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Gipuzkoa se va de marcha

Los pueblos del territorio ya están listos para acoger sus fiestas patronales, que siguen respetando la tradición, aunque no se olvidan de la innovación y de las demandas de los jóvenes, ávidos de más horas de música y juerga.

Un reportaje de Ruth Gabilondo - Domingo, 17 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Decenas de jóvenes disfrutan del txupinazo de las fiestas de madalenas en Errenteria.

Decenas de jóvenes disfrutan del txupinazo de las fiestas de madalenas en Errenteria. (Foto: Iker Azurmendi)

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Decenas de jóvenes disfrutan del txupinazo de las fiestas de madalenas en Errenteria.

“Ordizia es un pueblo bastante tradicional en cuanto a fiestas, bailes y a la tamborrada” “En verano podemos llegar a hacer unas 10.000 o 12.000 raciones de paella en las fiestas” “Las comidas populares suelen ser a mesa puesta. Es montar un restaurante en el pueblo” “En el ambiente que me muevo, cumplimos con las tradiciones y en Gipuzkoa se respetan” “Hace tiempo le dimos un buen meneo a la comparsa y tenemos una muy buena acogida” “Ahora triunfan todas las barracas que le ponen a uno boca abajo. Todo a lo grande”

el pistoletazo de salida será San Juan y sus hogueras y, a partir de ahí y hasta septiembre, Gipuzkoa será una fiesta. Los pueblos de todo el territorio se llenarán de gente con ganas de pasárselo bien y de disfrutar tanto del día como de la noche.

Y es que ya está prácticamente todo preparado, la música, atracciones, bailes, comidas populares e, incluso, las vaquillas contratadas para iniciar una festiva época estival. Los ayuntamientos elaboran el programa durante todo el año y tratan de compaginar la tradición, “muy importante y que se mantiene en Gipuzkoa”, con las nuevas demandas de la juventud, que siempre pide “más horas de música y más decibelios”, afirma la concejala de Fiestas del Ayuntamiento de Ordizia, Arantxa Fernández.

El presupuesto más importante de un Consistorio como el de Ordizia va a parar a los grupos de música y baile, así como a las actividades que se organizan para animar a la ciudadanía. Y, desde hace años, a las fiestas se ha sumado un nuevo concepto, el de igualdad, con la participación de las mujeres en actividades que antes eran exclusivas de hombres.

Aunque la religiosidad a nivel general ha perdido importancia, en muchos pueblos se conserva esta tradición, así como todo lo relacionado con el folclore. “Ordizia es un pueblo bastante tradicional en cuanto a fiestas, bailes y tamborradas”, afirma Fernández, que todos los años se reúne dos veces con los jóvenes para analizar las fiestas del año anterior y recoger sus demandas de cara a las actuales.

Los jóvenes son uno de los grupos que más disfrutan de las fiestas, en este caso a altas horas de la madrugada. “Para ellos, decirles que a las 8.00 horas cortamos la música en la matutina es una queja, porque hasta las 9.30 horas no empiezan las vaquillas en la plaza de toros”, afirma la concejala de Ordizia, que insiste en que el diálogo y la participación es vital para lograr unas fiestas a gusto de todos.

Y es que una de las transformaciones más importantes que han experimentado las fiestas de los pueblos guipuzcoanos tiene mucho que ver con la noche, con verbenas que se alargan hasta la hora del desayuno y jóvenes que se resisten a abandonar las calles.

“Todo a lo grande”

Esta evolución también se ve perfectamente en las atracciones de feria, que se han ido adaptando a los nuevos tiempos y a las exigencias de adrenalina, diversión y, por supuesto, de seguridad. Hace 20 años, los niños se entretenían en el tiovivo o en el baby, que contenía una carroza o un autobús de bombero. Los adultos se sorprendían en las pequeñas norias, el famoso girasol, el balancé, o en la estrella de las atracciones de feria, los autos de choque. “Antes, muy pocos podían conducir y era algo impresionante. Ahora, cada vez hay menos y se utilizan para chocar y competir, no para conducir”, explica Arantxa Oyarzábal, presidenta de la Asociación de Feriantes Autónomos de Euskadi (Afade).

Después, llegó el Látigo, un coche enganchado que en la curva daba un latigazo y, de pronto, en diez años, se dio “un salto enorme”. En las ferias se empezaron a instalar los zig-zags, los dragones, las grandes norias o la montaña rusa. Y de ahí al Monster y a todas las barracas que le ponen a uno boca abajo. “Todo a lo grande”.

Afade, que cuenta con 200 socios en Euskadi que tienen unas 700 atracciones, ya está preparada para las fiestas guipuzcoanas. Montará ferias en Eibar, Hernani, Irun, Errenteria y Donostia, entre otros pueblos. “El verano es nuestra época fuerte”, afirma Oyarzábal. Los feriantes pasarán cuatro meses fuera de sus casas, viviendo en sus caravanas, cada vez más modernas, algunas incluso con sauna. Oyarzábal destaca también cómo ha evolucionado la seguridad de las barracas, que pasan “continuas ITV” y que tienen todas las garantías para el disfrute de niños y mayores. “Las medidas de seguridad se comprueban cada vez que se monta y se desmonta la atracción, aunque vayamos al barrio de al lado”, señala.

