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Un nombre a recordar

Rafael Aguirre Franco - Martes, 19 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Hace unos días publicó Iñaki Aguirregomezkorta en este espacio unas líneas de elogio sobre el exalcalde donostiarra Ramón Labayen. Me uno a ellas señalando su larga trayectoria política, iniciada como responsable de Cultura y Turismo en la comisión gestora, aquel primer Ayuntamiento de la democracia. Elegido consejero para la misma área en el Gobierno Vasco de Garaikoetxea, desarrolló una inapreciable labor en el desarrollo del euskera, en la puesta en marcha de la televisión vasca o en la fundación de la Orquesta de Euskadi, siempre buscando que Donostia fuera el emplazamiento de todas estas instituciones. En 1983 fue elegido alcalde de San Sebastián y durante cuatro años reinó absolutamente en la ciudad manejando a la oposición como apacibles corderos. Quiso recrear la corte de la Regencia en la conflictiva ciudad de entonces, recuperando los aires de la Belle Époque. Recordemos, entre tantos, el caso del Hotel María Cristina, para el que se presentaron muchas alternativas, como su venta a El Corte Inglés, su habilitación como oficinas del gobierno central o para servicios sociales de la ciudad, sin que Ramón Labayen cejara en su empeño de transformar el vetusto edificio en un cinco estrellas de lujo. Y la recuperación del Palacio de Aiete, convertido en residencia para los visitantes ilustres de la ciudad.

Ramón Labayen, que se expresaba con la misma fluidez en castellano, euskera, francés, inglés e italiano, (qué ejemplo, señores), abrió la ciudad al mundo con múltiples iniciativas. En su tiempo se iniciaron los hermanamientos (Wiesbaden, Trento, Plymouth, Reno), desgraciadamente dejados hoy de lado. Recuerdo la Semana Grande de 1984, cuando el Lord Mayor de esta ciudad inglesa, Peter Witfield, quedó asombrado de la acogida que se le dispensó en Donostia, y que él devolvió al año siguiente con un suntuoso recibimiento a la delegación donostiarra a cargo de los Royal Marines. En este viaje, recorriendo el Museo Naval de Plymouth, Labayen, de dilatada cultura, no tuvo empacho en corregir al guía con detalles precisos, circunstancia que recuerdan bien los concejales de la época que le acompañaron.

En su tiempo, el Festival de Cine recuperó la máxima categoría, se afianzaron el Jazzaldia, la Quincena Musical y la Semana Grande. Los carnavales vivieron momentos de gloria. Las grandes estrellas de la música actuaban en el velódromo. Las tamborradas desfilaban con uniformes por él diseñados. Casi un centenar de barcos competían en la regata Plymouth-San Sebastián. Y ello con la ciudad atormentada por la violencia de todos los atardeceres y su imagen deteriorada por el conflicto permanente. Pero Labayen tenía domesticados hasta a los incorruptibles de Bai-baiua. Ramón Labayen, un nombre a recordar, precisamente el que la ciudad necesitó en aquel momento.


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