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El ciclista de Zumarraga que triunfó en Europa del Este

El zumarragarra Juan José Moral es el único ciclista vasco que ha ganado una etapa en la Carrera de la Paz, prueba que organizaban los países del bloque comunista. También fue olímpico en Montreal 1976.

Un reportaje de Asier Zaldua - Domingo, 10 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h

Entrando en meta, como ganador de la segunda etapa de la Carrera de la Paz de 1975.

Entrando en meta, como ganador de la segunda etapa de la Carrera de la Paz de 1975.

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Entrando en meta, como ganador de la segunda etapa de la Carrera de la Paz de 1975.

Durante los años del Telón de Acero, un gran hermetismo rodeaba todo lo relacionado con los países del bloque comunista. No eran muchos los que tenían ocasión de entrar en los países de Europa del Este. Uno de ellos fue el ciclista zumarragarra Juan José Moral. En 1975 corrió la Carrera de la Paz (el Tour de Francia de los países del Este) y se impuso en la segunda etapa. La meta estaba situada en el estadio de la ciudad de Gera y miles de personas fueron testigos de su logro. Un año después volvió a coincidir con los ciclistas del bloque comunista, en las olimpiadas de Montreal. La vida de Moral, al igual que los países comunistas en su día, está envuelta en un halo de misterio: fue un gran ciclista, pero poca gente en Urola Garaia recuerda sus hazañas y jamás ha recibido un homenaje.

El único ciclista vasco que ha ganado una etapa de la Carrera de la Paz reside en el barrio Eitzaga de Zumarraga, pero nació en Villamayor de los Montes (Burgos) en 1951. Cuando tenía 6 años perdió a su madre y con 14 a su padre. Sus cuatro hermanos vivían en Euskadi, por lo que se vino aquí. Empezó a trabajar en la empresa Patricio Echeverría de Legazpi, pero le gustaba tanto el ciclismo que dejó el trabajo por la bicicleta. “Empecé a correr con 18 años, en juveniles. En la tercera o cuarta carrera ya quedé entre los tres primeros. Andaba bien. Al principio compaginé el trabajo con el ciclismo, pero quería dedicarle más tiempo a la bicicleta para saber hasta dónde podía llegar. Le pedí al encargado que me pusiera a relevos, no quiso y se me cruzó el cable: dejé el trabajo. Fíjate qué inconsciente fui... Fueron años duros, pues vivía con una hermana y bastante tenía ella con sus problemas. Yo vivía de los premios que me daban por ganar carreras”.

Como se verá más adelante, la mala suerte le impidió pasar a profesionales, pero pocos pueden presumir de un palmarés mejor que el suyo en aficionados: campeón de España en 1971, preseleccionado para las olimpiadas de Múnich 1972, mundialista en Montreal 1974, olímpico en Montreal 1976, campeón de España contra el crono en 1976... Además, participó en un Giro de Italia para aficionados y fue cuarto en la Vuelta a Suiza de 1976.

Gran rodadorEra un gran rodador. Un rara avis en el ciclismo vasco de aquella época. “Era muy potente. Me defendía en todos los terrenos. Los últimos años no me quedaba en ningún sitio. No llegaba el primero a la pancarta de montaña, pero sí entre los cinco primeros. Y tenía punta de velocidad. Pero lo que más me gustaba era los abanicos. Rodaba como una moto. Si llego a nacer más tarde...”.

La gran victoria de su vida fue la segunda etapa de la Carrera de la Paz de 1975. “Participaban los mejores corredores del bloque comunista. En aquellos países no existía el deporte profesional, pero andaban tanto o más que los profesionales. Los mejores tenían 28-30 años y las olimpiadas y los mundiales de aficionados los ganaban siempre ellos”.

La Carrera de la Paz de 1975 constó de 13 etapas y casi 2.000 kilómetros. Salió de Berlín y finalizó en Varsovia, pasando por Praga. La general la ganó el polaco Ryszard Szurkowski. “Se corría en mayo y allí todavía hace mucho frío en esa época de año. La carrera me llegó un poco pronto, pues yo empezaba a rendir en junio. En invierno tenía que trabajar, para salir adelante. En la primera etapa lo pasé mal, porque se andaba muy deprisa. En la segunda me sentí fenomenal y todo el rato anduve delante. Hubo un montón de ataques y, a falta de cinco kilómetros, ataqué. Rusos, checos, polacos... se marcaban entre ellos y llegué a meta. En alguna otra etapa quedé entre los cinco primeros y en la general quedé el decimocuarto o decimoquinto. Fui el mejor de la selección española”.

Olimpiadas Moral también puede presumir de haber participado en unas olimpiadas. “Le estoy muy agradecido al seleccionador, Ramón Mendiburu, pues solo fuimos cuatro. Dos años antes, en aquel mismo circuito, corrí el mundial. Participar en unas olimpiadas es algo muy grande: el ambiente de la villa olímpica, la posibilidad de acceder a todas las competiciones... A mí me gustaban mucho el boxeo, el baloncesto y la halterofilia. También me gustaba ver qué comían los demás deportistas”.

En el mundial se cayó, pero en las olimpiadas anduvo en la pomada. “Vi cómo se formó la escapada buena, la cabeza me decía que era el momento de darlo todo, pero me fallaron las piernas. A pesar de ello, llegué entre los 30 primeros”.

En el mundial, en las olimpiadas, en el Girino... corrió con algunas leyendas del ciclismo. Por ejemplo, Peter Thaler y Sean Kelly. En la Vuelta a Irlanda, Moral quedó segundo, por delante de Kelly. Además, en el mundial de Montreal coincidió con su ídolo Eddy Merckx en el aeropuerto. Aquel mundial lo ganó el belga. Quién sino.

Mala suerte Él también podía haber llegado a hacer carrera en el profesionalismo, pero tuvo mala suerte. “En 1976 firmé con el SuperSer, que tenía también equipo profesional. En él corrían Luis Ocaña y Agustín Tamames, pero en el Tour de 1976 surgieron algunos problemas y a finales de aquel año se deshizo el equipo profesional. 1976 fue mi mejor año y no me sirvió de nada. Hasta aquel año había corrido en el OLSA, una especie de filial del Teka, pero como el año anterior les había dejado, no me llamaron para pasar a profesionales. Tamames estuvo a punto de sacar un equipo, llegué a estar concentrado en Benicassim, pero no salió. Decidí dejar el ciclismo”.

No tuvo ocasión de correr en profesionales, pero en aficionados consiguió algo que no logró ni el mismísimo Miguel Indurain (aunque lo intentó en 1984): ganar una etapa del Tour de Francia de los países del Este y poner en pie un estadio de un país del bloque comunista.

Juan José Moral se defendía en todos los terrenos, tenía una buena punta de velocidad y le encantaban los abanicos

En la Vuelta a Irlanda de 1976 ganó una etapa y quedó segundo en la general, por delante de Sean Kelly


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