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A través del espejo

¿Y si la tecnología no fuera la clave?

Por Jon Aldazabal - Sábado, 2 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:04h

Bio, nano, nuevos materiales, robótica, fabricación aditiva, inteligencia artificial e internet de las cosas, realidad virtual y aumentada, Big Data, sistemas embebidos, etc. La lista da para rato. A día de hoy ¿cuántas empresas están rentabilizando su esfuerzo en estas tecnologías? Alguien dirá que pasar “el algodón de la verdad” a tecnologías embrionarias aún en fases tempranas de desarrollo resulta injusto y precipitado. Ese alguien nos explicará que toda tecnología experimenta su propia “curva de adopción por parte del mercado”, y que es conveniente realizar apuestas con carácter previo y así estar en buena posición para cuando haga falta. Sin duda, un razonamiento difícil de rebatir. Pero ¿cómo podemos estar seguros de que no estamos confundiendo el medio con el fin? Porque digo yo que estaremos de acuerdo en que una cosa es una tecnología, y otra un negocio sostenible capaz de generar ingresos recurrentes y rentabilidad a lo largo del tiempo, ¿verdad?

No creo que la apuesta en el desarrollo tecnológico sea mala. Tiene toda la lógica en un entorno industrial como el nuestro. Mala no, pero me parece coja. Coja porque incita a seguir con el típico cliché de “vamos a desarrollar esto, que luego los/as de ventas ya lo colocarán, que para eso tienen buena labia y les pagamos”. Luego desde la parte comercial, como a ninguna persona que se dedique a relacionarse con clientes le hace daño ofertar más especificaciones, pues todos/as contentos. Las otras son “los alemanes ya lo están haciendo” o “la competencia está en ello”. En realidad no son clichés, sino comportamientos derivados de un paradigma de tipo de empresa que arrastramos, y que si de verdad queremos subir de nivel, debemos superar. ¿Será porque aún nos queda ese reducto de haber sido los fabricantes de bajo costo de alemanes y franceses? ¿O porque en el fondo sabemos que si hemos progresado ha sido porque hemos tenido un pedido en firme que nos ha hecho movernos, y no por una decisión propia de avanzar?

Quizás, en lo que es conveniente apostar es en cambiar ese paradigma dando la importancia que se merece a la innovación no tecnológica. Para muestra un botón. Nuestras organizaciones se basan en la estructura funcional y especialización de tareas instaurada por Taylor en los años 1890-1900, la gestión económico financiera rara vez pasa de los presupuestos, balances, PyG y cálculos de rendimientos que introdujo la multinacional DuPont en 1903. En algunas organizaciones han emulado a los centros de I+D que instauró General Electric a comienzos del siglo XX. Del marketing y gestión de marca parece que solo nos acordamos de la parte de publicidad y promoción, y visto lo visto, uno de los mayores avances organizativos, relacionado con la gestión de la calidad y su interesante gestión por procesos, parece que en muchas organizaciones queda más como membrete que como un enfoque que haya cambiado la forma en la que se funciona.

¿Y las personas? Pues será una generalización, pero básicamente palo y zanahoria por doquier. Que la tecnología está transformando nuestras vidas es un hecho, pero la capacidad de diseñar y mantener en el tiempo la forma en la que se puede mantener una actividad empresarial estable, rentable y adaptable es una necesidad tanto o más importante que la del desarrollo tecnológico.

Al final, lo que hace que alguien esté dispuesto a poner dinero encima de la mesa por alguna nueva oferta es algo que va mucho más allá que las especificaciones técnicas. Por ello es fundamental dar mayor importancia y entender que en lo que verdaderamente es conveniente innovar es en modelos de negocio y en el cambio cultural que ello implica. Innovar en la gestión de personas y su participación en el desarrollo de soluciones, en resultados de las organizaciones donde trabajan y en la propiedad de las mismas. En esa transformación cultural basada en el empoderamiento y desarrollo de equipos, en las formas de organización y relación con los clientes, en estudiar y aplicar diversas formas de generar ingresos, etc.

La tecnología es la herramienta que posibilita ofrecer soluciones. Es fundamental. Pero ojo, que corremos el riesgo de que se convierta en el árbol que no nos permita ver el bosque, en pensar que el medio puede resultar un fin en sí mismo.

Al final, son los modelos de negocio los que son capaces de conectar el potencial que puede tener una tecnología con una necesidad o demanda por la que un grupo de clientes esté dispuesto a pagar. La tecnología, por sí misma, ni es suficiente, y salvo excepciones, no es la clave, ni la mejor forma de mantener la diferenciación en el mercado.


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