alarde igualitario de Irun, que este año cumple su 20º aniversario. Dos de ellas relatan cómo vivieron los primeros años, cuando fueron insultadas y tuvieron que ser escoltadas por decenas de agentes de la Ertzaintza por querer salir vestidas de soldados, pero también cómo ha ido evolucionando el desfile en este tiempo y qué esperan del futuro. “Irun está mucho más preparada para un solo Alarde que hace 20 años”, confía Oihana Briones.

Briones formó parte de Las 57 de Irun, un grupo de 57 mujeres que se plantaron en 1996 en el denominado Alarde tradicional vestidas de uniforme con escopetas. No fue algo espontáneo, puesto que llevaban meses realizando peticiones para poder participar en igualdad de condiciones que los hombres, pero solo habían obtenido el no por respuesta. Por ello, decidieron pasar a la acción.

Les recibieron de la peor de las maneras. “No fueron insultos sueltos, se escuchaba un estruendo ensordecedor. Zorra, puta, lesbiana... y te lo decían niños. Fue algo muy colectivo, una cosa muy bestia”, rememora Briones, que confía en que la gente que participó en ese linchamiento haya reflexionado y esté arrepentida. “Fue muy salvaje”, subraya.

De aquel 30 de junio de 1996 recuerda cómo les tuvieron “media hora arrinconadas”. “Había miles de soldados, todos gritando: ¡Fuera, fuera!, con tan poca distancia. Estábamos con los caballos a un metro, fue un momento de mucho terror”. Briones sabía que este intento de salir en el Alarde no iba a ser fácil, pero para nada se esperaba algo tan “violento y agresivo”.

Finalmente, las personas que impulsaban el Alarde mixto tuvieron que acudir a la Justicia, que les acabó dando la razón. “En 1997, hubo una medida cautelar: podíamos salir en grupo detrás de artillería”, recuerda Briones. Y allí fueron pero, tal y como señala Olatz Elizondo, otra de las participantes en este Alarde, hubo una especie de “golpe de estado”, y el Alarde tradicional cambió a última hora el recorrido y se fue al barrio de Dumboa. “Fue una pasada. La tradición era uno de los argumentos que utilizaban para que no saliéramos, de repente cambiaron todo y eso no tenía importancia”, asegura por su parte Briones.

“El Alarde que seguirá en el siglo XXII va a ser en el que participen todas las personas en igualdad de condiciones” Olatz Elizondo

“Fue muy bestia”

En 1998, el Alarde mixto se convirtió en público por orden judicial. Y ese primer desfile dividió la ciudad. “Fue un cataclismo en las relaciones de Irun, fue muy bestia. Hubo rupturas en las familias, en las cuadrillas, hubo muchas agresiones verbales gratuitas, también físicas, y los vacíos eran muy comunes. Fue algo que afectó un montón en la convivencia”, indica Briones. Y los insultos no se proferían solo el día del Alarde, sino “los 365 días al año”, subraya Olatz Elizondo.

Esta mujer echa la vista atrás y de su primer desfile en 1998 recuerda que “había mucho apoyo y cariño, y mucho odio y violencia”. Elizondo se acuerda “del miedo, de la violencia, de ciudadanos a ciudadanos, que en cualquier otra fecha era impensable que se aceptara”. “Te llamaban lo que querían, te pinchaban el caballo, te tiraban vasos y botellas de cristal”.

Pero, además de miedo, sintió una gran decepción. “De amigos, vecinos, de gente que te conocía y te llamaba lesbiana o bigotuda, gente que había estado en preescolar conmigo. Sentí mucha decepción por cómo éramos los seres humanos de esta ciudad y también de los políticos, del alcalde (entonces el socialista Alberto Buen) y los concejales, que no realizaron su trabajo”, lamenta.

Que el Alarde igualitario se convirtiera en público obligaba al Ayuntamiento a organizarlo, pero “el alcalde no tenía ninguna intención de avalarlo”, asegura Briones. No interesó, creo que con poca perspectiva de futuro y se ha enquistado los años que se ha enquistado”, señala.

El Ayuntamiento “no estuvo a la altura” y eso para Olatz Elizondo trajo consecuencias, que persisten actualmente. “Las autoridades lo hicieron mal y estamos aquí 20 años después”. Porque aunque no existe la violencia de hace dos décadas, tampoco hay convivencia, ya que la comunicación entre los dos alardes es inexistente. “No han querido ni juntarse a hablar en 20 años”, afirma Elizondo, a lo que Briones añade que se han hecho “muchos planteamientos” en este tiempo y se ha sido “muy generoso y flexible”, pero les han cerrado “la puerta en las narices”.

“Irun está mucho más preparada para un solo Alarde que hace 20 años. Hace falta un líder que tome una decisión”Oihana Briones

Elizondo asegura que a día de hoy la situación tampoco es fácil, ni está normalizada. “La peluquera a la que voy tiene dos cantineras del Alarde igualitario que maquillar y peinar. Había adornado la peluquería con fotos de ellas y se las han quitado”, afirma a modo de ejemplo. Y todavía hay miedo a salir en este Alarde: “Hay gente que te dice que no sale porque su padre no está de acuerdo, porque la cuadrilla está en contra, porque les van a dejar de hablar. Esto es vergonzoso”, lamenta.

Hacia el alarde único

Por ello, cree que la situación está “disfrazada” y a las autoridades les conviene que siga habiendo dos alardes, que “se dé el punto de vista normalizador de las fiestas”. Y es que mientras haya “un Alarde discriminatorio”, apunta Briones, “la igualdad de hecho no se va a dar”. “El Alarde de Irun es una fiesta muy participativa y dejar al 50% de la población fuera de eso tiene unas implicaciones muy grandes en la convivencia”, asegura.

En la actualidad, los dos alardes, el mixto y el tradicional, que no permite a las mujeres desfilar como soldados, solo como cantineras, no se juntan y siguen sin tener relación. El tradicional es el que más público mueve, el que tiene una “fuerza simbólica”, y el único que es recibido por el alcalde de la ciudad.

Para que esta situación cambie “hace falta alguien valiente que tome una decisión, un líder político que entienda que este tema afecta directamente a la convivencia de Irun y a la igualdad entre hombres y mujeres, que no se puede estar trabajando por la igualdad sin agarrar este toro por los cuernos”, indica Briones, que cree que “la mayoría de Irun está preparada para el cambio”. “Espero que mis hijos no tengan que ver muchos años más dos alardes y que se llegue al Alarde único”.

Elizondo, por su parte, tampoco pierde la esperanza: “El Alarde que seguirá en el siglo XXII va a ser en el que participen todas las personas en igualdad de condiciones”.

etiquetas: irun, alarde


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