De la paella a la chuleta

Además de las atracciones, una fiesta que se precie debe contar con comidas populares, cada vez más extendidas en el territorio guipuzcoano. Contratadas por los propios ayuntamientos o por las comisiones de fiestas, los vecinos se dan cita bajo una carpa para disfrutar juntos de una buena comida.

José Ignacio Atorrasagasti, de la empresa EuskalParrilla, recorrerá a partir de ahora gran parte de Gipuzkoa con su parrilla y sus productos Eusko Label y sus pescados comprados en Getaria, directamente del barco. “El verano se nos presenta bastante bien. Ya tenemos una veintena de fiestas para hacer”, afirma Atorrasagasti, a quien le contratan un año antes de las fiestas.

Ha llegado a montar una parrilla para unas 700 personas. “Ves la comida sin hacer, haciéndose y hecha, porque no llevamos comida elaborada, todo lo hacemos al momento”, explica. El menú, compuesto de chuleta o rape, asciende a 20 euros por persona, mientras que el de ensalada y pollo cuesta 15 euros. “La mayoría de las comidas populares son ahora a mesa puesta, con mantel. Como un restaurante, pero montado en el pueblo. A la gente le encanta”, asegura este empresario.

Quien también cocina “siempre en directo” es Agustín Serre, de Ilovepaella.com. Ahora que llega la temporada “fuerte”, hacen “todo lo que pueden” en Gipuzkoa, en lugares como Hernani, Errenteria, Irun, Donostia, Urnieta, Andoain, Zizurkil o Aretxabaleta. Allí preparan sus paellas y fideuas, un mínimo de 50 raciones.

“Cada vez triunfan más estas comidas populares. Nosotros siempre hemos ido a más, siempre hemos tenido más servicios que el año anterior”, indica Serre. En verano esta empresa puede llegar a hacer unas 10.000 o 12.000 raciones de paella, 15.000 en todo el año.

Buscar la participación

Para bajar la comida, qué mejor que una buena txaranga para recorrer el pueblo durante las fiestas. Estas también se han modernizado y ahora lo que triunfan son las electrotxarangas, con música potente, que tocan rock vasco, y que van animando a la ciudadanía, sin necesidad de un escenario. Se colocan fuera de los bares o en la zona de txosnas y crean “más participación entre la gente, sobre todo la juventud”.

“En las fiestas guipuzcoanas suele haber un buen ambiente en general con nosotros. Solemos tocar unas dos horas y media, aunque normalmente como somos unos golfos, se nos suele alargar”, se ríe Julen Mendikute, trombonista de la Electrotxaranga Eonian.

El verano “viene calentito” para esta agrupación de Añorga. “Tenemos una larga lista de conciertos en Gipuzkoa”, afirma Mendikute. “Cualquiera que quiera montar un poco de fiesta, nos llama”.

Mendikute corrobora que “desde hace unos años” se ha empezado a llevar la contratación de las electrotxarangas, “un grupo que en lugar de tocar sobre el escenario, va con sus guitarras eléctricas, bajos eléctricos y amplificadores, moviéndose por todo el pueblo”.

Así, el ámbito musical también ha experimentado una gran evolución, pero en Gipuzkoa “se sigue respetando la tradición”. Iñaki Letamendia, director de la Banda de Txistularis de Tolosa, asegura que la música tradicional, así como los bailes o los deportes tradicionales, se cuidan mucho en las fiestas de los pueblos, especialmente en las patronales.

Letamendia lleva tocando en esta banda 48 años y se emociona al hablar del programa que tiene la banda el próximo día 24, para las fiestas de San Juan en Tolosa. Comenzará a tocar a las 7.00 horas en las puertas de las casas de los concejales y de la alcaldesa, les acompañará hasta la misa mayor y, junto a sus cinco compañeros, no parará hasta las 21.00 horas.

“En el ambiente que me muevo yo, cumplimos con las tradiciones”, afirma este hombre, que sin embargo reconoce que las fiestas cada vez son menos religiosas y la noche ocupa una gran parte de la diversión.

En este sentido, recuerda cómo antiguamente salían con el txistu por la noche, iban a los bares, en los que no había “ni bafles, ni altavoces, ni reguetón”, tocaban y montaban “unas fiestas monumentales”. “A la gente le encantaba y eso ahora es impensable”, indica con cierta pena Letamendia.

Los que siguen triunfando en todas las fiestas guipuzcoanas son los gigantes y cabezudos, que llaman “muchísimo” la atención de los más pequeños y siempre tienen “un montón de gente detrás”, afirma Edurne Rodríguez, de Debako Erraldoiak, que pasa las fiestas de la localidad “a tope”, cumpliendo “con todas las salidas”.

“Hace tiempo le dimos un buen meneo a la comparsa, hicimos gigantes y cabezudos nuevos, y tenemos una muy buena acogida, es una pasada”, insiste Rodríguez, que disfruta viendo cómo los niños entregan su chupete a uno de los gigantes y este les regala un Chupa Chups. “Es toda una ceremonia cuando dejan el chupete. Se ha convertido en algo tradicional”, señala.

Así, mientras las ganas de fiesta van en aumento en todo el territorio guipuzcoano, todos los que llevarán la diversión y las actividades a los distintos pueblos ultiman los detalles para hacer de este un verano inolvidable.


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