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Donostia, torre de Babel turística

Las visitas turísticas a la capital guipuzcoana también se pueden desarrollar en holandés, japonés, ruso, noruego, sueco y hebreo, entre otras muchas lenguas, de la mano de cicerones internacionales que dan a conocer la ciudad y sus costumbres

Un reportaje de Carolina Alonso. Fotografía Gorka Estrada - Domingo, 17 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Una guía japonesa muestra a sus compatriotas las huellas de la Guerra Civil en el hotel María Cristina.

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Una guía japonesa muestra a sus compatriotas las huellas de la Guerra Civil en el hotel María Cristina.

Donostia puede ser visitada en muchos idiomas y para enseñar los recovecos de la ciudad y dar a conocer las costumbres locales hay guías turísticos que trabajan en idiomas que no son los más habituales. Yumi Oyama lo hace en japonés, Wilma Roobol en holandés, Yarderna Yehezel en hebreo y Jakob Wilhemn Aarsheim en noruego y sueco. También los hay que trabajan en italiano, ruso, alemán, chino o coreano. Los cicerones multilingües no solo dirigen a los grupos de visitantes por las calles y paisajes de Donostia sino que son capaces de traducirles las realidades culturales locales que muchas veces son el aliciente principal para los viajeros de distintos orígenes.

Esta es una de las tareas, por ejemplo, de la israelí Yarderna Yehezel, que reconoce que en su país “la mitad de la gente no tiene ni idea de lo que es el País Vasco”. Esta mujer originaria de Tel Aviv y casada con un alemán que trabaja como investigador en Donostia ejerce esporádicamente de guía turística cuando alguna familia de su país llega a Donostia. A Gipuzkoa no llegan grandes grupos de israelíes, pero de vez en cuando recala alguna cuadrilla, de alto nivel adquisitivo y ávida de conocer culturas diferentes. “En Israel, España es Madrid y Barcelona, pero muchos ya están cansados de esas ciudades y buscan conquistar cosas nuevas”, explica. “El paisaje, tan verde, y la cultura vasca les resultan muy interesantes y les llaman mucho la atención”, destaca esta acompañante, que añade que la gastronomía es uno de los fuertes de Donostia, que sirve de reclamo también en el estado hebreo.

No obstante, las restricciones del judaismo generan dudas a algunos israelitas frente a las barras llenas de pintxos. “Les gusta la gastronomía pero en los pintxos se decantan generalmente por los vegetales, la tortilla de patatas o los dulces, dice Yardena, que alguna vez ha tenido que explicar qué llevan los alimentos para saber si son kosher (permitidos por la religión).

La comida es también uno de los hilos conductores de la presencia creciente de grupos de japoneses, que llegan a Donostia para conocer los restaurantes más renombrados y empaparse de la cultura local. Yumi Oyama se ha convertido en donostiarra tras conocer en Tokio a su marido hace 25 años, cuando él trabajaba en una empresa de importación de vinos. La pareja reside en Donostia desde hace doce años y en los últimos tiempos el trabajo de Yumi como guía para sus compatriotas ha ido en aumento. “Empecé hace tres o cuatro años con poco trabajo pero cada vez hay más”, señala. La acompañante de grupos de turistas recalca que, además de disfrutar de sociedades gastrómicas y restaurantes, contemplar los puestos de pescado de la Bretxa son uno de los placeres que más agradan a los grupos de nipones. “Tenemos algunas coincidencias, como que tanto a los vascos como los japoneses nos gusta comer pequeñas porciones -allí son platillos y aquí los pintxos- pero lo que no se hace allí, en general, es ir a un bar y tomar un pintxo y un vino, y luego ir a otro bar y hacer lo mismo. Lo normal es tomar varios platillos en un mismo lugar”, explica la experta.

Japoneses

Aunque el pescado está muy presente en las culturas vasca y japonesa, la forma de comerlo “es muy diferente”, recalca la guía. “La salsa verde les gusta mucho, pero comen un poquito porque les puede resultar algo pesada;allí el pescado se come crudo o a la parrilla, pero sin aceite”.

Muchos de los japoneses que viajan hasta Donostia pertenecen a la sociedad acomodada y la cesta de la compra en Japón es cara. A pesar de ello, el precio de la comida no les resulta barato en la capital de Gipuzkoa. “Allí se puede comer muy bien por cinco euros y en Donostia por ese precio no es fácil almorzar”, señala esta donostiarra de adopción, que siempre programa para sus clientes una visita por La Concha, el Buen Pastor y la Parte Vieja, pero no deja nada a la improvisación, como gusta a sus compatriotas.

“Estoy muy contenta y muy orgullosa de enseñar a mis paisanos mi ciudad de adopción”, recalca la guía, que asegura que las voces contra el turismo no se dejan escuchar cuando recorre la ciudad con sus clientes de rostro asiático. “Todo lo contrario, la gente es muy cariñosa y agradece que los japoneses sean cuidadosos y educados”, dice esta profesional del turismo.

La cultura vasca, con manifestaciones como la pelota a mano o a pala, las regatas de traineras o las fiestas, como la de San Sebastián, son las sorpresas que más llaman la atención a los viajeros holandeses que recalan en Donostia. Así lo asegura la guía holandesa Wilma Roobol, que llegó a Donostia por amor y se ha quedado aquí a vivir con su marido y su hijo, nacido en la capital guipuzcoana. Para Wilma, la tarea de guía turística es esporádica y supone un añadido más a su trabajo. Aunque los holandeses hablan generalmente inglés, y pueden apuntarse a cualquier visita en la lengua de Shakespeare, el poder conocer la capital guipuzcoana en su propio idioma es muy apreciado por quienes pueden hacerlo.

La holandesa explica que el paisaje es uno de los principales atractivos de quienes llegan de los Países Bajos, muy llanos, y que suelen quedar muy sorprendidos tanto con las vistas desde Igeldo como las que se aprecian desde la bahía. La coqueta isla de Santa Clara también gusta mucho a los europeos del norte, que empiezan a disfrutar de los placeres de la buena mesa compartida, dice Wilma. “Incluso ahora, en Holanda, la gente empieza a quedar para cocinar juntos y comer, como en las sociedades gastronómicas, aunque todos mezclados, hombres y mujeres, ¿eh?”.

Más al norte, quienes vienen de Escandinavia también puede conocer Donostia y Euskadi en los idiomas sueco y noruego, que domina Jakob Wilhelm Aarsheim. El sueco dejó la vida de periodista deportivo para pasar tres meses en Donostia y terminó quedándose en la ciudad y dedicándose al turismo. Muy aficionado al deporte, Jakon, natural de Gotenburgo, cree que el turismo en las calles de Donostia “se ha masificado mucho”, aunque tiene la suerte de que los escandinavos viajan más en primavera y otoño para poder disfrutar del verano en su tierra. “Por eso me libro de la masificación”, dice el profesional, que se ocupa también de grupos de aficionados al monte, la bici o el surf por toda Euskal Herria.

Para el sueco, que aboga por un turismo sostenible, “el Ayuntamiento debería limitar la apertura de hoteles para evitar la masificación y poner menos pegas a los pequeños”. Se queja de que, por ejemplo, organizar un evento frente a una tienda puede suponer un problema mientras que, a su juicio, la avalancha de alojamientos turísticos no tiene freno. Como otros guías, Jakob destaca que el ambiente de las calles y la cultura local son los atractivos que más llaman a la atención a los escandinavos. Y también él que, por ahora, no piensa volver a vivir en su país.


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